La clinica de Las Psicosis: III parte

Los fenómenos de franja dan cuenta de una condición estructural anterior a las alucinaciones, y es que lo real se estructura antes de toda dualización de los fenómenos del lenguaje, antes del surgimiento del Otro. Es decir que antes de que el sujeto encuentre en el delirio al Otro que le responde o que le habla, la estructura del significante (que es la estructura del uno en lo real, incluso cuando no hay Otro) ejerce ya sus efectos creativos, crea a partir de la nada.

La realidad y su pérdida

Párrafos seleccionados del libro de Lombardi, G.; La Tessa, M.; Skiadaressis, R.: “La clínica del psicoanálisis. Las psicosis. Volumen 3” Atuel, Bs. As. 2009.

El campo de la realidad no se sostiene sin la extracción del objeto a, que sin embargo lo enmarca. La mirada tomada como objeto libidinal, como objeto a, necesariamente queda afuera del campo visual. Mientras vemos, no podemos ver a nuestro propio ojo mirando. Para ver nuestro propio ojo necesitamos del Otro –que eventualmente puede ser reemplazado por un espejo-, pero entonces ya no se trata de la misma mirada, porque ahora la mirada es del Otro –lo que nos aleja de lo pulsional de la mirada-.  Solo por la fantasía la mirada que cuenta es la del Otro, y no la pulsional.

No hay otra realidad que la realidad psíquica, es decir, lo que vemos sobre la pantalla del fantasma.

La manera típica del neurótico de recuperar ese objeto perdido de la realidad consiste en suponer que está en el Otro. Sacrifica su vida a la mirada que supone en el Otro. O al cumplimiento del mandamiento, la misión que supone que el Otro le reserva: y así cree encontrar el objeto perdido de la pulsión fundamental, la pulsión invocante, la del misterioso objeto voz.

La voz es ese marco de silencio que, como efecto del significante, estructura la realidad auditiva. Sin el silencio cortando el sonido de las vocales, podría haber grito, pero no llamado, podría haber alarido, pero no solicitud.

¿Qué sucede cuando ese objeto silencioso o invisible, pulsional y no fantasmático, la voz o la mirada, excluido de la realidad, retorna a ella? Eso da lo que llamamos alucinación: la desorganización de la realidad por la intrusión del objeto que no debía ser percibido. 

El fenómeno de Franja:

La alucinación suele instalarse en el centro de la realidad, desorganizándola. El fenómeno de franja en cambio es un efecto que ocurre en su borde, y es especialmente apto por lo tanto para estudiar la relación de la realidad con lo que la estructura desde “afuera”.

Lo decisivo no se juega entre la realidad del escenario y el espectador, sino entre el escenario y lo que esta detrás.

Los fenómenos de franja dan cuenta de una condición estructural anterior a las alucinaciones, y es que lo real se estructura antes de toda dualización de los fenómenos del lenguaje, antes del surgimiento del Otro.

Los fenómenos de franja son situados por Lacan en dos momentos estructuralmente definibles: el de la prepsicosis –antes de que el Otro tome la iniciativa- que es la fórmula del desencadenamiento mismo que da Lacan en el seminario III-, y el del alejamiento o la desaparición del Otro durante la psicosis y desencadenada. Hay que tener en cuenta que el Otro del delirio no está desde el comienzo de la psicosis, y que además su presencia es discontinua. Por eso el fenómeno de franja, en la medida en que ataca la trama del delirio, lleva al psicótico a la experiencia más aguda, mas desgarradora también, de lo real que desborda los límites de la realidad cuando ningún Otro (delirante o no) viene a mediar.

Ese cerca de mi pero fuera de la captura de los sentidos que caracteriza a los fenómenos de franja, se traduce en las psicosis en una rica fenomenología que comprende las alucinaciones llamadas extracampinas (el sujeto “ve” algo por detrás suyo, fuera del campo visual), y que para Lacan incluye también las “perturbaciones” de las que hablaba Schreber, “eclosiones próximas en la zona oculta del campo perceptivo, en la habitación vecina, en el pasillo, y otras manifestaciones que, sin ser extraordinarias, se le imponen al sujeto como concerniéndole”, como producidas a propósito suyo.

Para Lacan, el hecho de que esos fenómenos se produzcan precisamente cuando el Otro del delirio es acallado, muestra “la especialización previa a toda dualización posible del lenguaje”. Es decir que antes de que el sujeto encuentre en el delirio al Otro que le responde o que le habla, la estructura del significante (que es la estructura del uno en lo real, incluso cuando no hay Otro) ejerce ya sus efectos creativos, crea a partir de la nada.

Como lo pensó Freud, la realidad es secundaria, requiere la separación de la percepción y el significante. La experiencia del placer, la satisfacción, se caracteriza en cambio por la coincidencia de la percepción y el significante (la representación, dice Freud).

La posición del analista en la psicosis:  

El psicótico mientras alucina o padece un fenómeno elemental no tiene razón alguna para pensar que el objeto a esta en el Otro. El objeto se le presenta allí, en su cercanía, incluso en el interior de su cuerpo, en toda su extrañeza, pero como al alcance de la mano. Y el Otro en principio no tiene nada que ver con eso. La suposición de que hay Otro que dispuso las cosas asa para joderlo, gozarlo o destruirlo, es en general secundaria, producto del trabajo del delirio. Es el delirio el que aporta el Otro a la psicosis.

Ni el psicótico ni el perverso sitúan espontáneamente el objeto a en el Otro como él neurótico (suposición de saber). El perverso porque se presenta el mismo como objeto a, e intenta, como siempre lo hace, ubicar al Otro en el lugar de sujeto –para angustiarlo, o para hacerlo gozar-. El psicótico porque el fenómeno de franja o la alucinación le aportan el objeto a antes de la intervención de ningún Otro.

  • Volver a leer la primera parte:

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/73/name:La-clinica-de-Las-Psicosis-I-Parte

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