Estudios y Psicología del Psicópata

Quizá la característica principal y autónoma del psicópata, la diferencia última y "mortal" que distingue a la personalidad psicopática de las personalidades de la mayoría de los miembros "normales" de la población, es que a los psicópatas les importa un comino lo que sus conciudadanos piensen de ellos. Esto, en un mundo en el cual la imagen, la marca y la reputación son más sacrosantas que nunca - ¿Cuántos somos ahora, 500 millones en Facebook?

Párrafos seleccionados de Dutton, K. (2014) La Sabiduría de los Psicópatas. Todo lo que los asesinos en serie pueden enseñarnos sobre la vida. Buenos Aires, Ed. Ariel.

Hay cuatro tipos distintos de ondas cerebrales que van desde las ondas beta, durante los periodos de gran alerta, pasando por ondas alfa y theta, hasta las olas delta, que acompañan el sueño profundo. Esas ondas reflejan los niveles fluctuantes de actividad eléctrica en el cerebro en diversos momentos. En miembros normales de la población, las olas theta se asocian a estados letárgicos, meditativos o somnolientos. Sin embargo, en los psicópatas ocurren durante estados de vigilia normales. Incluso, a veces, durante estados de gran excitación.

El lenguaje, para los psicópatas, solo tiene una palabra de profundidad. No hay acotación emocional detrás. Un psicópata puede decir "te quiero", pero en realidad eso significa tanto para él como decir "tomaré una taza de té". Ése es uno de los motivos por los cuales los psicópatas se mantienen siempre tan fríos, calmados y serenos en condiciones de extremo peligro, y se mueven tanto por las recompensas y corren riesgos. Su cerebro, literalmente, está menos conectado que el nuestro.

Durante su entrevista, Ted Bundy, que rompió el cráneo a 35 mujeres durante un período de 4 años, a mediados de los setenta, aseguró, con esa sonrisa suya tan infantil y americana, que podía distinguir a una "buena" víctima sencillamente por la forma que tenía de andar.

Jim Kouri, vicepresidente de la Asociación Nacional de Jefes de Policía de Estados Unidos, lo explica de una manera similar. Rasgos que son comunes entre asesinos en serie psicópatas, observa Kouri, como un sentido muy elevado de la propia valía, capacidad de persuasión, encanto superficial, intrepidez, falta de remordimientos y manipulación de los demás, también los comparten los políticos y líderes mundiales. Individuos, en otras palabras, que no están acusados de ningún cargo, sino que se presentan para ocupar un cargo.

Los psicópatas son intrépidos, confiados, carismáticos, despiadados y centrados. Sin embargo, contrariamente a la creencia popular, no necesariamente violentos. Lejos de ser un caso facil (o eres un psicópata o no lo eres) hay, por el contrario, zonas internas y externas en esta afección. Tenemos un espectro de psicopatía a lo largo del cual cada uno de nosotros tiene su lugar, y solo una pequeña minoría de gente de la "lista A" reside en el extrarradio.

Joshua Greene, psicólogo de la Universidad de Harvard, pasó los últimos años observando cómo descifraban los psicópatas los dilemas morales, cómo respondían sus cerebros dentro de las diferentes cámaras de descomposición éticas. Lejos de ser uniforme, la empatía es esquizofrénica. Hay dos variedades distintas: caliente y fría.

Los dilemas morales impersonales se alojan en el córtex prefrontal y el cortéx parietal posterior (en particular el córtex paracingulado anterior, el polo temporal y el surco temporal superior), principalmente implicados en nuestra experiencia objetiva de la empatía fría: el razonamiento y el pensamiento racional. Los dilemas morales personales llaman a la puerta del centro de nuestras emociones, conocido como amígdala: el circuito de la empatía caliente

El patrón de activación neuronal, tanto en los psicópatas como en la gente normal, está muy bien relacionado con la presentación de dilemas morales impersonales, pero diverge espectacularmente cuando las cosas empiezan a ponerse un poco más personales. En el momento en que la naturaleza del dilema cruzase la frontera de lo impersonal a lo personal, yo presenciaría cómo su amígdala y sus circuitos cerebrales relacionados (el córtex orbitofrontal medial, por ejemplo) se iluminaban como una máquina del millón. Eso sería, en otras palabras, en el momento en que la emoción pusiese una moneda en la ranura. Pero en el psicópata solo vería oscuridad. El tenebroso casino neuronal estaría cerrado a cal y canto. Y el paso de lo impersonal a lo personal se llevaría a cabo sin incidentes. Incluso vuelan mucho mejor con un solo motor de empatía que con dos. Motivo por el cual son tan persuasivos, claro está.

¿Se podrían conectar los dos constructos, psicopatía y utilitarismo? Bartels y Pizarro se lo preguntaban. La respuesta fue un rotundo sí. Su análisis revelaba una significativa correlación entre un enfoque utilitario del problema del vagón (empujar al hombre gordo y tirarlo del puente) y un estilo de personalidad predominantemente psicopático.

En 2005, Belinda Board y Katarina Fritzon de la Universidad de Surrey llevaron a cabo una investigación para averiguar con toda precisión qué era lo que hacía triunfar a los líderes de los negocios. Sus análisis revelaron que un cierto número de los atributos psicopáticos eran más comunes en los líderes de los negocios que en los llamados criminales "perturbados", atributos como encanto superficial, egocentrismo, capacidad de persuasión, falta de empatía, independencia y concentración, y que la principal diferencia entre los grupos se encontraba en los aspectos más "antisociales" del síndrome: la ruptura de la ley, la agresión física y la impulsividad estaban mucho más altos en los criminales.

La zona limítrofe entre la psicopatía funcional y la disfuncional dependen no de la presencia de atributos psicopáticos per se, sino más bien de sus niveles y de la forma en que se combinan. Mehmet Mahmut y sus colegas de la Universidad Macquarie han mostrado recientemente que los patrones de disfunción cerebral (especificamente en relación con el córtex orbitofrontal, la zona del cerebro que regula la aportación de las emociones en la toma de decisiones) observados en ambos psicópatas, criminales y no criminales, exhiben diferencias de dimensión más que discretas. Esto, sugiere, significa que los dos grupos no deberían ser contemplados como poblaciones cualitativamente distintas, sino más bien, ocupando distintas posiciones en el mismo continuo neuropsicológico.

No todos los psicópatas son tan salvajes y antisociales como se nos podría haber hecho creer. De hecho, la conclusión más destacada del estudio de Board y Fritzon es que precisamente el aspecto "antisocial" del trastorno, comprendiendo los elementos de impulsividad e irresponsabilidad, es lo que "hace o deshace" al psicópata, aquello que lo codifica para la disfunción o el éxito.

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