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"Las Doctrinas Yogas" -Punto de Partida-, por Mircea Eliade (Segunda Parte)

Proponemos a los calificados lectores de Salud y Psicología, la Segunda (y última) Parte del docto ensayo introductorio a las "Doctrinas Yogas", del egregio Historiador de las Ideas y de las Creencias Religiosas rumano Mircea Eliade. Inútil decir la importancia que tiene (en el Yoga "más conocido" por nosotros en Occidente) la obra del pensador hindú Patanjali, el "Yoga Sutra". Continuamos:

Pero Patanjali no es el creador de la "filosofía" Yoga, como tampoco es -ni podía ser- el inventor de las técnicas yoguis. Él mismo confiesa ("Yoga-Sutra", 1º, 1) que no hace más que publicar y corregir ("atha yoganusasanam") las tradiciones doctrinarias y técnicas del Yoga. Las sociedades exclusivas de ascetas y místicos indios, ya conocían, en efecto, mucho antes que él, las prácticas yoguis. Entre las recetas técnicas conservadas por la tradición, Patanjali ha elegido las ya verificadas por una experiencia secular. En lo concerniente a los cuadros teóricos y el fundamento metafísico que Patanjali otorga a esas prácticas, su aporte personal es mínimo. No hace más que retomar, a grandes rasgos, la filosofía Samkhya, ordenada por él en base a un teísmo bastante superficial, donde exalta el valor práctico de la meditación. Los sistemas filosóficos Yoga y Samkhya son tan parecidos que la mayoría de los conceptos expresados por uno son válidos para el otro. Las diferencias esenciales son escasas: 1º) mientras el Samkhya es ateo, el Yoga es teísta, ya que postula la existencia de un Dios supremo (Isvara); 2º) mientras que, según el Samkhya, el único camino hacia la salvación es el del conocimiento metafísico, el Yoga otorga considerable importancia a las técnicas de la meditación. En resumen, el esfuerzo verdadero de Patanjali fue dedicado a la coordinación del material filosófico -sacado del Samkhya- concerniente a las recetas técnicas de la concentración, la meditación y el éxtasis. Gracias a Patanjali, el Yoga, que era de tradición mistica, se convirtió en un "sistema de filosofía".

La tradición hindú considera al Samkhya como al "darsana" más antiguo. El significado del término "samkhya" parece haber sido "discriminación", siendo el objeto principal de esta filosofía el disociar el espíritu ("purusa") de la materia ("prakrti"). El tratado más antiguo es la "Samkhya Karika", de Isvarakrisna: la fecha no ha sido aún definitivamente establecida, pero de ningún modo puede ser posterior al siglo V después de Cristo. Entre los comentarios de "Samhkya Karika" el más útil es "Samhkya tattva-kaumudi", de Vacaspatimisra (siglo XI). Otro texto importante es el "Samhkya-pravacana-sutra" (probablemente del siglo XIV) con comentarios de Anirudha (siglo XV) y de Vijnanabhiksu (siglo XVI). No debemos exagerar, por cierto, la importancia de la cronología de los textos Samhkya. En general, todo tratado filosófico hindú comprende conceptos anteriores a la fecha de su redacción, a menudo muy antigua. Si encontramos en un texto filosófico una interpretación nueva, no significa por eso que no haya sido encarada anteriormente. Lo que parece "nuevo" en los "Samhkya Sutra" puede tener, muchas veces, innegable antigüedad. Se ha concedido una importancia excesiva a las alusiones y polémicas que eventualmente se descubren en esos textos filosóficos. Tales referencias pueden muy bien tener por objeto opiniones mucho más antiguas que aquellas a las que parecían referirse. Si bien es posible precisar, en la India -donde es más difícil que en otros pueblos- la fecha de redacción de los diferentes textos, mucho más difícil es establecer la cronología de las ideas filosóficas mismas. Tal como el Yoga, el Samhkya tuvo también una prehistoria. Muy probablemente, el origen del sistema debe ser buscado en el análisis de los elementos constitutivos de la experiencia humana, con el objeto de distinguir aquellos que en la hora de la muerte abandonan al hombre, y aquellos que son "inmortales", en el sentido de que acompañan al alma en su destino de ultratumba.

 

Equinox "Yoga" from Starworks Group on Vimeo.

 

Un análisis semejante se encuentra ya en el "Satapatha Brahmana" (X, 1, 3, 4); divide al ser humano en tres partes "inmortales" y en tres mortales. En otras palabras, los "orígenes" del "Samhkya" están unidos a un problema de carácter místico, a saber: "lo que subsiste del hombre después de la muerte", lo que constituye el verdadero Yo, el elemento inmortal del ser humano.

Una larga controversia, que aún se prolonga, interesa a la persona misma de Patanjali, el autor del "Yoga-Sutra". Ciertos comentaristas indios (el rey Bhoja, Cakrapanidatta, el comentarista de Caraka en el siglo XI, y otros dos del siglo XVIII) lo identificaron como Patanjali, el filósofo que vivió en el siglo II antes de Cristo. La identificación fue aceptada por Liebich, Garbe y Dasgupta y rechazada por Woods, Jacobi y A. B. Keith. De cualquier modo, en definitiva, esas controversias acerca de la edad de los "Yoga-Sutra" son de escasa importancia, puesto que las técnicas de la ascesis y la meditación expresadas por Patanjali son por cierto de considerable antigüedad; no forman parte de sus descubrimientos, ni de los de su tiempo; habían sido probados muchos siglos antes que él. Por otra parte, los autores indios raramente presentan un sistema personal: en la gran mayoría de los casos se contentan con formular las doctrinas tradicionales en el lenguaje de su época. Esto se verifica en forma más típica aún en el caso de Patanjali, cuyo único objetivo es el de compilar un manual práctico de técnicas antiquísimas. Vyasa (siglo VII-VIII) ha hecho un comentario sobre esto, el "Yoga-bhasya", y Vacaspatimisra (siglo IX), una glosa: "Tattvavaisaradi" que ocupan un lugar preponderante entre las contribuciones a la comprensión de los "Yoga-Sutra". El rey Bhoja (principios del siglo XI) es el autor del comentario "Rajamartanda", y Ramananda Sarasvati (siglo XVI) escribió "Maniprabha". Finalmente, Vijnanabhiksu hizo mención de la "Yoga-bhasya", de Vyasa, en su notable tratado "Yoga-varttika".

Para el "Samkhya" y el "Yoga", el mundo es "real" (no "ilusorio", según la concepción del "Vedanta"). Sin embargo, si el mundo "existe" y "perdura", lo debe a la "ignorancia" del espíritu: las innumerables formas del Cosmos así como su proceso de manifestación y desenvolvimiento, sólo existen en relación con la medida en que el espíritu, el Yo ("purusa") se ignora, y a causa de esta ignorancia de orden metafísico, sufre y se esclaviza. En el momento preciso en que el último Yo haya encontrado su libertad, recién entonces la creación, en conjunto, se reabsorberá en la substancia primordial.

Es en esta afirmación fundamental (más o menos explícitamente formulada) según la cual el Cosmos existe y perdura gracias a la nesciencia del hombre, que podemos encontrar la causa de la depreciación de la Vida y del Cosmos; depreciación que ninguna de las grandes construcciones del pensamiento hindú pos-védico ha tratado de disimular. A partir de la época de los Upanishad, la India rechaza el mundo "tal cual es" y desvaloriza la vida tal como se revela a los ojos del sabio: efímera, dolorosa, ilusoria. Un concepto como éste no conduce ni al nihilismo, ni al pesimismo. Se rechaza "este" mundo y se desprecia "esta" vida, porque se sabe que existe "otra cosa", más allá del devenir, de la temporalidad, del sufrimiento. En términos religiosos, casi se podría decir que la India rechaza el Cosmos y la vida "profunda", porque anhela un mundo y un modo de ser "sagrados".

 

Yoga Flow from Dylan Glynn on Vimeo.

 

Los textos hindúes repiten hasta la fatiga esta tesis, según la cual la causa de la "esclavitud" del alma, y como inmediata consecuencia el origen de infinitos sufrimientos, reside en la "solidaridad del hombre con el Cosmos", en su participación, activa o pasiva, directa o indirecta, en la Naturaleza. Aclaremos: la solidaridad con un mundo "no sagrado" comporta participación en una Naturaleza "profana". "¡Neti!" "¡Neti!" exclama el sabio de los Upanishad: ¡No! ¡no!; Tú no eres "esto", ni tampoco "esto otro". En otras palabras; tú no perteneces al Cosmos en decadencia, "tal como lo ves ahora", no eres arrastrado necesariamente a "esta" Creación; decimos necesariamente, en virtud de la ley propia de tu ser. Pues el "Ser" no puede mantener relación alguna con el "no-ser"; ahora bien, la Naturaleza no posee una realidad ontológica verdadera: es, en efecto, devenir universal. Toda forma cósmica, por más compleja y majestuosa que sea, termina por disgregarse: el mismo Universo se reabsorbe periódicamente, por "grandes disoluciones" ("mahpralaya") en el molde primordial ("prakrti"). Ahora bien, todo lo que llega a ser, se transforma, muere, desaparece, no pertenece a la esfera del ser; expliquemos una vez más, no es "sagrado". Si la solidaridad con el Cosmos es la consecuencia de una desacralización progresiva de la existencia humana y, en consecuencia, de una caída en la ignorancia y en el dolor, el camino hacia la libertad nos lleva necesariamente hacia una "des-solidarización" para con el Cosmos y la vida profana. (En ciertas formas del Yoga tántrico, esta des-solidarización es seguida por un esfuerzo desesperado de "resacralización" de la existencia).

Y sin embargo, el Cosmos, la Vida, tiene una función ambivalente. Por un lado, proyectan al hombre en el sufrimiento y, gracias al "karma", lo incluyen en el ciclo infinito de las transmigraciones; por otra parte, lo ayudan, indirectamente, a buscar y a encontrar la "salvación" del alma, la autonomía, la libertad absoluta ("moksa", "mukti"). Más sufre el hombre, en efecto, es decir que más solidario es con el Cosmos, más le invade el deseo de liberación y más le atormenta la sed de salvación. Las ilusiones y formas cósmicas se ponen, de esa forma -y eso en virtud y no a despecho de su magia propia, y gracias al sufrimiento que incesantemente alimenta su infatigable devenir- al servicio del hombre, cuya finalidad suprema es la liberación, la salvación. Desde Brahman hasta la simple brizna de hierba, la Creación ("srsti") es para el bien del alma, hasta que se llegue al conocimiento supremo". ("Samkhya-Sutra", III, 47). El conocimiento supremo, es decir la liberación no sólo de la ignorancia, sino también y en primer lugar, del dolor, del sufrimiento.

 

Leer Primera Parte: http://www.saludypsicologia.com/posts/view/662/name:Las-Doctrinas-Yogas-Punto-de-Partida-por-Mircea-Eliade-Primera-Parte

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Raúl Adorni
Apuntes de un lector incurable (o una placentera forma de TOC). Estudiante Avanzado de Filosofía y Letras. Amante de los animales. Vive y trabaja en Rosario, Argentina.