El ajo y la cebolla son algo más que simple especias, pueden ser altamente perjudiciales para nuestra salud

Aunque es cierto que estos productos se venden en todos los comercios y son muchas las personas que utilizan los ajos o las cebollas plantadas en su jardín, debemos señalar que ambos productos contienen sustancias tóxicas que perturban el proceso metabólico del organismo, fomentado el desarrollo de una condición toxémica.

Basándose en falsas premisas terapéuticas, los facultativos han recomendado durante años su ingestión para evitar la aparición de condiciones patológicas. No obstante, debemos señalar que las enfermedades no son más que medidas desintoxicadoras iniciadas y controladas por el propio organismo para expulsar de sus dominios aquellas sustancias que alteran su armonía funcional.

CONCEPTOS CLAVE:

          1.- La allicina contenida en el ajo es la responsable de su olor y sabor, así como de las condiciones patológicas que origina su ingestión.

          2.- Aunque es cierto que esta sustancia suprime diversos síntomas patológicos, debemos señalar que la inhibición sintomatológica es perjudicial para su salud.

          3.- Puesto que el ajo es una sustancia tóxica, su ingestión podría originar trastornos digestivos que contribuyan al desarrollo de una toxicosis.

          4.- Al igual que sucede con el ajo, las cebollas contienen en su interior una sustancia perniciosa (aceite de mostaza) que provoca numerosas condiciones morbosas.

          5.- El consumo de cebollas puede originar el desarrollo de una anemia o un bocio.

HECHOS DESTACABLES: 

          1.- El ajo y la cebolla pertenecen a la familia liliáceas, genero de plantas herbáceas con tallo en forma de bulbo a la que pertenecen también el puerro, los cebollinos y el ajo chalote.

          2.- Además de utilizarse como antihelmíntico, la allicina contenida en el ajo puede enrojecer la piel cuando se aplica masivamente y originar trastornos estomacales o intestinales cuando se ingiere.

          3.- El ajo actúa como un producto farmacológico cuando suprime los síntomas patológicos de la hipertensión, la arteriosclerosis o la artritis.

          4.- El organismo metaboliza el aceite de mostaza contenido en la cebolla y el ajo hasta convertirlo en un tiocianato. Puesto que esta sustancia puede inhibir la síntesis de tiroxina en el organismo, su ingestión podría provocar el desarrollo de un bocio.

          5.- Recientes estudios han demostrado que la ingestión de estos productos puede originar una condición anémica. En algunos experimentos, los niveles de glóbulos rojos y hemoglobina descendieron en un cincuenta por ciento.

          6.- El ajo es tan peligroso que puede utilizarse efectivamente como pesticida. En pequeñas dosis, este producto puede eliminar las larvas de mosquitos en un cien por cien. También puede utilizarse como plaguicida en las plantaciones.

El sabor acre del ajo 

          Esta planta de hojas ensiformes y bulbo dividido se caracteriza por su sabor acre, una cualidad que explica su utilización como condimento. La allicina contenida en su composición estructural le aporta ese sabor y olor tan característico. 

Un agente bactericida 

          Al igual que sucede con el resto de sustancias farmacológicas, la allicina presente en el ajo actúa en el interior del organismo como un agente bactericida que inhibe el desarrollo de la flora intestinal. Puesto que el ser humano requiere la presencia de estos microorganismos para garantizar el pleno desarrollo de sus actividades funcionales, cualquier elemento que prevenga el crecimiento de la vida bacteriana debe considerarse como nocivo y perjudicial. 

          Lejos de provocar enfermedades o condiciones morbosas, las bacterias juegan un papel fundamental en la descomposición y posterior eliminación de los residuos celulares. Asimismo, se encargan de expulsar los residuos tóxicos eliminados por el propio organismo, algo que explica su presencia durante los procesos mórbidos.

          Puesto que estos microorganismos participan activamente en la desintegración de los residuos tóxicos acumulados en el interior del organismo, así como en la descomposición de las materias orgánicas inertes, no es de extrañar que los facultativos denuncien su presencia durante el transcurso de una enfermedad. Desgraciadamente, la comunidad científica comete un grave error al relacionar el desarrollo de una condición patológica con la presencia de estas formas de vida. Lejos de originar la enfermedad, las bacterias forman parte de los resultados de la condición. En este sentido, podemos afirmar que los productos bactericidas no hacen más que destruir una de las principales funciones que tienen lugar en el interior del organismo. 

Un antihelmíntico y rubefaciente 

          Según el diccionario médico Stedman´s Medical Dictionary, el aceite volátil contenido en la planta del ajo actúa en el interior del organismo como un antihelmíntico ─elemento que combate la parasitación por gusanos en el intestino─ y rubefaciente ─que produce enrojecimiento en la piel─. 

          Lejos de prevenir el desarrollo de estos pequeños parásitos con la utilización de fármacos u otras sustancias perniciosas, le recomiendo adopte unos hábitos de vida sanos y acuda rápidamente a la consulta de un higienista. Recuerde que la ingestión de un producto que elimina la vida de un microorganismo nunca puede ser beneficiosa para su salud. Si este aceite es tan poderoso como para prevenir el desarrollo de los gusanos parásitos o el crecimiento de las bacterias, ¿acaso puede ser menos peligroso para su organismo? 

          Al igual que sucede con el resto de productos alimenticios, el organismo descompone sus elementos constitutivos durante el proceso de digestión, absorbe sus componentes a través del intestino y distribuye las sustancias asimiladas por los vasos sanguíneos y la linfa. Cuando el cuerpo humano presiente la existencia de sustancias perniciosas e inútiles en su interior, inicia un proceso de desintoxicación para proceder a su inmediata expulsión. No obstante, la presencia de estos elementos en el sistema circulatorio y su combinación con otros productos químicos almacenados en sus tejidos podrían originar una condición morbosa de consecuencias irreversibles. 

          Como ya indicamos con anterioridad, las sustancias rubefacientes se caracterizan por su cualidad para enrojecer la piel cuando se aplica sobre la capa epidérmica. En su esfuerzo por aislar este elemento nocivo y evitar su entrada en el sistema circulatorio, el organismo inicia una medida defensiva que se manifiesta por la inflamación y enrojecimiento de la piel. Puesto que esta sustancia origina una condición inflamatoria al aplicarse sobre la capa externa del cuerpo, no es de extrañar que su ingestión origine una alteración funcional al entrar en contacto con la fina capa que reviste el tracto gastrointestinal.

          De igual forma que el organismo elimina de forma inmediata los elementos tóxicos presentes en su interior, también intenta expulsar los componentes perniciosos que se derivan de la ingestión del ajo. En este sentido, podemos afirmar que el cuerpo humano utiliza como vías de expulsión la piel y los pulmones, órganos que emanan el olor característico de este producto antinatural.      

  

LOS SANADORES RECOMIENDAN SU INGESTIÓN 

          Considerado por muchos herbólogos y especialistas como un «alimento milagroso» que mitiga los síntomas de numerosas enfermedades, cada vez son más los autores que elogian sus cualidades terapéuticas. Como afirmara Paavo Airola, «nos encontramos ante una planta medicinal que se caracteriza por su valor nutritivo y sus cualidades sanativas». En su obra Herbal Medicine (Plantas medicinales), Dian Dincin Buchman afirma que «[...] sólo su escaso valor en el mercado, lo convierte en una sustancia menos valiosa que el oro. Además de mitigar el dolor, inhibir el desarrollo de los resfriados, eliminar las lombrices intestinales y combatir la hipertensión, el ajo actúa como un tranquilizante, reduce el grosor de las verrugas, controla la disentería amébica y puede combatir los casos menos graves de mononucleosis.» 

          Aunque es cierto que esta sustancia reduce parcialmente los síntomas de la enfermedad, debemos señalar que su ingestión no hace más que inhibir el proceso sanativo iniciado y controlado por el propio organismo. Es esta paralización y no la acción «milagrosa» del ajo la que mitiga el sufrimiento de los síntomas. 

Reduce la presión sanguínea 

          «A lo largo de mi dilatada experiencia profesional ─afirma Paavo Airola─, he observado como el ajo puede reducir la presión sanguínea de mis pacientes entre veinte y treinta milímetros en tan sólo una semana.» 

          Sin lugar a dudas, se trata de un descenso bastante pronunciado en muy poco margen de tiempo. ¿Acaso podemos pensar que se trata de una sustancia milagrosa? Como ya indicamos con anterioridad, el cuerpo humano está capacitado fisiológica y biológicamente para expulsar de sus dominios toda sustancia perniciosa que perturbe su armonía funcional. Recuerde que es el organismo, y no la sustancia tóxica ingerida, la que posee las cualidades inherentes para iniciar una medida de emergencia. 

          Cuando el cuerpo humano presiente la existencia de un elemento tóxico en la circulación, dirige todas sus fuerzas y energías para expulsar los componentes perniciosos de su dominio, reduciendo con ello la funcionalidad de sus procesos orgánicos. Puesto que el centro de control paraliza todas las funciones sanativas para concluir la medida desintoxicadora, no es de extrañar que las personas aquejadas de trastornos cardiovasculares sientan una mejoría sintomática tras la ingestión de este producto antinatural. Ahora bien, si el consumo se prolonga hasta rebasar los límites de la tolerancia orgánica, los órganos afectados previamente ─especialmente el corazón, ya que se trata de la parte más débil en aquellos individuos que padecen hipertensión─ podrían sufrir un estado de agotamiento y debilidad. Aunque los médicos intenten hacernos creer lo contrario, recuerde que son las causas y no los síntomas los responsables de la enfermedad. 

Previene la formación de placas en las arterias 

          Son muchos los especialistas que defienden el carácter terapéutico del ajo, alegando su importancia en la prevención de las placas arteriales y el desarrollo de los trastornos arterioscleróticos. Después de administrar cien gramos de mantequilla a cinco voluntarios, Paavo Airola advirtió que sus niveles de colesterol oscilaban entre 221,4 y 237,4. Varias horas después, estos mismos voluntarios recibieron una segunda dosis de mantequilla mezclada con cincuenta gramos de ajo en forma líquida. Curiosamente, sus niveles de colesterina, lejos de aumentar nuevamente, descendieron hasta situarse en unos porcentajes que oscilaban entre 228,7 y 212,7.  

          Aunque es cierto que el experimento del señor Airola resulta un tanto sorprendente, debemos señalar que nadie consume tal cantidad de mantequilla de una sola vez. A menos que se ingiera una sobredosis de productos animales, el cuerpo humano eliminará los excesos de colesterina de forma natural, permitiendo que el resto fluya libremente por los vasos sanguíneos. 

          Cuando los voluntarios consumieron ajo con mantequilla, los niveles de colesterol redujeron su porcentaje de forma considerable. No obstante, debemos señalar que la grasa no desapareció del organismo, sino todo lo contrario, su presencia se hizo más evidente en los tejidos. Puesto que la allicina contenida en el ajo permeabiliza las células y los tejidos orgánicos, no es de extrañar que una parte importante del colesterol presente en la sangre decidiera penetrar en la estructura constitutiva de estos órganos corporales.  

          Además de perturbar la estabilidad funcional de nuestras células, el ajo inhibe la síntesis y la descomposición de los lípidos en el hígado ─un proceso que afecta directamente a la funcionalidad celular─. Esto explica por qué las personas que ingieren ajo reducen temporalmente sus niveles de colesterol. En este sentido, podemos afirmar que las sustancias que alteran la armonía del organismo deben considerarse como elementos perniciosos y nocivos para la salud.

         El cuerpo humano puede controlar la cantidad de colesterina presente en el plasma con la ayuda de la tiroxina, una hormona secretada por el tiroides que estimula la síntesis metabólica del colesterol, así como el mecanismo hepático que permite la destrucción de este esteroide. La glándula pituitaria anterior secreta a su vez una hormona estimulante de la tiroides (TSH) que controla la producción de tiroxina. Todos estos procesos forman parte del mecanismo homeostático que mantiene el equilibrio interno del organismo. 

          El aceite de mostaza contenido en las cebollas y el ajo se transforma en el interior del cuerpo humano en tiocianato, una sustancia que estimula la formación de bocios al disminuir la síntesis de tiroxina que tiene lugar en la glándula tiroides. Como resultado de este descenso hormonal, la síntesis metabólica del colesterol sufre un descenso paulatino. Puesto que el organismo se caracteriza por su funcionalidad sinergética, basta una simple alteración en su mecanismo homeostático para desatar una serie de efectos perniciosos para nuestra salud. 

          Muchas personas creen haber descubierto un producto milagroso sólo porque su ingestión vaya acompañada por una ilusoria reducción sintomática ─en este caso el descenso en los niveles de colesterina─. Aunque son muchos los individuos que relacionan los trastornos cardiovasculares con la presencia masiva de sustancias lípidas en los vasos sanguíneas, debemos señalar que el responsable de la condición morbosa se encuentra en la acumulación de residuos tóxicos derivados de la ingestión antinatural de alimentos grasos.

El ajo «cura» las condiciones anémicas 

          Cada día que pasa son más las personas que defienden la utilización de este producto herbáceo, defendiendo su valor terapéutico en la prevención de la anemia. No obstante, debemos dejar bien claro que la allicina contenida en el ajo destruye los glóbulos rojos originando condiciones anémicas.

Una «cura» para la artritis

          Aunque es cierto que el ajo se caracteriza por sus cualidades antiinflamatorias, reduciendo por ello las hinchazones propias de los trastornos artríticos, debemos señalar que las inflamaciones no son más que condiciones sanativas controladas por el propio organismo para evitar el desenlace fatal de una infección leve. En este sentido, podemos afirmar que la supresión de los síntomas inflamatorios, lejos de eliminar la condición mórbida, aumenta la peligrosidad de la enfermedad. 

Las inflamaciones 

          Como acabamos de mencionar, las hinchazones no son más que respuestas sanativas iniciadas y controladas por el propio organismo. Cuando un tejido sufre una alteración funcional como resultado de una herida o una infección, las células secretan histamina para estimular la secreción de fagocitos ─tienen la propiedad de englobar sustancias extrañas ─ y fibrinógenos ─se encargan de efectuar la coagulación sanguínea─. Con la ayuda de las fibrinas, el cuerpo humano separa la zona infectada del resto del organismo para evitar la pérdida de fluidos corporales, creando con ello una inflamación o hinchazón. Evidentemente, antes de iniciar una medida de estas características, las células encargadas de la coagulación y posterior separación deben comprobar la existencia de una obstrucción o agente patológico que perturbe la estabilidad funcional. En este sentido, podemos afirmar que la inflamación forma parte del proceso sanativo iniciado por los propios constituyentes corporales. 

          El organismo no pondrá fin al crecimiento y desarrollo de los gérmenes patológicos hasta que se eliminen definitivamente los elementos que garantizan su subsistencia (sustancias tóxicas) y el proceso inflamatorio finalice su proceso sanativo. La utilización de sustancias farmacológicas y otros productos antiinflamatorios para suprimir la actividad microbiológica no hará más que retrasar el proceso sanativo y provocar el desarrollo de una enfermedad degenerativa de naturaleza crónica. 

El ajo es un verdadero desintoxicante orgánico

          ¿Cómo es posible que un producto tóxico cuyos componentes estructurales son peligrosos para la salud humana pueda recibir el apelativo de desintoxicante orgánico? Lo que muchas personas confunden con una estimulación hepática, circulatoria y nerviosa no es más que una respuesta defensiva provocada por el propio cuerpo ante la presencia de este elemento en sus dominios. De acuerdo con la ley de los efectos secundarios, la ingestión de este producto alimenticio como un estimulante terminará por destruir la estabilidad funcional y estructural de los órganos anteriormente mencionados. 

Un agente anticoagulante

          Uno de los efectos «terapéuticos» que los defensores del ajo elogian con mayor ímpetu es su cualidad antigoagulante. No obstante, debemos señalar que el cuerpo humano requiere la presencia de estos elementos coaguladores (fibrina) para evitar hemorragias que originen una sangría letal. Aunque es cierto que los vasos sanguíneos pueden sufrir trombosis en determinadas condiciones morbosas, el cuerpo humano cuenta con la presencia de un elemento natural (heparina) que bloquea la transformación de protrombina en trombina ─enzima encargada de la formación del ingrediente estructural en los coágulos sanguíneos, la fibrina─. Cuando el organismo presiente la existencia de una coagulación en sus vasos, estimula la acción del sistema fibrinolítico que descompone los coágulos de fibrina en fragmentos solubles.

Propiedades pesticidas

         A continuación, enumeramos sólo algunas de las propiedades pesticidas del ajo: 

1.- Esta sustancia provoca la muerte de cinco especies diferentes de mosquito con una dosis que no supera las doscientas partes por millón. 

2.- Esta planta herbácea protege a las rosas, los tomates, las patatas, las coles y otros productos vulnerables a los ataques de insectos de sufrir una plaga. 

3.- El ajo elimina las garrapatas de los perros en tan sólo media hora. 

¿De veras desea ingerir este producto antinatural o prefiere dejarlo en su jardín como plaguicida?

 

LAS CEBOLLAS 

Una sustancia tóxica

          La cebolla contiene un aceite volátil ─aceite de mostaza─, de sabor acre, que irrita los ojos y hace llorar. La aplicación de esta sustancia tóxica sobre la piel desnuda podría originar una condición abrasadora sobre la epidermis acompañada por una coloración rojiza. Al igual que sucede con el ajo, la acción desintoxicadora iniciada por el propio organismo para expulsar esta sustancia nociva a través de la respiración explica el desagradable olor que desprende el aliento de las personas que ingieren este elemento tóxico. 

Contribuye al desarrollo de bocios 

          Como ya explicamos con anterioridad, la acción metabólica transforma el aceite de mostaza en tiocianato, una sustancia perniciosa que, en grandes cantidades, puede originar el desarrollo de enfermedades tumorosas como los bocios al disminuir la síntesis de tiroxina en el tiroides. Además de incrementar la combustión celular de glucosa y aumentar el ritmo cardiaco, la tiroxina disminuye en colaboración con el cortisol ─hormona secretada por las glándulas suprarrenales─. Cuando se sintetiza en el interior del tiroides, esta hormona forma parte de la tiroglobulina hasta que el cuerpo humano requiere su presencia. Llegado el momento, el organismo pone en marcha una reacción que engloba la proteolisis (hidrólisis) de la tiroglobulina y la síntesis de la tiroxina. Puesto que el tiocianato inhibe este proceso metabólico, no es de extrañar que la ingestión de esta sustancia perniciosa contribuya al desarrollo de condiciones mórbidas. 

LAS CEBOLLAS Y LA ANEMIA 

          En su libro The Complete Book of Food and Nutrition (La obra completa sobre la nutrición y los alimentos), J. I. Rodale analiza algunos de los experimentos que demuestran la peligrosidad de la cebolla como producto alimenticio. Entre los muchos estudios que aparecen en sus páginas, merece la pena desglosar el caso del doctor M. Kalser, un profesor de medicina en la Universidad de Illinois que decidió analizar desde su propia experiencia la relación existente entre la cebolla y la anemia.

          Después de utilizar esta sustancia con varios perros, el doctor Kalser advirtió que una cucharadita diaria de este condimento comercial podía originar en los animales síntomas agudos relacionados con la anemia. Una vez finalizado el experimento, el científico norteamericano concluyó que el aceite volátil contenido en este aderezo podía ser perjudicial para nuestro organismo aun cuando se utilizara en dosis moderadas.

          Como paso intermedio en su investigación, el profesor Kasler eligió a un grupo de estudiantes para que ingirieran junto a él dos kilos diarios de cebollas cocinadas en combinación con una dieta regular. Transcurridos cinco días, el doctor advirtió que todos sus alumnos exhibían, al igual que él, síntomas evidentes de una condición anémica ─palidez en los dedos, cansancio generalizado, descenso de los glóbulos rojos (hasta un millón) y disminución en la cantidad de hemoglobina─. Después de cotejar los resultados de su investigación con los datos obtenidos tras el análisis efectuado a los perros, el doctor Kasler advirtió que la prolongación durante quince días de la dieta había pronunciado los síntomas anémicos de los animales (los niveles de glóbulos rojo y hemoglobina descendieron en un cincuenta por ciento).

          Puesto que los glóbulos rojos juegan un papel primordial en la estabilidad funcional del organismo, la destrucción de estas células y la subsecuente pérdida de hemoglobina originan en el ser humano condiciones patológicas de consecuencias irreversibles. A continuación, enumeramos algunas de las funciones más importantes de los hematíes:

          1.- Estos corpúsculos transportan el oxígeno desde los pulmones a los tejidos.

          2.- De igual forma, se encargan de transportar el dióxido de carbono (CO2) desde los tejidos a los pulmones.

          3.- Después de la absorción intestinal, estas células se encargan de transportar los nutrientes a los tejidos.

          4.- Los glóbulos rojos son los encargados de transportar a los riñones los derivados orgánicos de la descomposición metabólica para su posterior expulsión.

          5.- Los vasos sanguíneos se encargan de transportar las hormonas ─secreciones endocrinas de las glándulas─ a través de todo el organismo.

          6.- La sangre fluye desde las regiones más profundas y cálidas a las extremidades, transmitiendo equitativamente el calor corporal.

          7.- Los glóbulos sanguíneos juegan un papel muy importante en el mantenimiento homeostático (ácido/alcalino) de los tejidos.

          8.- Existe una relación continua entre el volumen sanguíneo y el contenido líquido de los tejidos.

          9.- La capacidad coaguladora de la sangre impide el desarrollo de hemorragias letales para el ser humano y los animales.

          10.- Estos elementos sanguíneos desempeñan un papel muy importante en la limpieza interna del organismo. 

          Como bien podemos observar, cualquier alteración que perturbe la estabilidad orgánica puede desestabilizar la armonía funcional. Evite la ingestión de estas sustancias tóxicas y consuma simplemente una dieta natural que satisfaga sus verdaderas necesidades nutritivas. 

SUPUESTOS BENEFICIOS TERAPÉUTICOS 

          Durante años, los curanderos han elogiado el papel terapéutico que las cebollas juegan en la curación de los resfriados, la gripe, la tos, la sinusitis, los hematomas, las hemorroides o los sabañones. Sin embargo, debemos señalar que esta supresión sintomática no beneficia en absoluto al desarrollo funcional del cuerpo humano, sino todo lo contrario. Puesto que el organismo es el único responsable de nuestra sanación, debemos evitar el consumo de sustancias artificiales y antinaturales, ya que esta medida no hará más que inhibir los procesos desintoxicadores iniciados y dirigidos por el propio cuerpo.  

¿PUEDEN CONSIDERARSE COMO ALIMENTOS? 

          Como ya indicamos con anterioridad, aquellos alimentos que conformen nuestra dieta natural deben estar exentos de sustancias tóxicas y evitar el desarrollo de trastornos digestivos o eliminativos. Además de satisfacer nuestros sentidos gustativos, los productos naturales deben digerirse y asimilarse con facilidad, saciar nuestras necesidades nutritivas y copar estrictamente nuestra dieta como lo hacen los melones, los mangos, las uvas, los melocotones, las cerezas o las naranjas. Lejos de reunir algunos de estos requisitos, las cebollas y los ajos se caracterizan por su escaso valor nutritivo y los efectos colaterales que acompañan a su ingestión. Puesto que estos productos tóxicos actúan en el interior del organismo como cualquier otro elemento pernicioso, le recomiendo elimine estas sustancias de su dieta ante el riesgo que su ingestión conlleva para el bienestar de su salud. 

RESUMEN

          Las cebollas y los ajos proceden de la misma familia liliácea, una planta hortense que se utiliza comercialmente como aderezo y producto terapéutico. 

          El ajo contiene en su interior una sustancia tóxica conocida científicamente con el nombre de allicina. Este elemento, responsable de su sabor característico, origina en el interior del organismo numerosos trastornos funcionales como consecuencia de sus propiedades irritantes. A pesar de los esfuerzos de algunos curanderos por reivindicar el papel terapéutico de este producto herbáceo, debemos señalar que la supresión sintomática que acompaña a su ingestión no evidencia ninguna mejoría, sino todo lo contrario, el desarrollo de una medida desintoxicadora iniciada por el propio organismo. 

          Al igual que sucede con el ajo, la cebolla se caracteriza por la presencia en su interior de una sustancia tóxica ─aceite de mostaza─ que inhibe la síntesis de tiroxina en la glándula tiroidal, provocando con ello el desarrollo de un bocio. Recientes estudios, han demostrado que la ingestión de esta sustancia puede incidir negativamente en la supresión de glóbulos rojos y hematíes, desarrollando como resultado una condición anémica. 

          Puesto que estos productos no reúnen ninguno de los requisitos propios de los alimentos naturales, debemos evitar su ingestión y mantenernos al margen de su utilización.         

PREGUNTAS Y RESPUESTAS FRECUENTES

PREGUNTA: ¿Podríamos consumir cebollas cocinadas?

RESPUESTA: Aunque es cierto que el aceite volátil contenido en su composición estructural se evaporará en parte como consecuencia del calor, debemos señalar que la porción restante sigue siendo igual de peligrosa. Además de eliminar los constituyentes alimenticios, la cocción de los productos contribuye al desarrollo de sustancias tóxicas en el interior del organismo. Inicie un programa dietético basado exclusivamente en el consumo de productos naturales y pronto advertirá la intrascendencia de los aderezos. 

PREGUNTA: Siempre he pensado que los ajos prevenían el desarrollo de los resfriados, ¿tiene alguna explicación racional o se trata simplemente de un «cuento de viejas»?

RESPUESTA: Evidentemente, se trata de un remedio casero que ha sobrevivido durante varias generaciones a pesar de su inconsistencia. 

PREGUNTA: ¿Acaso son menos peligrosas las cebollas dulces que las fuertes?

RESPUESTA: Aunque el aceite de mostaza contenido en su interior no es tan fuerte, su acción sobre el organismo sigue siendo igual de perjudicial. 

PREGUNTA: ¿Por qué sufro problemas digestivos tras la ingestión de alimentos que contienen cebollas o ajo?

RESPUESTA: Al igual que sucede con el puerro, las cebolletas, los ajos chalotes o el rábano ─miembros de la familia liliácea─, las cebollas y el ajo suelen inhibir el proceso digestivo. Su presencia en el interior del organismo provoca la irritación de las paredes estomacales e intestinales.

  • Fuente: Profesor Mike Benton; El Sistema de Salud del Higienismo (Copyright@ 1986 Life Science Institute) "La Ciencia de la Nutrición" SÉPTIMA PARTE. Alimentos enlatados y envasados de escaso valor nutritivo. TRIGESIMOSEXTA LECCIÓN 36ª: El ajo y la cebolla.
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