La clinica de Las Psicosis: II parte

Las alucinaciones psicomotrices verbales pueden ser verbales sin ser auditivas, sin ser audibles tampoco. A veces el enfermo escucha voces, pero de adentro del cuerpo, no de afuera, en una suerte de “emancipación del lenguaje interior”. Por otra parte, las alucinaciones auditivas pueden serlo pero como en eco de la actividad del pensamiento.

El Diagnostico de Psicosis: El síntoma en la estructura

Párrafos seleccionados del libro de Lombardi, G.; La Tessa, M.; Skiadaressis, R.: “La clínica del psicoanálisis. Las psicosis. Volumen 3” Atuel, Bs. As. 2009.

El elemento crucial en el diagnostico (incluso de la prepsicosis) es la inercia dialéctica, en que se encuentra el sujeto cuando el significante de su síntoma esta en lo real, como un significante que no se liga a nada.

El neologismo es paradigmático. No definimos al neologismo como lo hacen los lingüistas o los psiquiatras (una palabra que no existe en el léxico compartido por una sociedad). Para el psicoanalista el neologismo del psicótico es un significante indefinible, absolutamente resistente a la operatoria de la definición, ya que no se relaciona con otros términos al modo del diccionario, no se articula a ellos en un saber de diccionario, aun si se trata de un término que para el resto de los hispanohablantes esta en uso. El neologismo lo es cuando adquiere un uso neológico en el decir del paciente, a pesar de ser un significante de uso común y compartido en el diccionario (para un lingüista no sería un neologismo).

El neologismo no es un trastorno de la sintaxis, sino del polo metafórico, el de la sustitución de un significante por otro; porque el neologismo es un término tal, que no se puede sustituir por ningún otro. Por eso no lo pueden definir, porque la operación de definir se juega en el plano de las relaciones paradigmáticas, consiste en sustituir el definiens por el definendum, o en yuxtaponerlos. Eso produce el efecto de aislamiento del termino neológico, que siempre esta como fuera de contexto, como un significante extraído de lo simbólico, sin valor semántico, sin significación, una especie de adoquín en medio de la cadena.  Es un significante que a pesar de conservar en muchos casos un aspecto de corrección formal, sintácticamente bien situado, sin embargo tiene un peso de ruptura de la significación que permite ilustrar muy bien lo que Lacan llamaba significante en lo real. Cuando el significante perdió sus lazos semánticos con otros significantes, sus lazos de producción de significación, se trata de una intersección pura de lo simbólico con lo real, sin mediación imaginaria a la que llamamos significación. El neologismo no significa nada, nada en particular. Puede tener para el sujeto una significación enorme, pero nada en particular.

La certeza también es un ejemplo de la inercia dialéctica (presente en la melancolía: "soy una mierda"). La inercia dialéctica por lo general se traduce subjetivamente como certeza, y eso en cada tipo de síntoma propiamente psicótico. Se trata de un neologismo, de una intuición delirante, o de una alucinación. La certeza no necesita ser duradera para ser cierta. A diferencia del neurótico que no se entera, el psicótico sabe que el significante no representa otras cosas sino que lo representa a él, habla de él, convocándolo incesantemente. 

La confianza en el síntoma, en tanto brújula y motor del análisis:

Lo primero que cumple el analista con su acto es la cesión de la posición de sujeto al paciente. Ese solo gesto autoriza la transferencia, ya que la transferencia implica que el sujeto no reconoce en quien lo escucha a otro sujeto, sino que lo toma como objeto. El analista, al dejarse tomar como objeto, abre la puerta al desarrollo de la transferencia. La posición del analista no se sostiene si de su parte no hay una destitución subjetiva operando. Solo un sujeto que acepta resignar sus títulos, sus significantes, su decir de sujeto del inconsciente, al menos transitoriamente, solo él puede tolerar que cuenten únicamente, durante toda la entrevista o la sesión, los títulos, los emblemas, los significantes que representan a otro sujeto, al paciente. Una vez eso establecido, una vez bien situado el paciente como único sujeto que cuenta, llama la atención el clima de intimidad que se logra en la entrevista. ¿En qué consiste la intimidad? es el encuentro del sujeto con su objeto, su objeto interno, encarnado por un partenaire. Puede ser un encuentro ilusorio, fantasmático, pero la condición es esa, que el sujeto encuentre un “semblante” de su objeto en el partenaire.

Lacan se opone a considerar al síntoma psicótico como el índice de un proceso oculto. Por el contrario, dice que en ninguna parte el síntoma, si se lo sabe leer, está más claramente articulado en la estructura misma que en la psicosis. Y esto es así en función del testimonio abierto que da el psicótico cuando se lo escucha. Se puede decir que en su síntoma no hay ninguna verdad que develar, nada sobre todo del orden del ocultamiento y la develación en el registro de lo metafórico, donde siempre queda algo bajo la barra, latente. Su síntoma participa en cambio de un trabajo de cifrado activo, de construcción, que espontáneamente tiende a realizar la psicosis, a partir del cual debe orientarse el analista. Se trata más bien de atender a las coordenadas lógicas que de descifrar lo oculto. En la psicosis no hay nada oculto en el sentido de la represión freudiana. Y lo forcluido no oculta nada, arroja más bien al significante en lo real, desde donde retorna abiertamente en el síntoma.

El sujeto de la Alucinación:  

El supuesto de un individuo, en tanto no divido, percipiens, que percibe unificadamente a su objeto, perceptum, es el soporte de la vieja teoría de la alucinación como percepción-sin-objeto-a-percibir. Lo percibido puede incluso ser erróneo, pero el percipiens es indiscutiblemente univoco. Es el ideal de la relación sexual puesto en términos de la fenomenología de la percepción mas ingenua.

La pregunta que introduce la alucinación en verdad es esta: ¿Qué clase de percipiens hay que suponer a un perceptum sin objeto? La psicología responde que se trata de un percipiens que no se atiene a “La” realidad, el loco padece un trastorno a nivel sensorial, cree ver u oír donde no hay nada para ver ni para oír. El psicólogo y el psiquiatra se resguardan así de la locura.  Para ellos está claro que hay “la” realidad, única, objetiva, abordable “científicamente”, y ellos encuentran sus referencias en esa realidad.

Seglas es el primero en adoptar una posición novedosa respecto al abordaje de las alucinaciones en su relación con el lenguaje. Despejado así el prejuicio de que las alucinaciones son sensoriales, introduce el dato clínico fundamental de que muchas alucinaciones supuestamente auditivas son acompañadas por musitaciones, movimientos fonatorios esbozados, movimientos de articulación del lenguaje (lo cual nos hace sospechar que el sujeto que escucha no se reconoce en la emisión que sin embargo lo implica). Las alucinaciones psicomotrices verbales pueden ser verbales sin ser auditivas, sin ser audibles tampoco. A veces el enfermo escucha voces, pero de adentro del cuerpo, no de afuera, en una suerte de “emancipación del lenguaje interior”. Por otra parte, las alucinaciones auditivas pueden serlo pero como en eco de la actividad del pensamiento.

Lacan extrae de este descubrimiento las consecuencias más urgentes para la clínica psicoanalítica: La cadena significante puede imponerse por sí misma al sujeto en su dimensión de voz, sin necesidad de que intervenga ninguno de los órganos de los sentidos. Es el mismo significante lo que se impone como voz equivoca. Por eso, más que denotar un perceptum erróneo, es al sujeto a quien la alucinación plantea como equivoco: ¿El sujeto es el que emite o el que escucha en la alucinación psicomotriz verbal?, ¿es el que piensa, el que escucha, o el que habla en las orejas del enfermo en la alucinación psicosensorial?

Hay casos en que la atribución subjetiva en juego en la alucinación es polifónica, como un coro de múltiples voces.

La tesis de Lacan es que la estructura propia del significante determina esa atribución subjetiva que, regularmente, es distributiva. La voz no es originariamente una percepción, sino que es un efecto del significante, uno de esos desechos arrojados al mundo por la existencia del significante a los que llamamos objeto a, y que son el soporte del sujeto. De un sujeto que no tiene otro substancia que la que le presta ese soporte. El sujeto se sostiene en esa cosa, en la voz, hasta el punto de ser inmanente a ella. No hay otra substancia más que el objeto a para soportar una parte del sujeto.

El significante se impone en su dimensión de voz, dimensión en que habita el sujeto, pero sin que eso garantice ninguna individuación, ninguna unificación operada por una sustancia única. Por el contrario, el significante en su dimensión de voz hace estallar al sujeto distribuyéndolo entre el oyente, el emisor, aquel al que el enunciado alude, etc., pero sin que eso nos autorice a hablar de varios sujetos - el sujeto se escinde-.

Lo esencial de la alucinación es el fenómeno de lenguaje, el único que permite cernir la posición o las posiciones del sujeto. El fenómeno encuentra en el lenguaje sus coordenadas de estructura. El sujeto se concibe entonces como una estructura vacía, sin contenido ni significación, que es representado por el significante del enunciado, pero que participa al mismo tiempo del emisor y del receptor en la enunciación del significante. Así se entiende que el escuchar y el hablar sean el derecho y el revés del mismo acto, el acto en que el sujeto se distribuye entre las personas (entendidas como mascaras) que pueblan el fenómeno alucinatorio. Esas personas que pueblan la alucinación son, antes que nada, el efecto de atribución subjetiva que induce el significante en lo real, el significante que no significa nada.

La subjetividad es algo que se encuentra en lo real, más allá de la realidad que se comprende. El sujeto es una criatura que el significante introduce como efecto en lo real, y que parece diferenciarse de los elementos de lo real que estudia la física por ser un efecto de significación.

El sujeto, efecto de significación:

El sujeto es por un lado un operador estructural vacio de significación, pero también, contradictoriamente, es efecto de significación. Se suma el hecho de que el significante que produce ese efecto de significación llamado sujeto es el significante asemántico. Voy a explicarlo.

En la neurosis los significantes significan en relación a otros, y lleva mucho tiempo llevar al neurótico hasta el punto en que ha de reconocer que el significante, para salir del reino del fantasma y alcanzar lo real, debe pagar el precio de una perdida completa de significación. Lo real y la significación se excluyen mutuamente. Es decir que desde este punto de vista, el neurótico logra recién al final del análisis lo que para el psicótico esta en cierto sentido ya dado desde el comienzo.

En el dominio de la neurosis el significante parece representar al falo en vez de representar al sujeto. En lo inconsciente el sujeto se identifica al falo, por eso teme la castración

En las psicosis, en cambio, el significante no significa nada, y es a ese precio que se descubre al sujeto como eso que viene al lugar de la significación –sin tenerla-. El psicótico es entonces un sujeto al que la significación fálica no sustituye, no enmascara. El sujeto, como efecto de significación, es respuesta de lo real. El sujeto es lo que en lo real responde como significación a la intrusión del significante asemántico. En la neurosis en cambio, lo que responde a la intrusión del significante en la realidad (es decir en el fantasma, que tapa lo real) es la significación fálica.

El hecho de que el sujeto sea efecto del significante no quiere decir sin embargo que sea meramente un espejismo, juego de palabras, o la representación de algo ausente. Porque una vez creado por el lenguaje, el sujeto entra en lo real del goce del cuerpo. Y entra allí por la función del síntoma. Ya que el síntoma puede definirse como aquella parte del goce del cuerpo que resiste a la civilización que le impone el discurso, aquella parte del goce que no se adapta al lazo social –es el principio por el cual no podría existir un sujeto asintomático, y es también el motivo por el cual ninguna psicoterapia, ni siquiera la analítica, tendrá jamás une éxito completo y duradero en la curación del síntoma.

Por eso el significante del síntoma no es un significante cualquiera, sino que desaloja a los otros significantes de la representación del sujeto, cuando este deja de ser solamente el sujeto del significante para ser también el sujeto del goce. Y hasta se puede decir que el síntoma es el nombre autentico del sujeto, su nombre de goce, su autentico representante.

COMENTA
RELACIONADOS
ÚLTIMAS ENTRADAS