Perversiones en la obra de Freud (II parte)

Niños y perversos hacen necesaria la extensión del concepto de sexualidad. Es genitalidad y tambien algo más allá de lo genital. La sexualidad ya no sólo es entendida como genitalidad sino construyendo un campo donde el sexo quedará aislado del Saber. (Masotta, Lecciones de Introducción al Psicoanálisis, 2006).

Freud y el discurso del Amor: El amor por lo aberrante

Freud comienza sus tres ensayos describiendo la concepción vulgar de la sexualidad. Esta consistiría en creer que falta en la infancia, que sólo advendría en la epoca de la pubertad, tras el proceso de maduración y que se determinaría en la vida adulta a través de la unión sexual. Su manifestacion cultural y de época resultó convenir en un objeto - el sexo opuesto - y un fin – el coito. Situación que no representa nuestra actualidad: más de 1 objeto – más de 1 fin.

Siguiendo esta opinión vulgar no podríamos concebir ni entender como es que hay hombres que tienen sexo con muertos, con mascotas, con bebes, con insectos, torturandose e inflingiendose dolor a ellos o a su pareja y sin aburrir con la lista de parafilias, ¿que explicación de ello? Aún más, “…ni siquiera el interes sexual exclusivo del hombre por la mujer es algo obvio, sino un problema que requiere esclarecimiento…” (Freud, 1905, p. 132). Freud esta en la pista, no dar nada por obvio, o en nuestros tiempos: por natural.

Entonces es del orden de la experiencia lo que nos lleva a descubrir la existencia de numerosas desviaciones respecto al objeto sexual (invertidos, pedófilos, fetichistas y zoofílicos) y respecto de la meta sexual.

Este capítulo, según señala Masotta (2006), “hace” historia y ningún “trabajador de la salud mental” debería ignorarlo. Es a partir del primero de los “Tres ensayos” que las perversiones cobran racionalidad y quedan integradas a una teoria sobre los trastornos psiquicos o a un discurso sobre sufrimientos y terapias.

Massotta (2006), concluye:

Es la primera vez que tal tipo de discurso – el discurso psicoanalitico- se constituye sin necesidad de expulsar a las perversiones sexuales de su campo. (…) Antes de Freud o en tiempos de Freud existian ya “tratados” sobre la sexualidad. Por ejemplo, la famosa Psichopathia Sexualis de Kraft-Ebing, o los trabajos de Havellock Ellis. Pero en aquellos textos no se hacía más que describir los infinitos tipos de perversiones: un listado de todas las posiblidades sexuales perversas. Pero eran descripciones, realizadas desde afuera: las perversiones mismas no adquirian gracias a esas descripciones, mas alla del escandalo de su existencia, ningún interés. (p. 23)

Es la indagación sobre las aberraciones sexuales, en especial las inversiones, las que conducen a Freud a poder definir la noción de “Pulsión” en diferencia con el “instinto animal” que sabe de su objeto. Y en esta linea todo el biologisismo queda “garantizado” de saber. Situación que ya muchos, paradojicamente, saben que no es cierto que tenga garantias de su saber. El lastre histérico que dejó el psicoanalisis hace abuso de ese ultimo discurso y arrastra como conclusion (no lógica) que el sujeto no trae consigo, de manera innata e instintiva, el enlace de la pulsion con un objeto determinado. Situación que deja en evidencia la ausencia de lectura de la propuesta freudiana sobre las series complementarias. Apelar a una disyuncion tal entre psique y soma, es hoy en día, el viejo y siempre nuevo lastre posfreudiano (incluye a los lacanianos).

Massotta (2006) vuelve sobre la pista: “…de la misma manera que la pulsión no conduce al objeto, tampoco la palabra conduce a lo que ella significa”.

La naturaleza de la pulsión sexual es tan variada que Freud sugiere pensar del lado del objeto, en una rebaja. Es una linda metáfora económica que los marxistas lacanianos tomaron como referencia para relacionar el psicoanalisis y el marxismo.

Y la posicion de Freud es clara:

Razones estéticas querrían atribuir insania a aquellos individuos que mantienen comercio sexual con niños y animales, pero la experiencia no permite observar perturbaciones diferentes de la pulsion sexual que las halladas en personas sanas. “Yo opinaria que este hecho, que resta explicar, indicaria que las mociones de la vida sexual se cuentan entre las menos dominadas por las actividades superiores del alma, aún en las personas normales.” (Freud, 1905, p. 135)
 

En una nota agregada, de 1910, Freud propone como diferencia entre la vida sexual de los antiguos y la nuestra, el hecho de que en un caso se pone el acento sobre la pulsión misma (antiguos) y en otro, sobre el objeto (capitalistas).

“Ellos celebraban la pulsión y estaban dispuestos a ennoblecer con ella incluso a un objeto inferior, mientras que nosotros menospreciamos el quehacer pulsional mismo y lo disculpamos sólo por las excelencias del objeto”. (Freud, 1905, p. 136).

La actualidad de este parrafo freudiano nos hace seguir leyendolo.

Freud (1905) advierte que si la meta sexual normal es el coito, ya en el acto sexual más normal se anuncian los esbozos de aquello que lleva a las aberraciones que han sido caracterizadas como perversiones.

Freud construye una hipótesis: si existen ciertas condiciones externas o internas que dificultan el logro de la meta sexual normal, la inclinación a fijaciones de metas sexuales provisionales podría reforzarse. El modelo de esto se encuentra en el acto sexual normal: serían los placeres preliminares del coito.

Ciertas maneras intermedias de relacionarse con el objeto sexual, como el palparlo y mirarlo, se reconocen como metas sexuales preliminares.

“El placer de ver se convierte en perversión cuando se circunscribe con exclusividad a los genitales; se une a la superación del asco (voyeur: el que mira a otro en sus funciones excretorias), o suplanta a la meta sexual normal, en lugar de servirle de preliminar. Este último caso es el de los exhibicionistas.”  (Freud, 1905, p. 142).

En este pequeño parrafo Freud delinea las coordenadas del campo de la perversion: exclusividad en lo genital, superacion del asco y un aumento de excitación más allá del principio de placer.

En una nota agregada, de 1920, Freud describe a la «compulsión exhibicionista» dependiente del complejo de castración, en tanto se insiste una y otra vez en la integridad de los propios genitales (masculinos) y se repite la satisfaccion infantil por la falta del miembro en los de la mujer. La lógica pareceria ser mostrarse frente a quien no lo tiene.

La meta sexual se presenta en una «doble configuracion» activa y pasiva: mirar y ser mirado. El poder que puede contraponerse al placer de ver es la vergüenza

Las metas sexuales normales arriban gracias al camino abierto por la perversión. Lo normal, no es sin la perversión. Lo perverso se vuelve algo normal en tanto que es regular.

Por ejemplo, el contacto de las dos mucosas labiales, que se le ha otorgado en muchos pueblos un elevado valor sexual, no son partes del cuerpo que pertenezcan al aparato sexual, sino que constituyen la entrada del tubo digestivo. Mas no por ello dejan de integrase a la sexualidad.

 

Leer Primera Parte: 

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/686/name:Perversiones-en-la-obra-de-Freud-I-parte

Leer Tercera Parte:

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/688/name:Perversiones-en-la-obra-de-Freud-III-parte

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