Promoción de la Salud (I parte)

El discurso de promoción de la salud no es homogéneo y presenta contradicciones que corresponden a intereses divergentes. Inspiradas en un pensamiento progresista, la medicina social, en América Latina, y la salud colectiva, en Brasil, desarrollaron una tradición crítica propia. La I Conferencia Internacional de Promoción de la Salud, en Ottawa, es considerada el marco fundador del movimiento de la promoción de la salud en el mundo.

Párrafos seleccionados de: Czeresnia, D. y Machado de Freitas, C., organizadores: “Promoción de la Salud. Conceptos, reflexiones, tendencias”: `Presentación’. Lugar Editorial – Bs. As., 2006.

Es creciente, en el discurso contemporáneo sobre el área de salud colectiva, la referencia a la idea de promoción de la salud. Esta constituye un elemento central de la llamada “nueva salud pública”, que abre significativamente el espacio de las acciones de salud al tomar como objeto el ambiente –local y global- en un sentido amplio.

La idea de la promoción de la salud se traduce en expresiones propias referentes a la realidad actual, como “políticas públicas saludables”, “colaboración intersectorial”, “desarrollo sostenible”. Se rescata la perspectiva de relacionar salud y condiciones de vida, y se resalta la cantidad de múltiples elementos –físicos, psicológicos y sociales- que están vinculados a la conquista de una vida saludable.

El termino promoción de la salud resurgió en las dos últimas décadas en países industrializados, particularmente en Canadá. Uno de los orígenes importantes de ese resurgimiento fue el cuestionamiento de la eficiencia de la asistencia médica curativa de alta tecnología. A raíz de la necesidad de controlar los costes crecientes del modelo biomédico, se abrió espacio para criticar el estrechamiento progresivo que este modelo produjo en la racionalidad sanitaria y en la recuperación del pensamiento medico social que enfatizaba relaciones más amplias entre salud y sociedad.

Análisis críticos apuntan que, en los fundamentos de las proposiciones de la nueva salud pública, se encuentran cambios en las estrategias de regulación estatal, objetivando la reducción del papel del Estado en el financiamiento de las acciones de salud y enfatizando la lógica del mercado. Se reforzarían, así, perspectivas de individualización, enmascarándose, mediante discursos que claman autonomía, el objetivo de delegar cada vez más a sujetos y grupos sociales específicos la tarea de cuidar de sí mismos.

El rescate del pensamiento médico social del siglo XIX ocurrió a partir de la década del ’70 del último siglo como un posicionamiento científico y político que estudio las relaciones entre salud y sociedad, caracterizando procesos económicos y políticos, como el origen de perfiles epidemiológicos complejos, propios de situaciones de intensa desigualdad.

Pablo Buss sitúa históricamente el concepto de promoción de la salud. Para el autor, este concepto gana más vigor en los últimos veinte años, particularmente en los países desarrollados, como una reacción a la medicalización creciente de la salud en la sociedad y en el interior de los sistemas de salud.

La discusión del concepto de promoción de la salud tiene como punto de partida el propio concepto de salud. Dina Czeresnia defiende la idea de que el concepto de salud no es científico. No hay una definición científica de salud, sino de enfermedad. Las prácticas de salud pública se organizan basándose en el concepto de enfermedad, no teniendo en consideración la distancia entre este concepto –construcción mental- y el enfermar –experiencia de vida. La autora llama la atención sobre como el discurso de promoción de la salud está sujeto a trampas por no construir una conciencia practica de los límites del conocimiento científico que le da soporte. No sería el caso abandonar los conceptos básicos que orientan la producción del conocimiento científico en salud, sino utilizarlos considerando su restricción. Incluso buscando ampliar la construcción de modelos científicos, la alternativa es revalorizar la aproximación complementaria con otras formas de lenguaje y aprehensión de la realidad, como el arte, la filosofía y la política.

Sandra Caponi concuerda con el punto de vista de que salud es un estado singular, imposible de ser definido y generalizado por medio de un concepto científico. La incorporación del riesgo en la perspectiva de la salud implica pensar críticamente el concepto de riesgo, central en la epidemiologia y en el discurso de promoción de la salud de la llamada “nueva salud pública”.

Naomar de Almeida Filho y Roberto Fernandes Silva Andrade, al proponer la construcción de una teoría general de la salud con estructura científica, polemizan sobre el punto de vista de que la salud no es susceptible de ser definida científicamente. Los autores desarrollan preliminarmente el concepto de Holopatogénesis (HPG), fundamental para viabilizar el principio de la integridad de las acciones de protección y recuperación de la salud, en el contexto de propuestas de promoción de la salud.

Teniendo como referencia las enfermedades sexualmente transmisibles, específicamente el SIDA, Ayres y colaboradores, argumentan que vulnerabilidad ha sido un término clave al permitir aproximaciones no restringidas a los agentes patogénicos específicos, riesgo, grupo de riesgo o comportamiento de riesgo. La vulnerabilidad considera la epidemia como totalidad dinámica, integrando susceptibilidad orgánica, aspectos de comportamiento, culturales, económicos y políticos, incluyendo también dimensiones programáticas de asistencia a la salud; transita por aspectos individuales, colectivos y contextuales, que acarrean mayor susceptibilidad a la infección y a la enfermedad, así como mayor o menor disponibilidad de recursos de todo tipo para protegerse de ambas. Esta acometida ofrece a los sujetos sociales mayor claridad respecto a los obstáculos materiales, culturales y políticos que los mantienen vulnerables. En esta perspectiva, trabajar con la idea de vulnerabilidad implica ampliar el enfoque educacional, central para los proyectos de promoción de la salud y prevención de agravios. El trabajo de Ayres y colaboradores ejemplifica, con mucha sensibilidad, como mediante el concepto de vulnerabilidad el riesgo puede ser comprendido de un modo más integrado. De manera compleja, la exposición al riesgo puede tener lugar en opciones positivas y afirmativas de la vida de los sujetos. Estar expuesto a riesgos no es solo un problema de comportamiento.

Freitas analiza cómo, a partir del final de los años 80 e inicio de los años 90 del último siglo, hubo un proceso de reestructuración del papel del Estado acompañado de endurecimientos fiscales, emergiendo en este contexto, una “crisis de la salud pública”. Esta, como parte de una crisis social y global, tiene como características el debilitamiento de los discursos sociales de la salud, de las propuestas de vigilancia en salud pública y de promoción de la salud. Así, para el autor, se debe buscar trascender esta tendencia de reducir la vigilancia de la salud a un instrumento de racionalización de acciones del Estado.

Para Paim, de la prevención de la enfermedad a la promoción de la salud, la propuesta de intervención denominada vigilancia de la salud se presenta como alternativa tecnológica para la reorganización de las prácticas de salud. Teniendo como base acciones intersectoriales en los territorios. Estas acciones sectoriales serian capaces de integrarse a la intervención social organizada y a las políticas públicas intersectoriales o transectoriales que configuran el espacio de la promoción de la salud.

  • Continuar con la segunda parte:

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/297/name:Promocion-de-la-Salud-II-parte

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