El problema económico del masoquismo

Frente a las copiosas noticias sobre violencia de género, el alcance que tiene la red informática con la consecuente circulación y la fascinación por las pantallas, como horizonte de época, nos interrogaremos sobre los padecimientos actuales y sus alcances.

Freud presenta una de las dificultades de la práctica del psicoanálisis bajo un enunciado unívoco y cerrado que rezaría que todo lo anímico es consciente y que el psicoanálisis vendría a reorientar ese supuesto y a mostrar sus investigaciones sobre los procesos anímicos inconscientes, proclamando como un gran hallazgo el papel que cumplen las mociones pulsionales sexuales en las perturbaciones y en las creaciones culturales. Las sociedades y sus culturas les requieren a sus integrantes que estas fuerzas pulsionales sean sacrificadas y desviadas a una nueva meta, ahora bien si en este proceso sublimatorio que no siempre es totalmente exitoso, dichas mociones se rehúsan, ¿con qué nos encontramos?

“La sociedad no discierne amenaza mayor a su cultura que la eventual emancipación de las pulsiones sexuales y el regreso de ellas a sus metas originarias”.

Por lo tanto la condición del ingreso a la cultura implica un renunciamiento al placer o un cambio de meta del mismo, exigencia que al aparato psíquico le implica un trabajo y una cuota de padecimiento, equilibración que estará regida por el Principio de placer, guardián de nuestra vida anímica. Es decir advierte al aparato del peligro que le implica lo displacentero para reducir al máximo su excitabilidad. 

Freud y Moisés from FORT DA Films on Vimeo

En el problema económico del masoquismo Freud presenta su preocupación por la existencia de la aspiración masoquista en la vida pulsional de los seres humanos, si el dolor y el displacer dejan de ser advertencias para los individuos, el principio de placer queda cuestionado en su función, aunque la resolución la encuentra al distribuir lo cualitativo de las pulsiones, pero no sin conflicto, a diferentes principios (Nirvana, pulsión de muerte,  Placer, libido) e introduciendo el principio de realidad para las exigencias del mundo exterior. Igualmente Freud deja entrever que una cuota de carga de la libido quedaría flotando y lo encontramos distinguiendo tres formas del masoquismo, uno erógeno: condición a la que se sujeta la excitación sexual, uno femenino como una expresión de su naturaleza y uno moral como una norma de conducta. Establece el masoquismo moral como el más importante: la forma de un sentimiento de culpa inconsciente.

Resulta interesantísimo, en su eficacia del retorno a lo literario como fuente de material para análisis y no los cuadros nosográficos como única alternativa, Gilles Deleuze en su libro Lo Frío y lo Cruel (1967), describe el circuito masoquista tomado de una escena de las novelas de Sacher Masoch La mujer divorciada donde el placer sexual es aplazado en su máxima expresión para conducirse al encuentro de la identificación a un hombre sin sexualidad. Cualidad que Freud encuentra distintiva en el masoquismo moral con respecto al masoquismo erógeno:

“el masoquismo moral, es notable sobre todo por haber aflojado su vínculo con lo que conocemos como sexualidad”.

Fue Masoch el que introdujo el arte del suspenso, como mecanismo en la novela, no sólo por los ritos en sí mismos, sino porque la mujer verdugo suspende con frecuencia, el castigo físico. Dotando una imagen congelada que será reiterada en diferentes fondos escénicos, diferenciándose de la repetición acumulativa del sadismo. Repetición que se plasma en descripciones demostrativas cargadas de obscenidad y operando la negación como función activa y como idea fundamental, a diferencia de la obra de Masoch donde la denegación asume una función reactiva, las descripciones un carácter mítico y el suspenso como idea rectora.

“La distinción fundamental entre el sadismo y el masoquismo se muestra en los dos procesos comparados de lo negativo y la negación por un lado, de la denegación y lo suspensivo por el otro. Si el primero representa la manera especulativa y analítica de captar el instinto de muerte en tanto jamás puede ser dado, el segundo representa una manera completamente distinta, mítica y dialéctica, imaginaria.” 

Entrevista a J. Lacan (1972) from frente psicoanalitico on Vimeo.

Entonces, ¿por qué Freud considera estas modalidades como entidades complementarias? Según Deleuze no fue el único, otros como Havelock Ellis o Krafft-Ebing, encontraron tal relación, relación entre hacer el mal y padecerlo. En los personajes de Sade aparece una suerte de masoquismo, pero advirtiendo que la expiación de la culpa no es la meta, sino la certidumbre de la presencia de un goce como supremo. En tanto que en la obra de Masoch, el personaje sádico, más de las veces representado por la mujer-verdugo, pertenece al sistema masoquista: es un puro elemento del masoquismo perdiendo su subjetividad, es el doble del masoquista, la reflexión del masoquismo.

En el problema económico del masoquismo, bajo la tercera forma se le atribuye al sentimiento inconsciente de culpa una gran resistencia de reconocimiento de parte de los pacientes a causa de saber claramente lo que implica el padecimiento consciente de los remordimientos, por lo que Freud admite la importancia de trocar esta denominación a la de necesidad de castigo. El sentimiento de culpa es la expresión de la tensión entre el superyó y el yo, el yo reacciona ante los reclamos exigentes de su ideal. Sabemos que el superyó posee en su funcionar los caracteres parentales edípicos, la severidad, la vigilancia, el castigo y el yo se comporta bajo esos ideales para conservar el vínculo con las figuras paternas pero de manera desexualizada, las pulsiones se desmezclan y alcanzan una nueva meta.

¿Qué diferencia hay entre la conciencia moral y el masoquismo moral? En la conciencia moral se percibe el sadismo exacerbado del superyó, al que el yo se somete y en el masoquismo moral, al genuino masoquismo del yo, quien pide castigo, es decir la necesidad de ser castigado por un poder parental. Por lo tanto la pulsión de autodestrucción se hace presente, resistiendo a la cura. Como aparece en, una paciente que luego de un largo período de tratamiento, en el cual produce movimientos, que ella considera de suma importancia, interrumpe, hasta que un día tocando el timbre de mi consultorio se presenta con unas marcas en sus brazos aludiendo que su pareja se las había infligido y que necesitaba urgente retornar. En su relato aparece un gran sentimiento de culpa por una reciente pérdida económica, asociada a bienes heredados, afectando seriamente la relación con sus hijos y con su pareja. Bajo la verdad inconmovible que su madre no la quería y como consecuencia la creencia de  un derecho indiscutible, que por hacerse cargo de todo (su madre viuda y sus hijos); de que esos bienes pudieran ser utilizados  de manera indiscriminada, arrojó a la paciente al padecimiento del dolor físico como necesidad de castigo: no solamente el dolor infligido por la pareja sino también el sufrido anteriormente por una enfermedad cardio-pulmonar y una ganancia de peso que redundó  en una pérdida de imagen ideal. Dice Lacan:”Parto del límite, del límite del cual hay que partir en efecto para ser serio, es decir para establecer la serie de lo que a él se acerca…Cuando se tiene el usufructo de una herencia, se puede gozar de ella a condición de no usarla demasiado. Allí reside la esencia del derecho: repartir, distribuir, retribuir, lo que toca al goce. ¿Qué es el goce? Se reduce aquí a no ser más que una instancia negativa. El goce es lo que no sirve para nada. Asomo aquí la reserva que implica el campo del derecho al goce. El derecho no es el deber. Nadie obliga a nadie a gozar, salvo el superyó. El superyó es el imperativo del goce: ¡Goza!”

Lic. Verónica Lascar

La licenciada en psicología Verónica Lascar es egresada de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A). Trabaja como docente de nivel terciario y presenta amplia experiencia clínica. Pertenece a Intercartel, una institución psicoanalítica de Venado Tuerto.

Contacto: verolascar@hotmail.com

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