Ataque de Pánico, Trastorno de Pánico

El trastorno de pánico es una patología bastante común que se da en gente joven, particularmente mujeres. Consiste en haber padecido no menos de dos ataques de pánico en el curso de un mes y a partir de estas experiencias tener un temor contante de sufrir nuevos ataques. Los ataques han aparecido, aparentemente, “de la nada”.

Párrafos seleccionados del libro de Keegan, E.: “Escritos de psicoterapia cognitiva”. Parte III  (Terapia cognitiva de los trastornos mentales). Eudeba, año 2007, Buenos Aires.

Ataque de Pánico, Trastorno de Pánico:

La terapia cognitiva nació como una intervención breve y eficaz para la depresión y su correlato más temible, el suicidio.

¿A que se llama ataque de pánico? Es una respuesta mental y corporal ante una situación que, en la evaluación de quien la afronta, entraña un serio peligro. La función de esta respuesta es preparar a la persona para afrontar ese peligro del modo más eficaz posible.

Se trata de un mecanismo evolutivamente antiguo, que compartimos con muchos animales, que da lugar a dos respuestas básicas: la lucha o la fuga.

Cuando nuestra mente detecta un peligro, el cerebro emite una señal que activa las glándulas suprarrenales. Estas segregan adrenalina, Noradrenalina y cortisol, que, al entrar en el torrente sanguíneo, provocan cambios fisiológicos a una velocidad asombrosa. La velocidad de la respuesta es crítica para favorecer nuestra supervivencia.

El corazón bombea a mayor velocidad, lo que da lugar a que suba la presión arterial y a que sintamos palpitaciones y taquicardia.

Para aumentar la oxigenación la respiración se hace rápida y jadeante, dando lugar a lo que llamamos hiperventilación.

Nuestra atención se focaliza en el peligro, y nuestros ojos se abren, buscando ampliar al máximo el campo visual. La visión puede volverse algo borrosa por esta apertura de las pupilas.

Cuando el peligro ha pasado el mecanismo se desactiva, dando lugar a un proceso opuesto. El sistema nervioso tiene dos partes que se encargan de ambos procesos: el sistema nervioso simpático y el parasimpático.

En otras palabras, los ataques de pánico -también llamados crisis de angustia- pueden ser fenómenos completamente normales y hasta frecuentes.

El ataque de pánico es patológico cuando se convierte en una respuesta excesiva o inadecuada ante una situación. Las personas con fobia a las ratas pueden experimentar un ataque de pánico ante la simple visión de roedor; las personas con mucha ansiedad social pueden sufrir un ataque de pánico al entrar a una fiesta repleta de desconocidos.

Para saber de qué patología se trata, debemos entender que es lo que dio lugar al temor de la persona. El ataque de pánico no es un diagnostico en sí mismo. Si tengo un ataque de pánico porque me amenazan con un arma de fuego eso no es patológico, es solo una de las respuestas normales posibles. Si tengo un ataque de pánico cada vez que veo una rata entonces el diagnostico es fobia especifica (a las ratas), si lo tengo solo en circunstancias sociales, el diagnostico es fobia social.

La gente confunde el ataque de pánico con el trastorno de pánico. No son lo mismo.

El trastorno de pánico es una patología bastante común que se da en gente joven, particularmente mujeres. Consiste en haber padecido no menos de dos ataques de pánico en el curso de un mes y a partir de estas experiencias tener un temor contante de sufrir nuevos ataques. Los ataques han aparecido, aparentemente, “de la nada”. La experiencia es vivida con gran desagrado y un enorme temor, lo que lleva a que cambie la conducta habitual de las personas afectadas. Convencidos de que están a punto de morir, acuden desesperados a las guardias médicas. Suelen pensar que están por sufrir un infarto, morir ahogados, que están por enloquecer o perder el control por completo. Viven temerosos, pendientes de cualquier signo que indique la proximidad de un ataque. Tras cierto tiempo viviendo en estas condiciones muchos de ellos caen también en la depresión.

¿A qué le teme una persona que sufre trastorno de pánico? Según el modelo cognitivo, estas personas han aprendido a temer las sensaciones de ansiedad (o sea, de activación simpática). Dado que esas sensaciones son normales y habituales, no hay modo de que el paciente pueda estar tranquilo, las va a sentir todo el tiempo.

Un disparador interno es una sensación corporal inusual que llama la atención de la persona. Esta se siente intranquila por la aparición de esta sensación y, por ende, se pone ansiosa (la sensación le representa un peligro). Al preocuparse por la sensación, la persona –involuntariamente y sin saberlo- activa aun más el sistema nervioso simpático, lo que tiene por resultado un circulo vicioso de creciente ansiedad y activación simpática.

Como se ve, el problema no es el efecto de la sustancia en sí, sino lo que la persona piensa sobre estas sensaciones (las considera signo de que algo no está nada bien): esto es lo que llamamos una mala interpretación catastrófica de las sensaciones de activación simpática.

A veces el disparador es externo: el paciente ha escuchado que un amigo ha sufrido un infarto. Conmovido por el hecho, comienza a preocuparse por su salud cardiaca, monitoreando continuamente su pulso y su presión arterial. Al ponerse ansioso, su corazón late más rápido y con más fuerza, con lo que su presión arterial sube. Al notarlo, cree que esto confirma sus peores temores, dando lugar a una reacción de miedo extremo.

Al cabo de varios ataques, los pacientes creen reconocer las circunstancias que le dan lugar. La persona empieza a evitar las situaciones temidas.

El problema con esta conducta de evitación es que impide que el paciente cambie de parecer.

A veces el ataque de pánico queda asociado a ciertas situaciones típicas. El temor a sufrir un ataque de pánico en estas situaciones se llama agorafobia.

La patología se caracteriza por un círculo vicioso en el que el paciente teme acercarse a estas situaciones, por lo que solo lo hace cuando se ve forzado a ello. Al hacerlo, su temor a sufrir un ataque de pánico va in crescendo. Cuando llega a la situación, se ha dado lugar a una profecía autocumplidora. 

Los tratamientos:

Los tratamientos que han demostrado mayor eficacia son los fármacos (benzodiacepinas y antidepresivos) y la terapia cognitivo-conductual.

La gran ventaja de la terapia cognitiva es la durabilidad de los resultados: entre el 80% y el 90% de los pacientes continúan bien a los dos años de terminado el tratamiento, en marcado contaste con lo que ocurre con los psicofármacos.

Se cree que las recaídas con la medicación se deben a que el paciente desarrolla la idea de que las sensaciones han sido aplacadas por el remedio, pero que volverán a aparecer en cuanto no se las controle. Esta idea es equivocada, pero en la mayoría de los afectados da lugar a una gran ansiedad ante la interrupción de la medicación.

La terapia cognitiva-conductual tiene una serie de pasos:

  • El primero es la Psicoeducación: el paciente recibe una explicación pormenorizada sobre la ansiedad, los ataques de pánico y el trastorno de pánico. Así, puede comenzar a tener una visión diferente de lo que le ocurre en esas circunstancias.
  • El segundo paso consiste en mostrarle el papel del sistema nervioso simpático y parasimpático en la patología: el entrenamiento en relajación y el reentrenamiento respiratorio permiten comprender como funciona el organismo ante la ansiedad y provee medios para moderarla.
  • El tercer paso, la exposición interoceptiva, consiste en una serie de ejercicios destinados a generar las sensaciones corporales temidas en pequeña escala y en forma gradual, de modo que el paciente logre habituarse a ellas, esto es, experimentarlas sin ponerse ansioso ante ellas.
  • El cuarto paso, la reestructuración cognitiva, consiste en enseñar al paciente a detectar lo que piensa sobre las sensaciones corporales, de modo de poder ser crítico con esos pensamientos.

Todas estas intervenciones apuntan al mismo fin: hacer que el paciente deje de temer sus sensaciones de activación simpática, que son normales y que no representan peligro.

Al dejar de temerlas, el paciente deja de exacerbarlas, por lo que retornan a su intensidad normal.

No todos los pacientes sufren también de agorafobia. El tratamiento de esta consiste en exponer al paciente a las situaciones temidas, pero en forma gradual y sistemática, de modo de que pueda habituarse a la ansiedad y que desconfirme la idea de que habrá de sufrir un ataque.

Recomendaciones:  

  • Evite las sustancias activantes 
  • Consulte pronto si los ataques se han repetido. Es una patología crónica: una vez instalada no se irá sin tratamiento. 
  • No tome mediación psicotrópica sin supervisión de un medico psiquiatra 
  • Los tratamientos hormonales y las patologías endocrinas pueden generar sintomas similares o favorecer la instalación de la patología 
  • El estrés y las tensiones de la vida no causan por si el trastorno, pero generan un terreno propicio 
  • Hay una gran oferta de tratamientos para el trastorno de pánico cuya eficacia es desconocida o dudosa. Recurra a tratamientos de eficacia probada.
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