El Hígado y la vesícula biliar

El hígado es la glándula más voluminosa y de mayor temperatura del cuerpo. Está situado en la parte superior derecha del abdomen, debajo del diafragma. Es un laboratorio químico que, entre otras cosas, fabrica la bilis, esencial para procesar especialmente las grasas y acelerar la evacuación intestinal. También neutraliza las sustancias tóxicas del organismo y las expulsa del cuerpo.

Si se extirpa hasta un 40 por ciento de su volumen, recupera su peso inicial en cuatro meses. Las más de quinientas funciones distintas que realiza (hoy se asegura que son mil) las cumple con el mismo tipo de células, como si se tuviera a mil individuos iguales pero con diferentes entrenamientos. Lo que cambia no es la célula sino la información sobre la que debe hacer. Esto explicaría, en parte, su sorprendente capacidad para regenerarse.

La mejor forma de cuidarlo es la moderación. El hígado está en su plenitud genética entre la 1 y las 3 de la madrugada y la vesícula biliar entre la 23 y la 1. El aporte sanguíneo adecuado a cada órgano depende no sólo del corazón sino también del hígado, que es como el sol interno de nuestro cuerpo, de nuestro microcosmos. Sin él no hay vida, pues posee la exclusiva capacidad de convertir las proteínas vegetales y animales en humanas, siendo este un paso cualitativo. Los árabes creían que el alma se encontraba en el hígado; los ojos, a los que se abre el hígado, son las ventanas del alma, sostenía Shakespeare. El hígado y la vesícula biliar están ligados a la primavera y, como veremos, a la ira, la cólera, la depresión, la esperanza y la envidia. Su elemento es la madera y su expresión, el grito.

Cuidado del hígado en primavera:

Aquí le damos algunas sugerencias sencillas para restaurar el hígado y ayudarlo a que siga haciendo las tareas que debe cumplir. Usted no tiene un cuerpo como se tiene un auto o un aparato. Usted es su cuerpo. Pruebe, experimente, sienta las diferencias y decida por usted mismo.

AYUNO

Indudablemente, el ayuno es el medio más efectivo para realizar la limpieza de nuestro organismo, porque cuando no ingerimos alimentos sólidos, las enzimas que habitualmente participan del proceso de digestión atacan los desechos que se encuentran en nuestro interior. Además, con el ayuno se produce:

  • un descanso para los órganos internos del cuerpo;
  • el equilibrio de la química de la sangre;
  • mayor claridad mental y espiritual;
  • la desaparición de la ansiedad por drogas;
  • la eliminación del sobrepeso.

Para que el ayuno tenga eficacia y no atente contra la salud es necesario realizar algunos preparativos sencillos pero esenciales. Hay que limpiar los intestinos mediante enemas o laxantes suaves, para no sufrir dolores de cabeza; abrir los poros de la piel mediante baños de vapor y masajes con una esponja vegetal; tomar abundante agua y té de hierbas.

Luego, es preciso ir adentrándose en el ayuno poco a poco, para que el cuerpo no sufra ningún trastorno brusco. Los cambios repentinos nunca son saludables.

Para ello, se irán aligerando las ingestas progresivamente. En primer término se pueden eliminar las carnes, los dulces y toda clase de panificados. Es decir que se consumirán cereales, frutas, legumbres y verduras. Luego, se pueden suspender los cereales y las legumbres y, finalmente, las verduras y las frutas.

Durante el ayuno propiamente dicho sólo se toma agua. Lo aconsejable es comenzar por períodos cortos, a fin de acostumbrar al organismo. Diríamos que los ayunos de uno o dos días son los ideales, porque cumplen la función de limpieza y, en general, no provocan malestares ni bajas bruscas de peso.

Mientras se extiende el ayuno es aconsejable realizar ejercicios físicos y caminatas, a fin de facilitar la eliminación de los desechos.

Así como es indispensable preparar el cuerpo para que deje de recibir alimentos, el regreso del ayuno también debe ser progresivo. Se comienza con la ingestión de alimentos fáciles de digerir y ricos en fibras para su mejor evacuación. Se sorprenderá de lo delicioso que sabe la comida más sencilla.

MONODIETAS

No a todos nos seduce la idea del ayuno. Para algunas personas es una práctica demasiado drástica, o tal vez necesitan una preparación más prolongada hasta llegar a la suspensión completa de alimentos. En esos casos, las monodietas son un camino sumamente adecuado para comenzar la desintoxicación.

Las monodietas consisten en la ingestión de una sola clase de alimento durante uno o dos días. La elección de lo que se va a comer puede depender del gusto o también de la parte del cuerpo que se quiera mejorar, por ejemplo:

  • La manzana es adecuada para contrarrestar la acidez y las inflamaciones.
  • La uva negra, para los padecimientos del corazón.
  • El arroz integral es eficaz contra la artrosis.
  • El limón es excelente para la protección hepática.

El líquido adecuado para acompañar estas dietas es el agua, o en el caso de elegir una fruta, su jugo.

Y, en general, para cuidar el hígado:

  • Trate de suprimir el exceso de grasas de las comidas. Y si puede, aunque sea por un día, elimine el café, el cigarrillo y el alcohol. El café, en el trabajo, a veces es un pretexto para hacer un breve recreo. En ese caso, pruebe reemplazarlo por un té de hierbas;
  • Mezcle el jugo de un limón con una cantidad igual de aceite de oliva. Tómelo en ayunas y recuéstese durante media hora sobre su costado derecho. Coloque un almohadón debajo de la zona hepática para elevarla un poco;
  • Tome en ayunas el jugo de un limón con agua tibia. Trata de hacerlo al menos durante una semana, para desinflamar el hígado y la vesícula biliar;
  • Hierva seis alcauciles. Cuele el líquido, déjelo enfriar y bébalo durante el día. No es necesario que coma los alcauciles.

 

Fuente: Andrés Percivale, El yoga de las 4 estaciones. Grupo editorial Norma, Buenos Aires, 2001.

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