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Psico-lógica-mente

Me gustaría explicar cómo se considera hoy la mente (o el cerebro si nos referimos sólo al entorno físico que nos recubre la cabeza) con los nuevos conocimientos neurocientíficos y al mismo tiempo hacer mención a mi propia idea, mi propio mapa de situación en la tarea diaria de entender qué pasa en ese órgano de 1400 gramos de peso.

He querido utilizar en este escrito la palabra “psicológicamente”; el motivo es el siguiente: Podemos dividir la palabra en tres partes diferenciadas “psico” – “lógica” – “mente”.

La palabra “Psique” proviene del latín Psyche y el griego Ψυχή, divinidad protagonista de un mito en la que es la personificación del alma. Voy a utilizarlo cómo representación del potencial del cerebro, y de sus mecanismos innatos de autocuración.

“Lógica” en segunda acepción significa método o razonamiento en el que las ideas o la sucesión de los hechos se manifiestan o se desarrollan de forma coherente y sin que haya contradicciones entre ellas. Para mi propósito haría referencia al cerebro nuevo o “neocórtex”, el cerebro racional. 

Con la tercera palabra, “mente”, no voy a referirme a su definición literal, en la que además no hay consenso de a qué nos referimos concretamente. Algunos la consideran como la actividad del cerebro, siendo éste último su contenedor físico. Yo voy a utilizar la palabra para referirme al denominado cerebro emocional, y englobando lo que también se denomina cerebro límbico y cerebro reptiliano. 

Por tanto tenemos el cerebro dividido en tres. 

Una parte –“lógica”-  representa lo que físicamente sería la parte más externa del cerebro, y también la más nueva evolutivamente hablando, el neocórtex. Es la sede del lenguaje y el pensamiento, es racional y consciente. 

Otra parte –“mente”- representa físicamente al cerebro más profundo, en el centro del cerebro humano, refiriéndose a las estructuras límbicas (dónde se haya la amígdala, en la que se originan las reacciones de miedo) y al cerebro más antiguo evolutivamente, el reptiliano. Este cerebro emocional controla todo lo que rige el bienestar psicológico y una buena parte del organismo: el funcionamiento del sistema digestivo, del respiratorio, del corazón, la tensión arterial, las hormonas y el sistema inmunitario, entre otros. Los desórdenes emocionales son consecuencia de disfunciones de este cerebro emocional, base del inconsciente, y que en este escrito hemos significado como “mente” en esta división en tres de la palabra psico-lógica-mente. 

La tercera parte de la palabra que nos queda “psico” o psyche en latín, va a representar a esos mecanismos naturales innatos de autocuración. Son capacidades que vamos conociendo cada vez más y que son comparables con otros mecanismos de autocuración del cuerpo, como la cicatrización de una herida o la eliminación de una infección. La terapia EMDR se aprovecha, de forma natural, de uno de estos mecanismos autocurativos, de una de las potencialidades de la mente que estaban ahí, a nuestro alcance, pero sin aprovechar. 

Pero ¿qué es el EMDR? Son siglas en inglés (Eye Movement Desensitization and Reprocessing) cuyo significado en español es Desensibilización y Reprocesamiento por medio del Movimiento de los Ojos. Se ha visto que utilizando la estimulación bilateral de los ojos, en un movimiento muy conocido por los especialistas del sueño y que se produce de forma natural durante la fase REM (Rapid Eye Movement), podemos, en estado de vigilia, conseguir desensibilizar y procesar algunos de los recuerdos archivados en nuestro psiquismo de forma disfuncional. Con esta utilización podemos conseguir archivar aquellos recuerdos traumáticos que quedaron “atascados” y que impedían conseguir la salud psíquica del individuo. 

En la mayoría de las ocasiones las disfunciones emocionales que dan lugar a enfermedades por todos conocidos como trastornos de ansiedad, depresiones, fobias o incluso dolores crónicos, por ejemplo, tienen su origen en experiencias dolorosas vividas en el pasado, que han dejado una huella imborrable en el cerebro emocional (en la “mente” en nuestra acepción). Tener hoy en día las herramientas suficientes para actuar sobre este cerebro emocional e inconsciente y reconvertir recuerdos deficientemente archivados en recuerdos alojados de forma coherente y comprensiva en la mente del individuo, es una revolución sin precedentes en la psicología actual y de futuro. 

El poder armonizar el cerebro racional (lógica) con el cerebro emocional (mente) a través de mecanismos naturales de curación (psico), es hoy posible.

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Antonio José Ariza Alcaide
@Antoluci5
Soy natural de La Carlota, un pueblo cercano a Córdoba. Me mudé a la capital con cinco años y sigo residiendo en esta preciosa ciudad. Mi formación comenzó estudiando Magisterio por ciencias humanas. Al mismo tiempo comencé a trabajar en la autoescuela de la familia, había que ayudar, haciéndome Profesor de Formación Vial. Cuando acabé Magisterio comencé a estudiar Psicología. Me interesaba la Psicología Clínica que por entonces era una de las ramas que podíamos elegir en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Me licencié mientras seguía ejercitando la profesión de profesor de autoescuela. Durante los más de veinte años que estuve trabajando como profesor alterné siempre mi formación de psicología para ayudar con los problemas de amaxofobia (miedo a conducir) y preparando la asignatura de psicología de la conducción a futuros profesores de formación vial que se preparaban para sacar su certificado. Después de tanto tiempo en el sector y aprovechando el bajón que el gremio comenzó a tener por motivo de la crisis económica, retomé mis estudios de psicología realizando un Máster de Psicología Clínica Aplicada y sobre todo consiguiendo la certificación como Terapeuta EMDR (niveles I y II) de la que actualmente soy Clínico. Desde entonces, hace ya casi cinco años, ejerzo la profesión de Psicólogo con la pasión de quién empieza y la experiencia de quien ha tratado personalmente a muchas personas, tanto en el ámbito de la formación de conductores, como tratando distintos problemas como el miedo a conducir (amaxofobia) y distintos problemas emocionales y clínicos que he conocido en los ya más de veinte años de relaciones de tú a tú con mis alumnos y clientes.