Mas Allá del Principio de Placer (VII parte)

Párrafos seleccionados de Juan Carlos Cosentino: “Capítulo IV de Mas allá del principio de placer” en Puntuaciones Freudianas de Lacan: Acerca de Mas allá del principio de placer. Compiladores: J.C. Cosentino y D.S. Rabinovich. Ed. Manantial, Buenos Aires, 1992.

La protección antiestimulo: los sueños traumáticos

Freud destaca para la neurosis traumática dos rasgos: el centro de gravedad de la causación se sitúa en el factor de la sorpresa, en el terror (es necesario sorpresa y consecuentemente terror para que se produzca una neurosis traumática), y que un simultáneo daño físico o herida contrarresta la producción de la neurosis.

Llama terror al estado en que se cae cuando se corre un peligro sin estar preparado, vale decir, destaca el factor de la sorpresa. En la situación del miedo hay un objeto determinado que lo provoca y en el estado de la angustia –comenta Freud- hay expectativa y preparación aunque el objeto sea indeterminado. “No creo que la angustia pueda producir una neurosis traumática; en la angustia hay algo que protege contra el terror y por tanto también contra la neurosis de terror.”

La vida onírica de la neurosis traumática muestra este carácter: reconduce al sujeto, una y otra vez, a la situación de su accidente, de la cual despierta con renovado terror.

Suponiendo que los sueños de los neuróticos traumáticos no nos disuadan de afirmar que la tendencia del sueño es el cumplimiento de un deseo (la tesis que venía sosteniendo desde la época de La interpretación de los sueños: que todo sueño es un cumplimiento de deseo), tal vez nos quede el expediente de sostener que en este estado la función del sueño resulto conmocionada y desviada de sus propósitos, o bien –un agregado de 1921- tendríamos que pensar en las enigmáticas tendencias masoquistas del yo.

En el capítulo IV, Freud comenta que para el organismo vivo la tarea de protegerse de los estímulos es casi más importante que recibirlos. Entonces, -la hipótesis que sostiene- el organismo se provee de una protección antiestimulo, o sea, una defensa de estímulos.

Escudado tras la protección antiestimulo puede dedicarse a recibir los volúmenes de estimulo filtrados, al menos hasta el momento en que sobrevengan estímulos tan fuertes que perforen, rompan la protección.

Hasta aquí la vesícula viva estad dotada de una protección antiestimulo frente al mundo exterior. Ahora bien, resulta que las excitaciones no vienen solamente de afuera, hay excitaciones que vienen desde adentro: la pulsión, una fuerza que actúa continuamente.

Entonces, también recibe excitaciones desde adentro que se tenderá a tratarlas como si no obrasen desde adentro sino desde afuera, a fin de aplicarles el mismo medio defensivo de la protección antiestimulo.

Tal como señala al final del capítulo I, más allá de las sensaciones yoicas de placer y displacer, es necesario interrogar la reacción anímica frente al peligro exterior. Vale decir, es necesario para introducir el mas allá indagar dicha reacción frente al peligro exterior. Un punto de exterioridad. ¿Ese punto de exterioridad puede ser representado adentro?

“Llamamos traumáticas a las excitaciones externas que poseen fuerza suficiente para perforar la protección antiestimulo.”

El concepto de trauma pide esa referencia a un apartamiento o detenimiento de los estímulos (la protección) que de ordinario resulta eficaz. Entonces provocará una perturbación enorme en la economía energética del organismo y pondrá en acción todos los medios de defensa. Entonces provocará una perturbación enorme en la economía energética del organismo y pondrá en acción todos los medios de defensa.

Por primera vez se produce la abolición del principio de placer. En un primer momento (cuando se produzca la perforación de la protección antiestimulo) el principio de placer quedara abolido: ya no podrá impedirse que el aparato resulte anegado, inundado, por grandes volúmenes de estímulos y ya no podrá sostenerse un imperio irrestricto del principio de placer.

Bien, ese punto de exterioridad retorna: los grandes volúmenes de estimulo que perforan la protección. ¿Puede ser representado adentro? Efectivamente, la pulsión: una fuerza que actúa continuamente.

En la pérdida del objeto también tenemos un punto que ordena lógicamente el aparato. Aquí lo encontramos en esa exterioridad, ese punto de exterioridad que –insisto- puede ser representando adentro. Lacan introduce la extimidad: una exterioridad dentro del sistema, y con ello encontramos la pulsión. Y con dicha extimidad el aparato deja de estar sostenido solo en el irrestricto principio de placer.

Dicha pulsión que tiene estructura o consistencia de borde –no es posible hablar de agujero sin borde-, que esta conceptualmente presente desde Tres ensayos…, es ese punto de exterioridad, que no está absolutamente afuera, y que puede ser reconsiderado por Freud, a partir de la escisión inconsciente-ello, con las excitaciones externas traumáticas, cuando inundan el aparato, porque se acercan a esa insistencia de la pulsión, a esa fuerza constante de la pulsión.

El ello va a permitirle conceptualizar lo que le había quedado pendiente en sus primeras ordenaciones metapsicológicas (había llegado a sostener lo reprimido inconsciente): la energía de la pulsión. Y ese punto de exterioridad es lo que permite darle un nuevo anclaje a la pulsión que ya había sido descubierta en 1905.

Esta anticipado en la neurosis obsesiva o compulsiva con la obsesión. Una suerte de automatismo erotizado del pensamiento que se dispara solo –el historial del “hombre de las ratas”- y que pone en evidencia, a pesar de la represión, la insistencia de la pulsión como misión paradójica del síntoma, indicando que dicha pulsión no está regulada irrestrictamente por el principio de placer. Hay en su empuje constante algo más originario que impulsa a la búsqueda de la satisfacción, no del placer.

Bien, ubicados en Mas allá…, para el principio de placer, ahora, es condición necesaria la pulsión. No es un principio irrestricto. Veremos que el más allá, una tendencia más originaria que el principio de placer, ese algo arcaico, sostiene tanto la ligadura como la ruptura de dicha ligadura.

¿Qué sucede en el capítulo IV cuando queda abolido el principio de placer? Freud dice: “la tarea de dominar el estimulo, ligar psíquicamente los volúmenes de estimulo que penetran violentamente a fin de conducirlos, después, a su tramitación.”

Aclara, a posteriori, que el displacer específico del dolor corporal se debe a que la protección antiestimulo fue perforada en un área circunscripta. Con ello el displacer conectado con el dolor y con el goce se vuelve disimétrico en relación con el placer.

También el dolor le sirve para repensar la pulsión: “desde este lugar de la periferia afluyen al aparato anímico central excitaciones continuas, como las que por lo regular solo podrían venirle del interior del aparato”. Del interior del aparato solo le pueden venir excitaciones continuas si incluimos el concepto de pulsión.

¿Qué clase de reacción del aparato esperamos frente a esa intrusión? Crear, en el entorno del punto de intrusión, una investidura energética de nivel correspondiente: una contrainvestidura.

De esta constelación –señala- inferimos que un sistema de elevada investidura en sí mismo es capaz de recibir nuevos aportes de energía libre (fluyente) y trasmudarlos en investidura quiescente, vale decir, “ligarlos” psíquicamente y a la inversa: cuanto más baja su investidura tanto menos capacitado estará el sistema para recibir energía afluyente y más violentas serán las consecuencias de una perforación en la protección. Aun los muy violentos efectos de descarga producidos por el dolor se cumplen por vía de reflejo, vale decir, sin la mediación del aparato anímico.

¿En qué consiste, como define la ligazón o ligadura? La “ligazón” de la energía que fluye al aparato anímico consiste en un transporte desde el estado de libre fluir –energía libre- hasta el estado quiescente –energía ligada-.

Entonces, vuelve a la neurosis traumática. La concibe como el resultado de la ruptura de la protección antiestimulo del órgano anímico, e incluye –porque esto abole el principio de placer- las tareas que dicha ruptura de la protección antiestimulo plantea.

¿Por qué el terror conserva su valor? Porque tiene por condición la falta del apronte angustiado o la falta de la señal de angustia. El terror conserva su valor porque no hay apronte angustiado, no hay señal de angustia, sorprende.

El apronte angustiado que conlleva la sobreinvestidura de los sistemas que reciben primero el estimulo, constituye la última trinchera de la protección antiestimulo.

¿El factor decisivo? La diferencia entre los sistemas preparados y los no preparados; de todas maneras a partir de una cierta intensidad del trauma, esa diferencia dejara de pesar, se relativiza.

Entonces los sueños de la neurosis traumática no están al servicio del cumplimiento de deseo, cuya producción alucinatoria devino la función de los sueños bajo el imperio del principio de placer. ¿Qué función les otorga a estos sueños? Buscan recuperar el dominio sobre el estimulo por medio de un desarrollo de angustia cuya omisión causo la neurosis traumática.

Una perspectiva sobre una función del aparato que, sin contradecir el principio de placer, es empero independiente de él y parece más originaria que el propósito de ganar placer y evitar displacer.

Por primera vez una excepción a la tesis de que el sueno está al servicio del cumplimiento de deseo. Aparecen sueños que cuestionan esta función del sueño: si hay cumplimiento de deseo uno duerme, sueña y no se despierta. Estos sueños despiertan en la mitad del sueño.

No obedecen al principio de placer y al cumplimiento de deseo. Obedecen a la compulsión de repetición que convoca –esos traumas psíquicos de la infancia- lo olvidado y reprimido.

En el analizante resulta claro que su compulsión a repetir en la transferencia los episodios del periodo infantil de su vida, se sitúa, en todos los sentidos, más allá del principio de placer. Vale decir, los conecta con los sueños que aparecen en los tratamientos y en la transferencia.

“Así nos enseña que las huellas mnémicas reprimidas de sus vivencias del tiempo primordial no subsisten en su interior en el estado ligado, y aún, en cierta medida, son insusceptibles del proceso secundario”. Aparecen elementos no ligados.

Bien, esta condición de no ligadas es justamente lo que permite conectar lo pulsional con la compulsión de repetición, entrama lo pulsional con dicha compulsión, vale decir, la compulsión de repetición pone en juego lo pulsional y lo pulsional hace emerger lo no ligado.

En la excepción a la función originaria (el cumplimiento de deseo), son posibles aun fuera del análisis sueños –los sueños traumáticos- que en interés de la ligazón psíquica de impresiones traumáticas obedecen a la compulsión a la repetición.

Bien, el carácter repetitivo de los sueños de la neurosis traumática obliga al aparato a un trabajo constante. Y, a su vez, en las neurosis de guerra la irrupción (excitación) traumática que viene del exterior libera, activa –algo que ubica en el interior- el quantum pulsional.

Vale decir, ese trauma que viene del exterior no es sin la liberación del quantum pulsional.

Entonces, en el trabajo constante del aparato –por ese carácter repetitivo de dichos sueños- volvemos a descubrir la pulsión: un estimulo continuo, una fuerza que actúa continuamente.

Y a su vez, la irrupción traumática exterior, en el sueño, se repite, se libera como pulsión.

Se enfatiza esta insistencia de la pulsión que, a pesar de la represión –la importancia de lo no ligado-, infiltra el proceso primario. Lo no ligado va a hacer irrupción en el proceso primario. Por lo tanto, para Freud, la tarea del aparato “es ligar la excitación de las pulsiones que entran en operación en el proceso primario”. El fracaso de esta ligazón provoca una perturbación análoga a la neurosis traumática.

Tras una ligazón lograda no puede “establecerse el imperio irrestricto del principio de placer”. La extimidad de la pulsión y su satisfacción “prohibida” anticipan, no el imperio irrestricto sino la temperancia por el principio de placer cuando se ligan pulsión y deseo. Habrá que incluir, entonces, como luego veremos con un sueño que está al servicio del cumplimiento de deseo, lo que el sueño alcanza por añadidura: una ganancia de placer (lust).

El fracaso, como vimos en aquel ceremonial de dormir, es la irrupción, no placentera, de goce del ruido, en la satisfacción de la pulsión invocante, ajena a la necesidad biológica, que no puede ser ligada.

En los sueños traumáticos aquello audible sin significante, sin el soporte significante, consecuencia en la neurosis de guerra de una explosión, reaparece en el sueño también como ruido: un testimonio no ligado del trauma inasimilable que marca un encuentro fallido con lo real. El sueño traumático hace surgir repetidamente, si no el propio rostro del trauma, al menos la pantalla que nos indica que todavía está detrás. El sueño traumático, en relación con el trauma, le presta una pantalla, por eso el encuentro con lo real que está en juego es un encuentro fallido, pero el goce que se pone en juego allí es un goce que no puede terminar de ser ligado por el aparato.

¿Qué sucede con los sueños que se presentan en los psicoanálisis? En dichos sueños, en el seno mismo de los procesos primarios, se conserva la insistencia del trauma (el recuerdo de los traumas psíquicos de la infancia), vale decir, la insistencia de lo no ligado.

Dicha insistencia invade, infiltra, el proceso primario que falla entonces como defensa frente a la irrupción –la perturbación económica- de goce antihomeostático.

En el capitulo V de Mas allá…, la investidura misma se puede desplazar, condensar, transferir. Vale decir que el acento esta puesto en la investidura o la suma de excitación que son equivalentes. Se trata, ahora, como señala Lacan en “Radiofonía”, de una invasión del proceso primario que hace de la transferencia (desplazamiento) y de la condensación, procesos de contabilidad del goce.

Una económica del goce que implica una energía que le es propia. Entonces el valor de goce se desplaza en el nivel del proceso primario, siendo el fundamento económico del inconsciente.

Continuar con la lección 8:

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