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Anorexia-Bulimia: Parte XII

El cuerpo cadavérico es un exceso de evidencia y su superficie se fetichiza. Este es el núcleo perverso de la llamada “percepción delirante” de la anorexia. Borra las grasas, cancela la castración, para exhibir la protuberancia fálica del hueso, el tener el falo.

Psicoanalisis y Tratamiento de la Anorexia-Bulimia (parte II)

Parrafos seleccionados del libro de Recalcati, M., La última cena: Anorexia y Bulimia. Ediciones del Cifrado, Bs. As. 2004.

El tratamiento de la anorexia-bulimia implica un trabajo preliminar tanto sobre la demanda como sobre el goce.

Sobre la demanda: “quien demanda” en el tratamiento de la anorexia-bulimia es una cuestión decisiva para verificar la posición del sujeto. Con más razón porque hay una tendencia: 1. Del discurso a holofrasizarse, a hacer desaparecer al sujeto en su identificación sin grietas a la anorexia-bulimia; 2. Del sujeto a ser objeto del goce del Otro, por lo tanto a no representarse en la metáfora sintomática, sino a ser o el objeto del fantasma, o el síntoma del Otro.

Sobre el goce: el discurso anoréxico-bulímico es un discurso bloqueado. Bloqueado a la evidencia de la identificación anoréxica y a la dependencia bulímica del objeto-comida. Existe una dependencia ciega de la sustancia que hace difícil la articulación de una demanda de Cura. Lo que ocupa al sujeto es el pensamiento obsesiónate del alimento. El sujeto ha sido secuestrado por la sustancia-alimento (igual que la toxicomanía): no hay exigencia de saber, sino un pedido de auxilio suscitado por una dependencia que causa al sujeto un goce maligno. Es necesario entonces un tratamiento preliminar del goce. Es todavía preliminar porque antecede la operación de rectificación subjetiva. Se trata de agujerear al menos un poco la identificación idealizada de la anorexia o la compulsión a la repetición en la bulimia.

El pedido de ayuda no es demanda de análisis (que es una demanda de saber sobre el síntoma, sobre la verdad reprimida), es más, el pedido de ayuda en el fondo es la demanda del sujeto a recuperar la identificación idealizante a la anorexia.

Dos maniobras en el tratamiento preliminar de la demanda. La primera debe advenir por el lado del saber: “rectificación de la oferta”: dar vuelta el aspecto imaginario de  la demanda, un Otro experto en patologías alimentarias, de modo tal que el sujeto pueda reconocer su implicación en aquello de lo que se queja (“rectificación de las relaciones del sujeto con lo real” porque lo que importa no es la realidad que circunda al sujeto sino la relación que el sujeto ha construido con la realidad que lo circunda, lo que le concierne al sujeto). Trabajar sobre la demanda es transformar la certeza a-problemática del inicio (“sufro de perturbaciones alimentarias”) en una contradicción dialéctica. Deshacer la ilusión de un especialista en patologías alimentarias. ¿Qué demando si el que me escucha no es un experto en patologías alimentarias sino más bien un experto en el inconsciente? ¿Qué cosa pido al otro si el Otro no ofrece aquello que estoy pidiendo?

Una segunda maniobra preliminar sobre la demanda que toca el campo de la verdad. Concierne directamente al sujeto. Tiende a volverlo analizante.

La clínica psicoanalítica clásica codificada por Freud supone una histeria estructural de la demanda. La demanda que se dirige al Otro es una demanda de saber, pero solo para mostrar al final toda su impotencia.  Pero hay que dejar la demanda insatisfecha para que pueda articularse en la transferencia. En vez de movilizar el saber especializado del Otro, debe apuntar a poner a trabajar al sujeto. Subjetivar su discurso.

La experiencia es dialéctica cuando es capaz de dar vuelta la certeza produciendo un progreso de la verdad.  De la certeza a la verdad es el itinerario de la experiencia, en cuanto dialéctica, diseñada para el sujeto. Para que haya rectificación de las relaciones del sujeto con lo real, la división del sujeto debe poder manifestarse.

Solo haciendo emerger la división subjetiva se puede intentar dialectizar (des-holofrasizar) el discurso del sujeto. Traducir el sufrimiento del que se queja el sujeto en los términos de un goce del cual es, en cambio, el promotor.

El alma bella se rebela contra la alienación en la universalidad del significante prefiriendo disolverse en la nada. No acepta la ley del Otro, rechaza toda forma de alienación. Se niega a salir de su propio interior (permanece atada al goce), se opone a estar en el discurso (no tolera la alienación significante) y su objetivo es el de mantenerse igual a sí misma (no asume la división como constitutiva).

Es una posición narcisista. De desconocimiento fundamental de su división como sujeto.  Pero esta ajenidad debe pasar a la implicación, vía la inversión dialéctica.

El síntoma es el anclaje masoquista del sujeto al goce. Sin sentido de lo real del goce. La interpretación apunta a producir el vacio, a producir el sin sentido de los significantes fundamentales, a semánticos, que marcaron la vida del sujeto. Letras resistentes al sentido, irrepetibles, singulares, que encuentran su expresión en el fenómeno psicosomático, el fenómeno anoréxico-bulímico. Lesión real y no metafórica.

El síntoma, si es tal para un sujeto, representa su verdad para Otro. Es el significante que representa no algo para alguien, sino el sujeto para otro significante. Este es el valor, a la vez de verdad y de mensaje, que está contenido en el síntoma.

La letra es idéntica a sí misma, hace marca, huella, fija, solidifica y socava, fabrica una identificación (S1). En el caso de la anorexia-bulimia esta huella se encarna, directamente en el ser, se hace cuerpo. Enigmas a la luz del día, no para descifrarse.

El presupuesto de la interpretación es que la identidad de la presencia haya sido puesta entre paréntesis.  Solo si un sujeto asume su propia división, su desidentidad como constituyente, puede existir una interpretación en el sentido analítico del término. La interpretación indica el vínculo, imposible de desatar,  del sujeto con su particularidad y con el campo del Otro en el cual se encuentra inscripto. El síntoma es la condición de la interpretación. Es índice de la división subjetiva y metáfora de la verdad reprimida del sujeto.

El fundamento histérico de la anorexia: se niega a ser un cuerpo-bolsa llenado por el Otro, le impone su falta, se sustrae del Otro, se hace faltar pero solo para inscribir una falta en el Otro. Esta impulsada por el no-saber. No sabe la causa de su deseo porque opero la represión en el lugar de la verdad. Es la evidencia la que se presenta antes que el sujeto. En vez del sujeto esta la identificación idealizante al cuerpo-flaco (holofrase en vez de metáfora sintomática). Se ofrece a la mirada del otro como lo que es.

Pero si en la histeria hay siempre algo que no cuadra, un en menos, de no dominio del síntoma; la anoréxica exhibe el dominio en su evidencia de delgadez extrema. El cuerpo cadavérico es un exceso de evidencia y su superficie se fetichiza. Este es el núcleo perverso de la llamada “percepción delirante” de la anorexia. Borra las grasas, cancela la castración, para exhibir la protuberancia fálica del hueso, el tener el falo.

La evidencia anula el enigma. La piel y los huesos hablan por sí mismos. Hablan la lengua de la evidencia. ¿Es posible no ver la evidencia?

La anorexia-bulimia usa el saber como la comida. Juega, lo hace girar en la mano, lo mastica, lo escupe, lo rechaza. El saber y la comida son objetos de negación y atracción. Ella misma cultiva un saber sobre el alimento a partir del rechazo. Un saber del goce que tiene como condición el ejercicio de un dominio sobre el goce mismo. Es este el fundamento de la famosa “inteligencia” de la anoréxica.

Por eso el analista no ofrece su saber sino su presencia. La escucha no llena al sujeto con la papilla del saber: le reserva un lugar. Lo reconoce como sujeto.

El ejercicio de la interpretación como sustracción del exceso de evidencia. Hurtar la evidencia. Introducción de un elemento de pérdida. Perdida de goce.

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Lic. Massimo Recalcati
Trabaja en Milán como psicoanalista y es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, atesorando el Título AME. Fundador de JONAS (Centro de Investigación Psicoanalítica sobre los Nuevos Síntomas). Da clases en la Universidad de Bérgamo y en el Instituto Freudiano de Milán.