Lecciones de introducción al psicoanálisis: III parte

Párrafos seleccionados de Masotta, O.: “Lecciones de introducción al psicoanálisis” Ed. Gedisa, Barcelona, 2006.

III. Lapsus y querer decir. Comunicación y comprensión. El significante. El chiste es modelo.

Cuando Freud quiere introducir a su audiencia al concepto psicoanalítico por excelencia, el inconsciente, no lo hace hablando sin más de la represión de la sexualidad, sino que trata de mostrar las lagunas del discurso inconsciente, llama la atención más sobre fenómenos de palabras que sobre las cuestiones del sexo. Sin embargo, se lo ve: si se puede partir de los fenómenos de lenguaje (equívocos, lapsus, olvidos) para luego llegar a plantear cuestiones que hacen a la represión y a la sexualidad, no es sino porque hay una estrecha relación entre lo uno y lo otro. Los olvidos, los lapsus, los actos fallidos, no obedecen sino a la necesidad de ocultar un deseo…; y será por este desvió del deseo que las fallas de la palabra se relacionan con la sexualidad.

Freud enseña en efecto que no es sino con las palabras que el sujeto puede decir lo que casualmente no quiere en absoluto decir. Y eso que en el discurso del sujeto queda dicho sin que el sujeto lo quiera, abre –se lo ve- el campo de la relación del sujeto al deseo.

Los lapsus, las equivocaciones verbales, los olvidos de palabras, son cortocircuitos del discurso por donde se filtra el deseo inconsciente.

No hay relación univoca entre palabras y referentes, tiene alcance, para Freud, en la determinación de la estructura del sujeto; o aun –si se me permite- tiene alcance patógeno, es capaz de producir efectos, promover sintomas.

Si en un psicoanálisis solo median las palabras, entonces abra que tener muy en cuenta esta capacidad de la palabra de zafarse de su significado habitual.

En el chiste la palabra permanece, su sentido se desliza, subrepticia y repentinamente cambia: el resultado es el chiste. Pero lo que importa, como decía, es que Freud ve en este deslizamiento del significado el modelo de la formación que llamamos síntoma. Ello quiere decir algo cuyo alcance puede resultar un tanto inusitado: que el proceso psíquico que produjo un síntoma contiene un operador del tipo del significante, también en el proceso de producción del síntoma mas grave. Lo que Freud viene a decirnos, se lo ve, es un mensaje un tanto incomodo: que hasta las enfermedades mentales del hombre están estructuradas como un chiste.

Lo histerogeno: haber pasado mucho tiempo junto al lecho de un enfermo, en situación pasiva ante la demanda del otro. ¿Qué puede hacer la persona a la cabecera del enfermo con sus propios deseos, con sus deseos más banales, ante la gravedad del estado del enfermo? La emergencia del más mínimo deseo basta para tornar a ese deseo culpable, estructura que Freud había comprendido se hallaba en la base de la represión. Una relación de este tipo, la del culpable para con sus propios deseos, se halla en la etiología de los sintomas de Elizabeth Bon R.

Lo que el analista “esta a la escucha” de la palabra, es la operación “tero” que la habita, y no lo que el paciente quiere decir. En lo que quiere decir, y por intermedio de esas fallas de la palabra, escucha lo que el paciente no quiere decir. La situación analítica no es una situación de comunicación. Lo que el psicoanalista escucha –y traza así el campo de su práctica- no es lo que el paciente quiere decir, sino aquello que en su palabra traiciona lo que casualmente no quiere en absoluto decir.

Lacan diría que la pregunta por la garantía es una pregunta de universitarios. O lo que es lo mismo, que pertenece al registro de las resistencias sabias al análisis. La pregunta por el criterio que da garantía de la interpretación no es una pregunta para ser contestada, sino para ser replanteada. En psicoanálisis se trabaja únicamente con palabras. ¿Pero quién podría dar garantía de que un significante conduce únicamente a un único significado? Cuando el paciente busca la garantía demanda Saber sobre su deseo, intenta estabilizar ciertos lugares de si mismo que la gente llama intimidad y que tienen que ver con el goce y el sexo. En psicoanálisis la garantía es lo que el paciente no podrá no pedir, y en este sentido tal pedido pertenece al campo de la Transferencia.

No hay poder sin relación del poder con el goce. Lo que en el poder queda prohibido es el goce del otro. Aunque es cierto que de cualquier manera el otro goza, masoquisticamente… Este punto es fundamental para entender que es el psicoanálisis, puesto que el descubrimiento fundamental de Freud consiste en haber denunciado que la enfermedad es goce, goce masoquista (autocastigo en el síntoma neurótico). Pero en el discurso del poder, en la lógica del poder, este goce del otro queda ocultado. Prohibido y ocultado. Razón por la cual tanta gente ama a los amos. Pero además, el psicoanalista no prohíbe el goce. Pretende dejarle hablar, devolverle a la palabra, dejar que se muestre, en la experiencia analítica misma, su origen, su estructura, las condiciones de su formación. Por lo demás el psicoanálisis deja al goce sobre la tierra. Los amos lo prometen para pasado mañana, lo anudan al castigo y al látigo, lo permiten si uno se redime, si paga sus culpas. Como el psicoanálisis nada tiene que ver con todo esto, tal vez es por ello que haya tanta gente que nada quiere saber del psicoanálisis.

En la relación analítica quien emite el mensaje es el Receptor, al que Lacan llama Otro, con mayúsculas, y que no es Dios. Los mensajes que nosotros aparentemente emitimos según nuestra voluntad y nuestro querer, son para la teoría psicoanalítica mensajes que se emiten en nosotros y que se originaron en Otro lado, en una estructura. ¿Quién emite el mensaje? El psicoanálisis contesta que ello es analizable, que en esa estructura está en juego el deseo, el goce…etc.

Continuar con la lección 4:

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/81/name:Lecciones-de-introduccion-al-psicoanalisis-IV-parte

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