Del Neuropsiquiátrico a las Neurociencias

Existe una confusión, especialmente entre algunos psiquiatras biologicistas actuales, que consiste en entender al psiquismo sólo como una función de lo neuronal, no como un nivel de organización complejo que incluye, como parte de su complejidad, el sustrato del cerebro y el funcionamiento de la neurona y la sinapsis. El propio concepto de neuronal es una construcción de lo psíquico.

El ejercicio por el cual el enfermo es encerrado y controlado en una institución asilar responde a una lógica de poder, y hemos visto que ese poder es prioritariamente político, es decir, se trata de una decisión en primer lugar motivada por necesidades políticas. Se trata de controlar al loco que crea o puede crear situaciones disruptivas en la vida de la ciudad. Son los enfermos mentales que habitan en la ciudad los primeros en sufrir este destino. Es sobre la base de la decisión política y de este ejercicio de poder que el médico instalara luego su pretensión de un saber disciplinario sobre la locura.

Notemos que la decisión de internación, aun en la actualidad, pone habitualmente en acto esta lógica de poder, ya que el diagnostico de alienación, el cual a través del certificado del médico sanciona la internación, solo supone un saber practico empírico sobre la presencia de los síntomas de la locura, no un saber sobre las razones de la misma.

La internación psiquiátrica conserva siempre este rasgo distintivo: es primero una decisión dentro de una lógica de poder, el paciente no está en una relación simétrica con su médico, ya que debe someterse a su decisión. El médico fundamenta su diagnostico y esgrime un saber sobre la enfermedad que en lo esencial tiene un supuesto de objetividad, reflejado en el diagnostico de alienación y peligrosidad. Para cumplir este postulado de objetividad y el supuesto de su saber, debe dejar afuera de su observación lo esencial del drama del loco: su condición de sujeto.

Advenido a la condición de enfermo mental, su subjetividad queda reemplazada por esta nueva identidad de “alienado”.

Es desposeyéndolo de esta condición subjetiva que el psiquiatra “reduce” cada síntoma, cada percepción desviada del enfermo, a una causa objetiva radicada en su anatomía o en su funcionamiento cerebral. Afirmado el saber hipotético sobre la causa cerebral del trastorno, el psiquiatra cumple el postulado de objetividad, pero no supera por esto su ignorancia sobre las condiciones subjetivas de la enfermedad. La historia de la psiquiatría es un debate permanente entre los mismos psiquiatras y con otras disciplinas, acerca de esta objetividad supuesta y nunca demostrada, y sobre las razones de esta exclusión de la subjetividad en las que asienta su poder de decisión.

Lo esencial que queremos señalar es que cada dispositivo disciplinario, como dispositivo de poder, produce no solamente una subjetividad determinada sino también un individuo objeto de su saber y de su práctica.

Si para la medicina mental el sujeto que valora e interpreta es un obstáculo a su pretensión de objetividad, para la Salud Mental es este sujeto complejo el objeto de su conocimiento mismo. Esta diferencia ha tenido una larga historia en el desarrollo de la psiquiatría, expresado durante mucho tiempo en la oposición entre “organogénesis” y “psicogénesis”, debate sin resolución posible porque parte de un postulado ontológico que separa el cuerpo del alma.

El debate actual está ligado a la oposición, epistemológica y metodológica, entre una pretendida objetividad de la psiquiatría, que trata de sustentarse en los avances de las neurociencias, y un sujeto complejo, social y cultural, en el que basa sus conocimientos y sus practicas la Salud Mental.

El recientemente fallecido P. Ricoeur observa que la neurobiología trata de establecer una relación entre estructura y función, pero que la experiencia de lo vivido incluye el discurso que el sujeto tiene sobre sí mismo y su cuerpo, lo cual queda fuera de sus investigaciones. Este es el problema: esta experiencia subjetiva y su relación con la palabra del sujeto no se “explican” por las imágenes de las redes neuronales, ya que el discurso es siempre singular de ese sujeto.

La organización neuronal compleja es el sustrato de la función y la función es el indicador de la organización neuronal. No se trata de una relación de determinación, un nivel no es causa del otro, se trata de una relación necesaria de apoyo.

El problema es que la experiencia subjetiva es compleja y amplia, no es posible aislar un comportamiento, un pensamiento o un sentimiento, siempre es la experiencia de un “ser en el mundo”, y el aislar una función es forzar esa experiencia y falsearla, porque el sujeto vive esa función con toda la complejidad de su ser. Nuevamente se puede “modelizar” una experiencia aislada para hacerla accesible al método de la ciencia, pero la experiencia subjetiva de la vida no se puede “modelizar”, es compleja y singular en cada sujeto.

Por la vía del significativo aporte que las neurociencias han realizado a la producción de nuevos psicofármacos, cuya utilización benéfica en el tratamiento está transformando las posibilidades de recuperación y de convivencia social de muchos enfermos, los psiquiatras pretenden nuevamente una exclusión del sujeto a los fines de un mantenimiento de su poder tradicional.

Galende, E. Y Kraut. A.: “El sufrimiento mental: el poder, la ley y los derechos”. Parte I: Capítulo IV: El poder psiquiátrico y las razones para su control. Lugar Editorial. Bs. As. 2006

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