Mas allá del Principio de Placer (VI parte)

Parrafos seleccionados de Osvaldo Umérez: “La compulsión a la repetición en Lacan. Seminarios II y XI” en Puntuaciones Freudianas de Lacan: Acerca de Mas allá del principio de placer. Compiladores: J.C. Cosentino y D.S. Rabinovich. Ed. Manantial, Buenos Aires, 1992.

Lagache distingue un concepto que va a llamar “repetición de la necesidad”, de otro que es la “necesidad de repetición”. Es decir que distingue lo que sería la repetición de la necesidad al servicio del principio del placer, de lo que sería la necesidad de repetición, que está en el más allá del principio del placer. La repetición misma produce un displacer en el sujeto.

De Nietzsche, la referencia es la idea del eterno retorno, con la que Lacan tuvo ese lapsus, que deplora en infinidad de textos. En un escrito que se llama “De un designio”, Lacan va a decir que de ninguna manera la repetición tiene algo que ver con el eterno retorno. No voy a hacer un trabaja sobre el eterno retorno pero, en principio, la teoría del eterno retorno de Nietzsche es una teoría cosmológica, no una teoría que piensa el retorno específicamente en el nivel humano, sino una teoría que lo piensa en el nivel cósmico, cosmológico, y, además de eso, es una teoría que no plantea en la dimensión del eterno retorno algo que va a ser fundamental en la repetición, que es la novedad, lo nuevo; fíjense que el concepto de repetición implica “de nuevo”, “otra vez”, implica justamente, como el sentimiento común lo dice, algo que se produce otra vez.

Bueno, finalmente, Kierkegaard, el más importante en todos los lugares donde Lacan se refiere a la repetición se va a referir efectivamente a él. Por qué a él, bueno fundamentalmente porque Kierkegaard divide lo que es el pensamiento antiguo de lo que es el pensamiento moderno, porque el pensamiento antiguo sostiene la reminiscencia, en tanto que el pensamiento moderno sostiene la repetición. Esta es la base fundamental de por qué Lacan toma a Kierkegaard. Kierkegaard delimita entonces el campo de la repetición, del campo de la reminiscencia platónica.

Kierkegaard por ejemplo en La repetición –hace analogía, metáfora, todo el tiempo- separa esperanza, recuerdo o reminiscencia y repetición; entonces, por ejemplo, dice lo siguiente:

“La esperanza es un vestido nuevo, flamante, sin ningún pliegue ni arruga, pero del que no puedes saber, ya que no te lo has puesto nunca, si te cae o sienta bien. El recuerdo es un vestido desechado que, por muy bello que parezca, no te puede caer bien, pues ya no corresponde a tu estatura. La repetición es un vestido indestructible que se acomoda perfecta y delicadamente a tu talle, sin presionarte lo mas mínimo y sin que, por otra parte, parezca que llevas encima como un saco”.

“La esperanza es una encantadora muchacha que irremisiblemente se le escurre a uno entre las manos; el recuerdo es una vieja mujer todavía hermosa, pero con la que ya no puedes intentar nada en el instante; la repetición es una esposa amada de la que nunca jamás llegas a sentir hastío, porque solamente se cansa uno de lo nuevo”

Más adelante, en el campo de la repetición, dice:

“En cambio, cuando se afirma que la vida es una repetición, se quiere significar con ello que la existencia, esto es, lo que ya ha existido, empieza ahora a existir de nuevo”.

Fíjense que lo que quiero destacar son algunas palabras que el utiliza, la esperanza se dirige directamente a la novedad, el recuerdo se dirige a algo que está en el pasado y la repetición, dirigiéndose a algo que aparentemente esta en el pasado, produce la novedad. Es decir, el concepto de novedad es muy importante para pensar justamente el concepto de repetición.

La reminiscencia platónica lleva consigo la idea de algo que ya esta, que no produce ninguna novedad, es decir que en el ejercicio no hay ninguna novedad, es algo ya dado; el recuerdo es algo como tal ya dado. Recuerden el mito de la caverna de Platón, donde el sujeto en otra vida estuvo contemplando las ideas en su pureza y cuando llega a esta vida lo único que necesita para conocer es recordar, recordar lo que en la otra vida ya estaba en las ideas en su forma pura, y él lo único que tiene que hacer es recordarlas para conocer. Entonces, ¿Qué implica esta teoría de la reminiscencia? Implica que, por ejemplo, el bien del sujeto esta ya dado previamente. Es claro que para Lacan el bien del sujeto primero tiene que pasar por el camino del mal, pero, además de eso, no es de ninguna manera un bien ya dado. Si hay alguien que utiliza la reminiscencia como un concepto fundamental es Jung, digamos, en arquetipos donde el sujeto, dirigiéndose a esos arquetipos, puede articular su conocimiento. Entonces, la diferencia fundamental es que es un bien ya dado previamente, y en la repetición es un bien a producir, y no sin pasar por la vía del mal, es decir, sin pasar por la vía del malestar del mas allá del principio del placer y, por otra parte, no es un bien para todos, no es una verdad absoluta, ya dada, sino que es un bien para cada uno. No hay bien que sirva de uno al otro, sino que el bien, en todo caso, cada sujeto deberá trabajar y pasar por caminos difíciles para encontrarlo; esta es la dimensión donde él puede pensar la repetición radicalmente diferente del concepto de reminiscencia.

De entrada, para pensar la repetición, hay que pensar que en ella no hay ninguna dimensión de recuperación de lo vivido, es decir, que no hay ninguna idea de reviviscencia. Lacan descarta de cuajo cualquier idea de reproducción, porque cualquier idea de reproducción implicaría que lo vivido puede volver de nuevo, lo vivido esta perdido en las redes del significante, por lo tanto, nunca puede volver nuevamente.  De esa manera, Lacan se distancia de la fenomenología, no hay ninguna posibilidad de recuperación de lo vivido, ninguna posibilidad de recuperación de la escena primordial como tal; es más, para Lacan es harto peligrosa en ciertos análisis esa búsqueda.

Por lo tanto, entonces, lo primero que hay que descartar es que en la repetición se trate de alguna reproducción de algo ya vivido, la repetición nada tiene que ver con ese concepto. En el Seminario II, lo que Lacan va a intentar explicar todo el tiempo es su fórmula “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, entonces en ese seminario lo que ustedes tienen es que el mas allá del principio del placer es sencillamente la cadena significante, en tanto la cadena significante insiste en el sujeto, en tanto el sujeto no es el agente de esa cadena, sino que el sujeto la recibe, se inscribe en ella; es sujeto sencillamente porque está inscripto en una cadena que el de ninguna manera lanzo. En todo caso Lacan va a decir en el Seminario II que es una cadena lanzada por el padre, el sujeto deberá pagar las deudas, recorrer las deudas con su padre, y es en esa medida donde se inscribe la cadena que lo constituye a él como sujeto, pero de ninguna manera es una cadena lanzada por el sujeto. Por eso esa cadena, en ese momento Lacan la piensa como mas allá del principio del placer, no está al servicio de ningún placer del sujeto, es una cadena que se le impone al sujeto constituirse en ella, y si no se constituye en ella paga caro, un alto precio, el precio de perder por momentos la subjetividad. Entonces en ese momento, en el Seminario II, es esto en lo que Lacan quiere insistir; entonces la repetición en el Seminario II es idéntica a la cadena significante, en tanto la cadena significante va a ser algo de lo que el sujeto no puede ser agente; todos los primeros tiempos la insistencia de Lacan es señalar esta cuestión. Es el momento en que Lacan establece muy firmemente lo que es la ley del significante, es decir, las leyes del lenguaje son la metáfora y la metonimia, ustedes lo saben por “Instancia de la letra” y es la época de lacan en que se dedica a instaurar justamente esas leyes, que son leyes del significante, pero fundamentalmente la dimensión de la ley, a diferencia del Seminario XI, donde la dimensión de la ley ya está asegurada y Lacan se dedica a la dimensión de la causa y no a la dimensión de la  ley. La dimensión de la ley, el inconsciente está estructurado como un lenguaje, es algo que durante todos los primeros seminarios, Lacan se dedica a afianzar. Por eso el Seminario II es un seminario del Fort-da; Lacan en ese momento se preocupa por la cadena significante y por la repetición, en tanto, sencillamente, el Fort-da es la repetición en el nivel del Seminario II y en el nivel de estos primeros seminarios.

En el Seminario XI no es solamente el Fort-da; Lacan va a decir, por ejemplo, no hay Fort-da sin carrete, el carrete es determinante de que sea posible un Fort-da. Entonces la inversión es fundamental, la inversión en tanto tiene que poner en juego la dimensión de la causa y no solamente la dimensión de la ley.

Para la dimensión de la ley basta la ley del significante; pero es necesario saber de donde viene eso, y eso viene de la causa, la causa ya no es significante, es algo que el significante no puede cernir, la causa es real. Por eso, entonces, otra diferencia es que en el nivel del Seminario II, la articulación es una articulación donde el carrete no cuenta para nada, lo único que cuenta es la dimensión del Fort-da, los dos significantes en su oposición; eso es lo único que cuenta para señalar la cadena significante y la repetición como tal.

En el Seminario XI, Lacan ya no confía tanto en la mantica ni en la adivinación, va a decir que en los intervalos de los significantes, el objeto a se hace presente y amarra al significante. Toda posibilidad de deslizamiento significante esta en relación con ese objeto a.

Spinoza tiene una frase que Lacan trasgrede, que la dice erróneamente, y esto muestra bien como Lacan estaba posicionado. Spinoza tiene una frase que dice lo siguiente: entiendo por idea adecuada una idea (o un pensamiento, es lo mismo) que cuando se la considere en sí misma, sin relación con el objeto, tiene todas las propiedades intrínsecas de una idea verdadera, o sea, un pensamiento para ser verdadero excluye toda referencia al objeto, es un lógico puro, absolutamente un lógico puro. Lacan en algún momento va a decir, partimos de la rememoración y vamos hacia la repetición, la rememoración tiene un límite. Cuando comienza en el Seminario XI a explicarnos la repetición dice: la rememoración tiene un límite, ese límite es la resistencia del sujeto cuando llega a cierto punto, que sería una resistencia de repetición. Entonces Lacan dice (yo les voy a explicar esto en forma spinocista) lo siguiente: una idea adecuada, para ser tal, siempre evita la misma cosa, y entonces dice, bueno esto me sirve para pensar que cuándo se acerca uno al objeto real, lo que se evita es la misma cosa –en ese momento es la definición que tiene Lacan todavía en este seminario, en el siguiente agrega algo mucho más importante, pero en este seminario lo real es lo que vuelve siempre al mismo lugar-, entonces Lacan dice lo siguiente, una idea verdadera es verdadera porque siempre evita la misma cosa.

Hacia el final del Seminario XI cuando Lacan se vuelve a referir a Spinoza, dice, bueno, Spinoza es grande, lo he seguido desde muy joven, he escrito sus formulas en mis paredes y demás pero Kant es mas verdadero, ¿Por qué? Porque Kant, para delimitar su imperativo categórico necesita la exclusión del objeto patológico (el objeto patológico no quiere decir enfermo, quiere decir el objeto de cualquier interés); entonces, ahí sí, eso que Lacan dice de Spinoza es absolutamente falso, no se puede pensar con Spinoza, diciendo que un pensamiento adecuado siempre evita la misma cosa, porque entonces el objeto esta delimitando el pensamiento adecuado. De igual manera, al final del Seminario XI Lacan dice, bueno, Spinoza es maravilloso, pero para Spinoza hay Otro completo, es el Otro del significante y no existe otra cosa. Entonces, justamente por eso va a decir, Kant es más verdadero; pero, sin embargo, Lacan usa esto, este forzamiento de Spinoza, para decir algo que Spinoza de ninguna manera dice, para explicarnos un punto importante en la repetición. Que la repetición se liga a lo real, que ese pensamiento adecuado, en tanto pensamiento, solo es adecuado en tanto pensamiento, en tanto se conecta o empalma con algo del orden de lo real del sujeto. Entonces para eso utiliza Lacan, de forma indebida, el pensamiento de Spinoza, para decir que en esa repetición hay una conexión con lo real que es lo que está en causa en la repetición.

Fíjense que en el Seminario II Lacan rechazaba utilizar el término automatismo de repetición, para que la repetición no tuviera ninguna dimensión biológica, entonces decía insistencia repetitiva o compulsión a la repetición, pero se negaba a utilizar automatismo de repetición. Ahora en el Seminario XI, Lacan va a diferenciar lo que es la repetición, del orden de lo que es la insistencia significante, en tanto que la insistencia significante esta por el lado de la ley, de lo que es del orden de la causa de la repetición, en tanto esa causa en Aristóteles toma la forma de la Tyche, es decir que Lacan va a traducir los conceptos de Aristóteles –por supuesto no tiene nada que ver con Aristóteles-: el automaton como la red de los significantes, la tyche como el encuentro con lo real.

Lacan va a tener que dar una vuelta por el objeto a para llegar a la pulsión, de ninguna manera afirmaría este concepto freudiano que lleva a una determinación psicofísica casi del sujeto, en el sentido de que, siendo el límite de lo somático y lo psíquico, su uno no define lo somático corre el peligro de pensar que es algo del orden de lo biológico, de lo orgánico, inserto en el psiquismo. Pero inmediatamente tenemos la teoría del doble psíquico del sujeto y ahí vamos hacia una psicofísica directamente.

La rememoración sigue las líneas de la cadena significante y de ninguna manera lo vivido del sujeto esta perdido, lo único que puede recuperar una y otra vez, y es por eso que Freud va a decir que el niño pide la repetición del juego una y otra vez para que allí surja lo nuevo, es decir, en tanto el significante nunca va a cernir aquello de que se trata; es decir, el cuento que se le conto una vez y que tanto le gusto, el pide que se lo repitan, se lo repiten y pide que se lo vuelvan a repetir. Sin embargo, no es que busque lo idéntico, sino que busca la novedad, porque en la misma repetición, en la misma articulación significante, en los mismos tonos distintos de contarlo, ya aparece esta dimensión de lo nuevo, es decir, que muestra que lo real, como tal, es absolutamente irrepetible.

Entonces la paradoja del concepto de repetición es que en realidad, en la repetición aparece la novedad y no que aparezca justamente lo idéntico de lo vivido. Lacan va a decir que el psicoanálisis no es un idealismo, el psicoanálisis no es un idealismo porque el inconsciente conecta con lo real, hay una redefinición en el Seminario XI, casi, del inconsciente freudiano; la redefinición del inconsciente freudiano es no prestar tanta atención por parte de Lacan a la dinámica, al conflicto psíquico, al conflicto entre el yo represor y lo reprimido, sino señalar como fundamental en el inconsciente, la dimensión de la causa. El inconsciente se encuentra abierto a lo real, el inconsciente ya no es solamente un avatar de conflictos, sino que está abierto por un agujero, por una ranura a lo real. Entonces, esta hiancia del inconsciente es lo único ontológico, en el sentido de lo único que es ser del inconsciente; lo que está del lado de lo real no es ni del orden del ser ni del orden del no ser, no es eso lo que importa, es del orden de lo no realizado.

La dimensión ética en el pensamiento implica que hacer, ya no que es el ser –dimensión ontológica- sino que hacer, hacia donde ir; entonces Lacan dice, sea lo que sea lo que allí se encuentre, por la vía de ese agujero de lo real del inconsciente, hay que ir allí.

O sea que el sujeto debe ir –ese es el imperativo ético del psicoanálisis- al lugar de su causa real. Desde ese lugar es de donde aparece la repetición ahora, desde ese lugar es de donde aparece la causación de la repetición en este momento del Seminario XI. Ya la repetición no se funda en la simple cadena de los significantes; la cadena de los significantes nos va a dar la ley de los retornos, es decir, vamos a saber por la vía del significante y de sus articulaciones como retorna, pero no nos va a dar la dimensión de la causa de esos retornos; la dimensión de la cusa de esos retornos es la aparición del concepto de objeto a y, por ese lado, la repetición se funda, ya no en una mera ley del significante, sino en una causa real. 

Además, Lacan se funda en Freud, en dos lugares en particular. En principio, se funda en que Freud dice que el deseo es indestructible, jamás hay agotamiento en un análisis del camino del deseo. Si el deseo es indestructible, es porque la cadena significante no puede agotar su estructura y, de hecho, para Lacan la estructura del deseo, que encuentra su límite no en el principio del placer, si bien el deseo aparece como una defensa contra el goce y, en este sentido, se inscribe en el principio del placer, el deseo encuentra su límite. No es un deseo infinito, es un deseo nombrable, como parece claramente en seminarios anteriores, pero si es un deseo que se puede limitar, de hecho es limitado. Y esa limitación del deseo, justamente está del otro lado del principio del placer, es decir, se encuentra mas allá del principio del placer, se encuentra articulado en el objeto a como real, eso es lo que limita el campo del deseo y hace que sea indestructible. Pero si es indestructible, entonces ¿Por qué se mueve, o acaso toda su dimensión no se despliega en la cadena significante como tal?

Por eso el sujeto es posible que despierte en el sueno, y es más, si el sueño es una realización de deseo, si esto puede sostenerse con el mas allá del principio del placer, es porque la dimensión del deseo se articula en el mas allá del principio del placer, o sea, se articula en su causa real.

Lacan va a señalar, entonces, todo un camino en la dirección de la cura que va de la rememoración a la resistencia de la repetición. Esa rememoración que se produce por las cadenas de significantes, llega hasta un límite. Lacan dice que podrían producirse rememoraciones mejores, por ejemplo por vias químicas, pero no son eficaces para el sujeto, no son eficaces para el tratamiento. La eficacia analítica deviene justamente de que puedan aparecer esas resistencias de la repetición. Insisto entonces en esta cuestión de que la rememoración no es la reminiscencia platónica; en tanto la rememoración siempre produce algo nuevo, en la vía de la repetición significante, siempre hay algo nuevo que de ninguna manera es algo ya dado.

La repetición se descubre en la dimensión del trauma, se descubre fundamentalmente en los sueños traumáticos, los sueños traumáticos que parecen venir a transgredir o a decir que ya no se puede decir que el sueño es la realización de deseo.

La primera forma de pensarlo –Lacan la va a llamar una forma anti freudiana- es pensar que en el sueno lo que se hace es dominar el acontecimiento traumático; pero da la casualidad que el sujeto sueña millones de veces con ese sueno traumático, por lo tanto, como pensar en el dominio, pero además coherente con el pensamiento de Freud de Mas allá del principio del placer, uno no puede pensar en dominio, porque pensar que en el sueño se pudiera dominar ese acontecimiento traumático, implicaría pensar en una instancia que lo domina, en una instancia dominante; de ahí vamos a caer al yo pero por la vía mas directa, es decir al yo en tanto moi, por la vía mas directa, o a la idea del hombrecillo que está en el hombre conduciéndolo, es decir la idea de que tengo un yo soberano que nos conduce a un lugar, o hacia el otro, racionalmente.

Y la vía que Lacan señala en Freud es que, en ese sueño traumático, en todo caso lo que se produce, lo que se intenta producir, es algo muy primario en términos de cómo Freud lo delimita, que es ligar la energía. Entonces, ligar la energía no es lo mismo que dominar el acontecimiento traumático; ligar la energía es el primer paso para que haya deslizamiento después; es decir, lo que Freud va a llamar la energía móvil y la energía ligada; es decir, que una energía sea ligada es posibilidad de que después haya deslizamiento por esas cadenas. Entonces, aquí hay un acontecimiento previo a la instauración del principio del placer, hay un acontecimiento previo a cualquier idea de dominar, hay un acontecimiento previo a la idea de un yo constituido; la ligazón en todo caso, es algo que se produce en un aparato primitivo, no desarrollado, es algo que Freud señala como una tarea primera, para que después esas cargas se desplacen. Diría en todo caso que ese proceso de ligazón de energía, podría pensarse como un proceso de inscripción en el aparato psíquico, previo a un proceso de desplazamiento de esa energía.

El trauma, por otra parte, aparece caracterizado por Freud mismo como algo inasimilable en las redes del principio del placer, inasimilable en las redes de esa energía libre, de esa energía móvil, ya de entrada aparece como algo que esta fuera de la cadena significante.

La otra dimensión que plantea un problema es si el sueño traumático es un sueño tal como Freud caracteriza el sueño. Piensen ustedes que si desde la dimensión de lo real colocamos lo no realizado, la realización de deseo, entonces, ya no quiere decir el cumplimiento de un anhelo, no es esta la forma de entender la realización de deseos, que Freud postula como la ley del sueño. El sueño siempre es una realización de deseo, lo cual no quiere decir de ninguna manera entonces que el sueño, para incluir el sueño traumático en su teoría del sueño, sea un sueño de colmamiento de un anhelo. Entonces, primero hay que distinguir deseo y anhelo y segundo hay que distinguir lo que es realización de lo que es cumplimiento. Si pensamos que Lacan caracteriza ese no realizado del lado de lo real, del lado de afuera del inconsciente, para decirlo de un modo grotesco, del lado de afuera del inconsciente pero determinando las vias del inconsciente, el sueño entonces ahora va y toma ese no realizado hacia la realización; pero, en todo caso, ahora la realización ya no significa cumplimiento, significa dirigirse justamente a ese lugar de real que el sueño traduce. Entonces ya tendremos otra manera de entender este camino de la realización de deseo, como la puesta en acto de esa realidad que está ahí a la espera, a la espera porque las redes del significante no pueden tomarla.

Dice Lacan: los psicoanalistas se dedicaron a suturar el inconsciente, es decir, a cerrar la vía por la cual el inconsciente conectaba con lo real. Lacan va a decir que ese camino es erróneo, porque suturando el inconsciente, el psicoanálisis se transforma en un mero desplazamiento incesante e inacabable del significante. Justamente, si se puede pensar la finalización del psicoanálisis, y es fundamental para el psicoanálisis lacaniano pensar el final del análisis, es porque, precisamente, el inconsciente no es sutura, el inconsciente es su abertura a lo real, es decir, al límite que el sujeto no podrá rebasar, al límite donde va a aparecer lo incurable del sujeto. Por supuesto no es lo incurable de entrada, no es lo no curado de entrada, es una no posibilidad de curación cuando todas las vias del significante fueron recorridas en análisis, entonces lo incurable del sujeto va a surgir como resistencias que ya no son removibles, ya no son las resistencias de la primera época, las resistencias del analista, las resistencias sencillamente del discurso, sino que son las resistencias que Freud va a articular como las resistencias del ello y las resistencias del superyó, o sea, resistencias que ya no son movibles, son el limite mismo con el que se puede ir con un sujeto; no se puede ir más allá de él, salvo abolir a un sujeto, pero mas allá de ese límite no se puede ir.

En cuanto a la dimensión del Fort-da y el objeto a, hay aquí toda una reformulación de Lacan. Esta reformulación toma a Aristóteles quien dice que el hombre piensa con su alma. Lacan va a decir: el hombre piensa con su objeto.

En el Seminario II la alteridad del sujeto es el Otro, el alter es el Otro. El otro imaginario como tal, no es alteridad del sujeto, es lo mismo, se encuentra en el mismo punto. Sin embargo, en el Seminario XI la alteridad del sujeto como tal, con la paradoja de ser una parte perdida del sujeto, y esto ya es definitivo para Lacan, es el objeto a como tal. Entonces la alteridad ahora ya no es el Otro, el Otro se barra y lo que aparece es la dimensión del objeto a como lo único alter del sujeto.

Por eso va a pensar en términos freudianos, cuando parte la madre, el sujeto se dedica a juguetear con ese carrete, carrete que es la automutilación de sí mismo, hecha posible porque el significante, entre tanto, se ha apoderado del sujeto, en tanto el objeto como tal está perdido para el sujeto, está perdido no porque haya acontecido una perdida, sino porque la dimensión significante hace que el objeto como tal nunca sea recuperable, en tanto la repetición nunca va a alcanzar el objeto primordial, lo intenta alcanzar pero nunca lo puede alcanzar porque nunca es el mismo, porque el sujeto esta perdido, mientras tanto, en las redes del significante.

Por eso Lacan ahora reformula, y esto es importantísimo, reformula todo de esta manera: no hay Fort ni da sin Dasein, utilizando el concepto de Heidegger de ser-ahí, no hay Fort ni da sin ser-ahí, y fíjense que si el psicoanálisis se dirige al núcleo de nuestro ser –Freud lo dice una y otra vez- y si el psicoanálisis, evidentemente, transforma a un sujeto y mueve las amarras de su ser, porque al fin y al cabo el psicoanálisis no serviría si fuera solo para recorrer la historia de un sujeto, sino que puede mover la amarras de su ser, da la paradoja entonces que el concepto freudiano del núcleo de “nuestro ser” para un sujeto que le falta el ser, se encuentra fuera del sujeto.

Un sujeto siempre se mueve en un fantasma determinado y ese fantasma determinado le dice toda su realidad: hay sujetos que se  mueven con fantasmas, digamos, jerarquizan uno u otro de los cuatro objetos que Lacan delimita, los cuatro objetos a reales que son el pecho, las heces, la mirada y la voz; entonces, todos los fantasmas de los sujetos se articulan en relación con alguno de estos objetos. Y esa articulación de ese fantasma es justamente la vía que le cierra al sujeto el camino hacia lo real; si el sujeto traspasa ese fantasma, sin la posibilidad de la contención analítica, es probable que cometa un acto peligroso, por ejemplo, un suicidio.

Por eso, el análisis en ciertos momentos es peligroso, porque el análisis se dirige efectivamente al atravesamiento del fantasma, por la vía de la repeticion, que es la vía por la cual el inconsciente articula un real, es decir, si es posible suspender momentáneamente en análisis su realidad, la realidad de su fantasma, es porque puede conectarse momentáneamente, y en algún momento, con esa dimensión del objeto a, vía la pulsión. Entonces por eso el despertar que produce el psicoanálisis es ese despertar a lo real, que ya no importa si el sujeto está dormido o no en el sentido del reposo, ese despertar, evidentemente, es por la vía del significante que el sueño articula, donde se puede alcanzar, pero es un despertar a lo real del sujeto, no un despertarse del sueño o, al menos , es un despertarse de un sueño en la medida del sueño que preside la vida del sujeto; por eso tampoco el despertarse en la vida cotidiana para Lacan, implica el despertar. Lacan dice que el sujeto cuando se despierta se vuelve a dormir inmediatamente y se pasa el día dormido, vive de sus sueños, una y otra vez no hace más que ajustar sus representaciones, vive dormido la mayor parte de su vida. Por eso el análisis puede producir esta dimensión del despertar del sujeto, el despertar en algún momento a lo real que lo preside, el permitirle que se pueda organizar como sujeto desde el lugar de la causa, permitirle articularse desde ese lugar que es previo a su dimensión de sujeto, desde la dimensión de su goce, desde su propio goce que encuentra por la vía de la pulsión cuando puede atravesar la dimensión del fantasma que le limita el acceso a lo real, que le priva de acceder a lo real pulsional.

La dimensión de lo real en el Seminario XI todavía es articulada como lo que vuelve siempre al mismo lugar. En el seminario siguiente, ya Lacan va articular lo real a lo imposible.

  • Continuar con la lección 7:

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Psicoanálisis
Raul Augusto Borgialli
@loqmsalvolavida
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