Adolescencia Tardía - por Peter Blos

La Adolescencia tardía se ha vuelto un problema social y cultural que cada familia debe soportar puertas adentro. Existen muchos jóvenes adultos que promedian los 25 - 35 años, que aún no se han ido de las casas de sus padres, dado que la renta y los gastos se vuelven imposibles de pagar en épocas de plena inflación. ¿Excusa, Comodidad, falta de iniciativa a la salida...? Algunos Interrogantes desde la óptica del Psicoanalista Peter Blos.

La adolescencia es un proceso de consolidación, llevado a cabo por el Yo. Se elaboran las funciones e intereses del ego. Se unifica formando el carácter y se adquiere una identidad y una posición sexuada.

Los residuos de cada fase libidinal, sobreviven y continúan existiendo en forma derivada, contribuyen a la formación de carácter. Las fijaciones proveen la especificidad de elección en términos de necesidades libidinales, identificaciones prevalentes y fantasías preferidas.

El trauma y su domino es una interminable tarea de la vida. Los efectos de un trauma tienen dos caras. La cara positiva es que al intentar revivirlo, se promueve el agenciamiento de la realidad. Los efectos pueden ser incorporados al yo y le prestan rasgos de carácter constantes. La cara negativa es cuando obstaculiza el progreso yoico. Nada se quiere repetir o recordar del trauma olvidado. Son reacciones defensivas que tienden a evitar el reencuentro y pueden culminar con una inhibición o fobia. Pero también estas tendencias forman el carácter (en tanto reactivo). Los remanentes de los traumas, relacionan el presente con un pasado dinámico y activo, promoviendo la capacidad historizante del yo.

El heredero de la adolescencia es el Ser: un conjunto de autorrepresentaciones estables y seguras que se manifiestan en la autoestima (Deseo de ser).

La Formación del Carácter:

1) Los rasgos de carácter se reconducen a las fijaciones pulsionales, que se transponen a este.

2) Lo reactivo, defensivo del yo, se traspone en carácter y puede ser ampliado, a pesar de su función original.

3) El destino de la libido de objeto: carácter narcisista o anaclitico

4) La influencia del ambiente, la cultura y la historia familiar imprime un estilo de vida pautado y preferente.

Lo que distingue a cada formación caracterológica es que hay en ella implícitamente una concordancia con el yo y una ausencia de conflicto (a diferencia del síntoma neurótico) así como una fijeza pautada de la organización caracterológica.

Se lo suele definir como el modo típico de reacción del yo frente al ello y al mundo externo o como el modo habitual de armonizar las tareas propuestas por las demandas interiores y por el mundo externo a traves del yo.

Un punto de vista adaptativo: El carácter tiene su origen en el conflicto, pero, a causa de su propia naturaleza, impide el surgimiento de la angustia señal a través de la codificación de las soluciones al conflicto. La formación del carácter es un proceso integrativo y como tal propende a la eliminación del conflicto y del surgimiento de angustia.

En la niñez se nos aparece como carácter una pauta de actitudes yoicas, estabilizadas mediante identificaciones, que pueden sufrir una revisión radical durante la adolescencia.

La distinción entre rasgos de carácter (que pueden ser orales, anales, uretrales y fálico-genitales) y carácter se corresponde con la línea demarcatoria que constituye, en el desarrollo, la adolescencia.

La función del carácter:

Mantiene la homeostasis psicosomática, regula la autoestima, estabiliza la identidad yoica y automatiza los umbrales y barreras, cambiantes ambos de acuerdo a la intensidad de los estímulos internos o externos. Esta función reguladora abarca también las fluctuaciones afectivas dentro de un margen tolerable.

La formación del carácter abarca toda la gama de soluciones, adaptadas o inadaptadas, frente a demandas evolutivas. Existen cuatro condiciones previas evolutivas sin las cuales la formación del carácter adolescente no puede seguir su curso y el logro de la adultez queda trunco:

1. La Segunda Individuación: El desasimiento de las investiduras libidinales y agresivas respecto de los objetos de amor y odio infantiles interiorizados. Estas elecciones de objeto regresan, vía identificación, a conformarse en núcleos yoicos alrededor de los cuales se aglutinan las experiencias posteriores.  La formación más decisiva es el superyó. Muchas funciones de adaptación y control pasan del superyó al ideal del yo, o sea, a una formación narcisista. El amor del bebe por sus progenitores es sustituido, al menos en parte, por el amor a sí mismo o a su perfección corporal. Se reeditan y revisan selectivamente, ahora con mayores recursos yoicos, posiciones pulsionales infantiles, antiguos conflictos y sus soluciones. La segunda individuación procede por vía de una reinvestidura regresiva de posiciones pregenitales y preedipicas. Ahora el yo es capaz de modificar el equilibrio entre el yo y el ello. Nuevas identificaciones (el amigo, el grupo) toman sobre si, de modo episódico o duradero, funciones superyoicas.

2. Traumas Residuales: El trauma es universal y siempre deja residuo. El proceso adolescente, incapaz de superar el efecto desequilibrador de este residuo, lo asimila a través de  la estabilización caracterológica, o sea, volviéndolo acorde con el yo. El efecto negativo del residuo es cuando se quiere negar su recuerdo o repetición y por la vía de evitaciones, fobias, compulsiones e inhibiciones lleva a la formación del carácter reactivo. En cambio los efectos positivos son tentativas de devolver al trauma su vigencia, reeditándolo, ligándolo en el yo y prestarse así a ser parte de uno de los rasgos del carácter como tendencias suyas. Es un logro integrativo, ya que una vez parte del yo deja de alertarlo una y otra vez mediante la angustia señal. Ha pasado a ser un organizador en el proceso de formación del carácter. Si se elude el trauma residual vía proyección, retorna desde el exterior y da por resultado un estado de temor de convertirse en víctima o victimario.

3. Continuidad Yoica: El mito familiar es impuesto desde afuera a diferencia de la novela familiar. Esta distorsión pone en tela de juico la validez de su propia percepción. Si el yo logra establecer una continuidad histórica reevaluando críticamente a los progenitores, restaura la integridad de los sentidos. Si este empeño falla algo queda incompleto, con un consecuente sentimiento subjetivo de desintegración y vulnerabilidad,  ya que en vez de tender  a la interiorización tendera a la desvinculación como defensa.

4. Identidad Sexual: El grado en que han sido cumplidos estos cuatro requisitos determinara que el carácter tenga una naturaleza autónoma o defensiva. El carácter de uno es como su propia casa, se acepta como el cuerpo, y lo que no gusta, está allí y se lo acepta. Desde la dependencia absoluta del bebe y la estabilidad protectora de un auxilio ajeno se pasa a la independencia relativa a traves de la formación del carácter que se encarga de interiorizar este ambiente protector dentro del yo, manteniendo un nivel más alto de integración y homeostasis.

Párrafos seleccionados del libro de Peter Blos "Psicoanálisis de la Adolescencia". Ed. Paidos. Cap. 3: Adolescencia tardía; y del libro "Transición Adolescente". Cap. 9: Formación del carácter en la adolescencia.

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