Mas Allá del Principio de Placer (X parte)

Párrafos seleccionados de Diana S. Rabinovich: “Topología de la Cosa y angustia. Seminarios VII y X” en Puntuaciones Freudianas de Lacan: Acerca de Mas allá del principio de placer. Compiladores: J.C. Cosentino y D.S. Rabinovich. Ed. Manantial, Buenos Aires, 1992.

Resumen:

Lacan retoma el problema de lo que es el enfoque económico o energético de Freud a traves del concepto de goce, al que define, como ya lo dije anteriormente, como la satisfacción de la pulsión. Pero no solo lo energético se traducirá como goce. Se produce, asimismo, el paso de un enfoque económico centrado en la energética en la obra freudiana, a un enfoque económico centrado en lo que lacan llama una economía, una economía política del goce que implica que el goce como tal tiene cierta distribución, cuya estructura es la de un efecto de discurso, no la de efectos de cargas energéticas en el sentido de la ciencia física. La distribución del goce varía según la estructura que adquiere el discurso, aun antes de que Lacan proponga sus cuatro discursos. Esta economía política de los discursos que determina la distribución del goce tiene ciertas características a las que me quería referir hoy y entraña diversas consecuencias.

En primer término, lo que tienen en común, más allá de múltiples diferencias, los planteos de Lacan y Freud, es que la formulación económica se juega en torno del concepto de satisfacción. La primera definición que da Lacan del goce es: la satisfacción de la pulsión. En el caso del deseo habla por lo general de realización, mientras que en relación con el goce habla de satisfacción.

Hay una constante que Lacan mantendrá a lo largo de toda su enseñanza, una vez introducido el concepto de goce, el goce es siempre goce de un cuerpo. Vale decir, el goce es inseparable de la dimensión del cuerpo propio. Esto implica a su vez que el goce, a diferencia del deseo, no es transitivo. Yo puedo transmitir deseo, puedo promover deseo en otro, pero, mi goce, el que experimento en mi cuerpo, no puede pasar al otro. El goce en este sentido, dirá Lacan, no es transitivo, no circula. Pero el goce si se produce, el goce es una producción y, como en toda producción, hay pérdidas y ganancias. Uno puede obtener ganancia de goce o puede obtener perdida de goce, sobre el fondo de la producción de goce en el nivel del cuerpo.

Hablamos de producción de goce. Cabe aclarar, entonces, que la producción de goce para Lacan, en tanto que coextensiva a una economía política del goce, es una producción operada por el significante sobre el cuerpo. El goce se produce por la operación del sistema simbólico, del sistema significante, cuando este apresa el cuerpo. Por lo tanto, en sentido estricto, aunque a veces lo utiliza en sentido amplio, Lacan siempre pone en cuestión la posibilidad de hablar del goce animal en el mismo sentido en el que se habla del goce de un sujeto hablante. Ello se debe a la articulación, a la solidaridad entre goce y significante en los seres humanos, en la medida que la satisfacción corporal de estos últimos está profundamente modificada por su inserción en el sistema significante.

Por eso podemos subrayar que cuando Lacan habla de satisfacción en relación con el goce, no se está refiriendo, en modo alguno, a lo que podríamos llamar la satisfacción de la necesidad; se distingue, por lo tanto, dos dimensiones del cuerpo que no son idénticas: la dimensión del goce y la dimensión de la necesidad.

El goce como tal es una satisfacción cuyo marco no es brindado en la obra freudiana por Tres ensayos…, es decir, es un goce que tienen que ver con la sexualidad perverso polimorfa, es una satisfacción referida a esa articulación del cuerpo con el significante que Freud llamo pulsión y que lacan escribe con su matema ($ rombo D).

Lacan no piensa que el goce pueda ser medido, si puede ser, en cambio, contabilizado. No es lo mismo medir que contabilizar, porque yo contabilizo ganancias y pérdidas, como sucede en toda economía política, en todo proceso de producción. No puedo dar, empero, una medida exacta del goce.

Si pensamos la energía libre y la energía ligada en términos de una estructuración discursiva propia del sistema significante, ¿Cuál es por excelencia la energía ligada? La energía ligada es aquella que circula por los caminos y las redes del significante, es aquella que es articulable como metáfora o metonimia, condensación y desplazamiento. La energía libre, en cambio, es aquella que esta fuera de las articulaciones significantes que acabo de mencionar. Lo fundamental es que la energía ligada dará lugar a lo que Lacan mismo llamara un metabolismo del goce, a traves de la condensación o la metáfora, a traves del desplazamiento o la metonimia.

Recordemos que queda claro que para Freud la energía libre, de algún modo, escapa a la regulación del proceso primario. Si Lacan identifico el proceso primario con el funcionamiento que le es propio, con la metáfora y la metonimia, lo que escapa a la legalidad del proceso primario queda, por ende, fuera del significante, fuera de las leyes, de los mecanismos de la metáfora y la metonimia, de la condensación y el desplazamiento. Aquello que Lacan definirá como energía libre o no ligada es una energía que queda fuera del significante y que a veces incluso postula como fuera del significado. El goce no es ni metáfora ni metonimia. Puede haber gracias a la metáfora y en la metonimia una circulación de goce, un goce que se agrega. Pero que no es equivalente a la energía ligada, es un plus que excede, como tal, el funcionamiento del proceso primario propio del inconsciente.

Por lo tanto este goce, este goce siempre corporal, ni metafórico ni metonímico, ¿Cómo lo articula Lacan para hacerlo existir? Lo articula muy clara y muy sencillamente del siguiente modo: el goce existe porque no hay goce sexual todo, completo. Que no haya goce sexual todo quiere decir que no existe complementariedad sexual entre los sexos, no se puede hacer de dos uno, dice Lacan, ni siquiera en el abrazo más estrecho. El goce, entonces, entra en el sistema significante bajo la forma de la perdida, entra primero como perdida de goce, es decir como lo que Freud llamo en este mismo punto, complejo de castración, en tanto este marcaba la dificultad que encontró para articular la complementariedad entre los sexos, en la medida en que ambos sexos aprecian referirse a un único símbolo, el símbolo fálico. El goce todo, por ende, sería el goce de la complementariedad sexual, si esta existiese.

Por lo tanto, por esencia, por definición, el sistema simbólico ya introduce en todo lo que sea satisfacción sexual para el cuerpo una dimensión de perdida que es, incluso Lacan lo denomina ya, una forma de la castración muy diferente de la versión habitual.

Lacan lo dice más adelante en forma muy clara, señalando que en el sistema significante existe una ausencia, no existe nada que designe el universal de La mujer. Existen las mujeres, una a una, pero no hay ningún universal que las designe a todas. Por el lado de los hombres existe algo que hace las veces del universal, que es el falo, pero que también tiene ciertas características particulares, en la medida en que aparece como la única común medida de goce para ambos sexos.

En la medida en que se pierde el goce de la complementariedad sexual, precisamente por esa razón dirá Lacan, en el ser hablante no hay sexo y hay ese algo que Freud llamo sexualidad, termino en realidad reciente, que surge en el siglo XIX. La palabra misma “sexualidad” marca ya la inexistencia del sexo como complementario, tal como se lo puede pensar desde la perspectiva del acoplamiento animal.

Como no existe el goce de la complementariedad de los sexos, existen goces suplementarios. El termino que usa Lacan es “suplementos”, no “complementos”. El goce siempre será parcial y siempre será recuperación de algo perdido pero nunca recuperación del todo de lo perdido.

Dice Lacan, por lo tanto, frente a todo goce experimentando, la reacción de todo sujeto hablante es generalmente un “no era eso lo que yo esperaba”; siempre el sujeto queda con la sensación de que debería haber algo mas o algo diferente. De esta manera, las formas de suplementación del goce son el goce fálico, el goce del objeto a, el goce de lalengua, el goce de La mujer barrada, es decir La mujer barrada es La mujer con él La del universal tachado.

Lo que se opone al placer es el goce, mientras que el deseo está del lado del placer. Lacan considera allí que aquello que queda fuera del significado y fuera del significante es el goce producto del sistema significante, lo que queda fuera es algo que el mismo sistema significante produce, lo produce pero no puede reabsorber. Este goce que queda fuera de la cadena significante, que queda fuera del significante, define para Lacan el más allá del principio del placer. Ocupa el mismo lugar, tiene la misma función que Freud le da a las cargas no ligadas, a las cargas disruptivas y traumáticas, al más allá del principio del placer.

El deseo, por su parte, con sus caminos y sus redes inconscientes, actúa como barrera frente a este producto del significante, el goce, que sin embargo le escapa. El deseo mismo es definido pues como barrera frente al goce. Dicha barrera es definida por Lacan como la barrera que la existencia misma del deseo instaura a fin de poner coto a ese producto del significante que es el goce y que lleva al sujeto hacia el más allá del principio del placer.

El deseo en Lacan, pensado desde este ángulo, es un concepto límite, tiene dos caras, una mira hacia el goce y la otra hacia el placer. De modo tal que no es exacto suponer que la realización del deseo simplemente se opone al goce. Hay un punto en que realización del deseo y goce o suplemento de goce confluyen en Lacan y hay un punto en que se separan. El deseo puede virar hacia el más allá del principio del placer o bien virar hacia el sometimiento al principio del placer, a condescender con el principio del placer.

A esta barrera que es el deseo, Lacan la equipara con la ley misma. ¿Por qué? Porque hay una ley fundamental en psicoanálisis, que es la ley del incesto. La ley del incesto me prohíbe un objeto, pero también me permite otros. En la medida en que para todo sujeto hablante, el objeto primariamente prohibido es la madre, cualquier sujeto, cualquiera sea su sexo, que desee a otro, está deseando según la ley, porque el deseo se constituye en torno de la operación por la cual, un objeto se pierde para siempre y ese objeto es, básicamente, como ya lo señalaba Tres ensayos… la madre. La barrera tiene el deseo y la ley como dos caras de la misma moneda. En este punto en la obra de Lacan interviene eso que él llama la Cosa.

Continuar con la lección 11:

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