El estomago

La digestión comienza cuando se huele una comida y se nos hace agua la boca. La saliva contiene enzimas digestivas que reducen rápidamente los carbohidratos, como los cereales, las frutas y las levaduras. Las proteínas requieren enzimas más fuertes y más ácidas, que se encuentran en la bolsa del estómago. Es necesario masticar bien los alimentos para ayudar a su digestión, así como es preciso comer sentados y erguidos para darle espacio al estómago.

El estómago es la zona más ácida del organismo ya que segrega ácido clorhídrico. Las drogas, los fármacos (la aspirina, por ejemplo), el tabaco, el alcohol, el estrés, aumentan la fuerza de estos ácidos y son negativos para la digestión en general. El sistema inmunológico empieza a operar desde el estómago eliminando todos los agentes nocivos. Las grasas, los aceites, las vitaminas y los minerales se digieren a partir del duodeno, en el intestino delgado. Las comidas pesadas, grasosas y con muchas proteínas pueden demorar hasta 6 horas en digerirse. La energía que consume este trabajo es lo que provoca la somnolencia típica después de una comilona.

Los problemas estomacales, como es de suponer, se solucionan a partir de una dieta adecuada. El estómago es una metáfora de vitalidad y aceptación. "Hay que tener estómago", se dice de las personas que pueden absorber y digerir cualquier tipo de comida, así como cualquier situación difícil de la vida. El estómago recibe asimismo impresiones que vienen desde afuera y esto requiere capacidad de entrega y de absorción para que no quede "un peso en el estómago". La agresividad de los ácidos estomacales debe ser controlada para que su exceso no produzca úlceras ni llagas internas. El horario en el que el estómago tiene mayor cantidad de energía es entre las 7 y las 9 de la mañana. Por esto muchos nutricionistas insisten en que el desayuno es la comida más importante del día.

La medicina china opone a los ácidos estomacales los azúcares pancreáticos, como si se debiera encontrar el equilibrio entre ambos. La presencia excesiva de cualquiera de los dos puede "amargar" la vida.

  • Fuente: Andrés Percivale, El yoga de las 4 estaciones. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2001.
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