La clinica de Las Psicosis: I Parte

El analista ha debido pasar, en la experiencia de su propio análisis, por su fantasma, lo ha atravesado y ya sabe en carne propia que el sentido común no conduce a lo real, que el sentido común engaña, que quien se ata al sentido común permanece en la realidad de los fantasmas compartidos, los más comunes, los mas banales, los mas estériles.

De la Cura a la Clínica de las Psicosis El sujeto dividido:

Párrafos seleccionados del libro de Lombardi, G.; La Tessa, M.; Skiadaressis, R.: “La clínica del psicoanálisis. Las psicosis. Volumen 3” Atuel, Bs. As. 2009.

La división del sujeto es lo primero que buscamos en las entrevistas preliminares a cualquier tratamiento posible. Se evidencia en el conflicto, en el síntoma, en tanto formación de compromiso entre un goce que el sujeto conserva y un deseo que exige desembarazarse parcialmente de ese goce.

En Lacan el sujeto es efecto del  significante, no hay sujeto concebible si no es como efecto del lenguaje. No hay sujeto para el psicoanálisis si no es en cierto tipo de ser viviente que se especifica por hablar. El sujeto es lo que el significante representa, lo que cada significante representa para otro significante cualquiera. Lo que cuenta para el psicoanálisis es que cada significante que interviene en un síntoma, en un sueño, en un lapsus, o en la asociación libre, cada significante representa al sujeto, y no representa a nada más que a él aún si alude a otras cosas.

Pero ese sujeto introducido en lo real por obra y gracia del lenguaje, debe acomodarse a una situación particular de su ser en el mundo: que está atado a un cuerpo, y a un cuerpo viviente, que es un lugar de goce. Ese es su pecado original y es su infierno en el más acá.

Un sujeto surgido del lenguaje debe acomodarse a la situación de ser además un sujeto del goce, por estar como sujeto del lenguaje insertado en un viviente que padece los efectos de ese lenguaje: eso lo divide irremediablemente. Cada vez que intente unificarse por lo que el significante dice que él es (y que hace de él un sujeto ideal), como sujeto del goce va a expresarse inadecuadamente. Porque representación ideal y goce se excluyen. Desde el punto de vista del significante, el sujeto del goce es un objeto a, vale decir, un desecho.

Hay un saber, inconsciente, en el delirio, pero un saber que el psicótico padece en carne propia, en su cuerpo, en donde ese saber pisa, invade, duele, mortifica, y si lo que introduce es un goce, ay!, es un goce mas allá de los límites de lo placentero. Y es un saber que en parte el desconoce aun cuando lo determina y lo afecta.

Lacan discernió un déficit en el polo metafórico del lenguaje en el psicótico. Con eso explica, en el Seminario III, los trastornos del lenguaje del psicótico, del tipo de los neologismos, trastornos que se sitúan exactamente en el lugar de la metáfora ausente.

El neurótico necesita al analista porqué se contradice todo el tiempo, y ni siquiera se da cuenta de que se contradice. El psicótico en cambio no tiene ese problema, no necesita al analista para que revele lo que se le oculta, sus propias contradicciones que desconoce.  El psicótico, por la manera en que con el delirio trabaja a partir de su síntoma, no necesita que venga otro a decirle que en tal punto de la lógica de su discurso se ha equivocado, porque su relación con lo inconsciente es distinta. El psicótico puede testimoniar de un inconsciente al que no afecta ninguna latencia, y hasta puede rigorizar las leyes de lógica blanda del inconsciente -que según Freud desconoce la contradicción.

Por eso el psicótico es un mártir del inconsciente (mártir quiere decir "testigo" en griego), del inconsciente que es efecto del lenguaje, y Lacan precisa que el del psicótico es un testimonio abierto, mientras que el del neurótico es un testimonio cubierto, que es necesario descifrar.

La advertencia de Lacan respecto de que no se debe comprender demasiado rápido va en el sentido de que primero se debe escuchar y se debe colaborar no comprendiendo resistencialmente antes de tiempo.

Para Lacan el significante es opaco, no significa nada sin no es por su referencia a otros significantes. La potencia clínica de ese método de Lacan, de interrogar al sujeto sobre su síntoma, con la seguridad de que el significante del síntoma representa al sujeto, aun si no se encuentra el significante "para" (otro significante), como por ejemplo en el caso del neologismo que se cierra sobre sí mismo en el trabajo de significación.

En las psicosis los significantes no significan lo mismo que en las neurosis, donde el fantasma permite entender todo en los términos de la significación fálica. El fantasma, en la neurosis, explica que me quiere el Otro en términos que incluyen la significación fálica traspolada al registro oral, escópico, etc. ¿Qué me quiere el Otro? me quiere como una asquerosa rata hinchada, que es el equivalente del falo.

¿Qué sucede cuando algo no entra en el marco de nuestra realidad psíquica, cuando no entra en el marco de nuestro fantasma? Lo desterramos, como raro o como loco.

El analista ha debido pasar, en la experiencia de su propio análisis, por su fantasma, lo ha atravesado y ya sabe en carne propia que el sentido común no conduce a lo real, que el sentido común engaña, que quien se ata al sentido común permanece en la realidad de los fantasmas compartidos, los más comunes, los mas banales, los mas estériles.

COMENTA
RELACIONADOS
ÚLTIMAS ENTRADAS
Como reinventarse cuando se está cansado de repetir patrones internos

Para innovarse hay que crear y dejar de protestar y abrirse al cambio profundo.

Te puede interesar