Lecciones de introduccion al psicoanalisis: VIII parte

Párrafos seleccionados de Masotta, O.: “Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan” 1ª ed. 7ª reimp. –Buenos Aires: Paidos, 2010.

III. Una maqueta del Complejo de Edipo:

Saussure llamo La lengua al sistema codificado de diferencias que permite que cada individuo particular hable. Distinguió entre lengua y habla. Porque El Habla es el acto concreto de hablar y La Lengua es el código del sistema. El significante por sí mismo no remite al significado, sino que en realidad remite a otros significantes y al sistema de las relaciones entre ellos. Por ejemplo, - (comió) no tiene nada que se parezca al pasado; salvo cuando nos ubicamos en el español y lo diferenciamos de –ía y –eré. Es un acuerdo, una convención de la lengua. Lo importante es que no hay nada en el significante que remita inmediatamente al significado. Solo hay relaciones de diferencia.

Lingüísticamente hablando, lo opuesto a la arbitrariedad seria la relación imposible, vertical, de “caballo” a caballo; pero no hay necesidad, sino una relación arbitraria. Lo contrario a la arbitrariedad, en lingüística, se llama motivación; esto significaría que puedo hallar un significante motivado por el concepto que nombra y que no podría ser ningún otro.

Lo que aparece entonces como primera idea de Lacan es que el significante está separado de su significado y con capacidad para significar a condición de estar en el sistema de los significantes. No puede pasarse directamente del significante al significado, hay una barra. Si prescindo de la barra, comprendo, en cambio si pongo la barra iré a buscar que se asocia con el significante, desconecto, para hacer aparecer otra cosa. Esto, aplicado a la sesión analítica, implica que cuando el paciente dice lo que dice, yo no entienda lo que dice; sino que estoy pensando con que otras cosas se asocia lo que ha dicho.

El esquema L (esquema en forma de Z) permite situar la relación de determinación inconsciente (La estructura determina, inconscientemente, el efecto). A la estructura –que representamos con la secuencia de las dos escenas, maqueta del complejo de Edipo- podríamos sustituirla, por medio de una convención, por A mayúscula. “A” es el famoso Autre (Otro) de Lacan. Cada vez que en su obra nos encontremos con el Otro (Autre), Lacan está hablando de tres cosas y de ninguna mas: ellas son: 1ª. Algo que tiene que ver con el padre, 2ª Algo que tiene que ver con la madre y 3ª Algo que tiene que ver con el complejo de Edipo en su conjunto. El punto 3 es el que representábamos con la maquetita (sobre el cuento de Poe), la secuencia de las dos escenas (E = A). Así, si la estructura determina el efecto, decimos que el Otro determina el efecto, entendiendo por Otro la maqueta del Edipo.

Al efecto vamos a llamarlo Sujeto. Así, si decíamos que el Otro (A) determinaba el efecto, ahora podemos decir que el Otro (A) determina al Sujeto (S). Sujeto quiere decir lo que esta sujetado, sujeto, determinado por el significante. El es el hecho de un efecto que soporta, que él no maneja. Es sujeto de ese saber que él no sabe, de ese efecto del que nada sabe.

En el esquema L de Lacan queda reflejada la relación de determinación entre la estructura y el efecto, o el Otro y el Sujeto. Y esta relación es inconsciente. Se encuentra en el nivel de lo Simbólico. En el nivel de lo imaginario se encuentra el “a” que es la imagen especular y el “ a’ ” que es el Yo identificado a esa imagen (un Yo [ moi ]).

Esa relación inconsciente en el nivel de lo simbólico que va de A a S, evoca ya una formula lacaniana como: “el inconsciente es el discurso del Otro”. Esta fórmula quiere decir que el Sujeto que habla está en una relación de determinación con algo que tiene que ver con el padre; con algo que tiene que ver con la madre y con algo que tiene que ver con el complejo de Edipo en su totalidad.

IV. El destino de la omnipotencia:

Si uno tiene vergüenza, en realidad lo que desea es lo contrario: exhibir. Y cuando se trata de exhibir, en psicoanálisis, lo que está en juego es el pene. Y la exhibición del pene, ¿Qué pone en juego? Supongamos que un hombre efectivamente dotado por la naturaleza posee un pene y lo exhibe: ¿Qué es lo que está en juego en esa exhibición? Precisamente el temor a perderlo, la amenaza de castración y toda la organización fálica. Vergüenza – Formación reactiva – Exhibicionismo = Exhibicionismo de pene. Si se exhibe el pene es porque no se está seguro de que está ahí, o si se va a caer.

Lo que está en posición de objeto “a” será condición del mantenimiento de la estructura narcisista del sujeto, así como el Prefecto (tonto) es condición del mantenimiento de la omnipotencia del Ministro. Y además es interesante que –recuérdenlo, porque esto será la misma estructura del fetichismo- ese objeto, que es condición del mantenimiento de la estructura narcisista del sujeto, es introducido por la madre, en nuestra analogía la Reina.

Hay en la relación de la Reina y el Ministro algo complicado: es la relación de alguien que se mira en el espejo y alguien que mira al que se mira en el espejo, lo mira mirarse en el espejo. El que se mira en el espejo es el hijo, el Ministro: “Soy osado”. La Reina lo mira mirarse en el espejo, y le ratifica: “Si, eres osado”. Pongo el ejemplo de un hijo, un “narciso”, que se mira en el espejo y dice: “Soy hermoso”. Y la madre le dice: “si, eres hermoso”. Así hemos desentrañado las contradicciones entre los tres primeros personajes. Hemos hecho una teoría del relato, porque el relato no es más que la espera de la resolución de las contradicciones que una narración de los tres primeros personajes ha mostrado. El relato consiste en ver a donde va a parar la omnipotencia del Ministro, sostenida por la mirada ratificante de la Reina. Esta es, realmente, la estructura del cuento, lo que realmente nos apasiona: ¿A dónde irá a parar este tipo tan “desamparado”, cuyo único amparo es una mirada que lo ratifica en la imagen que él se hace de si mismo? Este es, en verdad, el cuento de Poe.

Continuar con la lección 9:

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