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"Picasso" por Herbert Read

A continuación transcribimos del libro "Cartas a un joven pintor" (Editorial Siglo XX, año 1964), del filósofo, poeta, político, lúcido erudito y crítico de Arte y Literatura Herbert Read (1893-1968), la breve e intensa semblanza que hace de Pablo Picasso. Imperdible resulta el episodio en el que el genial malagueño les responde, días después de acabada la Segunda Guerra Mundial, a quienes le estaban enseñando unos dibujos infantiles enviados a París por el consejo Británico. ¡Que lo disfrute el lector!

"Picasso es un gran artista que ha sobrevivido a la prueba del envejecimiento. Es como una fuente de inagotable flujo. Pero aún podemos continuar utilizando la imagen, porque es como una de esas fuentes iluminadas cuyos colores cambian constantemente. Su vitalidad, su sorprendente frescura, se debe quizás al hecho de que domina media docena de medios, y más de una docena de estilos. Puede desviar su enorme energía espiritual de un medio como la pintura a otro como la escultura, del grabado a la cerámica, y es capaz de expresarse en cualquier material... si es necesario, utilizando los deshechos del canasto de los papeles. En cuanto a su estilo, puede ser realista o abstracto, impresionista o expresionista, tan clásico como el de Rafael o tan romántico como el de Delacroix. A la larga esta versatilidad puede convertirse en argumento contra el autor; la integridad de propósitos y la consecuencia estilística pueden implicar valores más perdurables, y recientemente hemos visto a algunos críticos que elogiaban en Braque estas mismas cualidades, en desmedro de Picasso. Pero Picasso ha sido algo más, y ciertamente algo más grande que un pintor.

Ha sido el representante de una época. De una época de dudas y de desintegración, de guerras y de revoluciones, de nuevas aspiraciones humanas de justicia y de felicidad, y no recordamos ningún otro nombre, excepto quizás el de un hombre de ciencia como Einstein o el de un estadista como Lénin, que en este sentido sea tan significativo. Es un hombre de nuestro tiempo, simultáneamente profundo y juguetón, trágico e inconsecuente, destructivo y creador, y en todos sus actos y expresiones, en todo lo que hace, hay un sentido de magia, un instinto prodigioso, y sobre todo una grave preocupación por la verdad, por la alegría y por la belleza.

He visto a Picasso sólo dos o tres veces, de modo que no poseo un conocimiento íntimo de su personalidad. Pero cierto incidente al que asistí revela su temperamento y sus objetivos. Poco después del fin de la segunda guerra mundial le estaban mostrando una exhibición de dibujos infantiles enviados a París por el Consejo Británico. Picasso contemplaba los dibujos lenta y cuidadosamente, y al fin dijo: "Cuando tenía la edad de estos niños, yo pintaba como Rafael; ¡me llevó muchos años aprender a pintar como estos niños!"

Picasso fue hijo de un profesor de arte: se desarrolló en un medio artístico, y pintó a temprana edad. Todavía hay cuadros que pintó a temprana edad. Todavía hay cuadros que pintó a la edad de catorce o quince años, y que son prodigios de habilidad. Pero Picasso llegó a comprender (y ese es el aspecto decisivo de su genio) que la habilidad no es suficiente, y que un gran artista debe conservar su condición infantil, en el sentido de que debe ver con inocencia el mundo, y debe expresarse con espontaneidad. No es fácil conciliar ambas exigencias; ser espontáneo implica a menudo liberar desconcertantes pesadillas alojadas en el inconsciente, y dichas pesadillas no suelen cohabitar de buena gana con corderos inocentes. Lograr que la pesadilla repose al lado del cordero... tal es, por así decirlo, el mágico poder concedido a un gran genio, y Picasso posee en abundancia esta capacidad."


"Cartas a un joven pintor", Herbert Read, páginas 141 y 142.

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Raúl Adorni
Apuntes de un lector incurable (o una placentera forma de TOC). Estudiante Avanzado de Filosofía y Letras. Amante de los animales. Vive y trabaja en Rosario, Argentina.