Mas allá del Principio de Placer (IV parte)

Párrafos seleccionados de Mario Fischman: “Lectura de Lacan del Fort-da. Seminarios II y VII. Índice razonado de los Escritos” en Puntuaciones Freudianas de Lacan: Acerca de Mas allá del principio de placer. Compiladores: J.C. Cosentino y D.S. Rabinovich. Ed. Manantial, Buenos Aires, 1992.

Este sujeto en tanto efecto del significante da cuenta de lo que va a ser el aforismo de Lacan de esta primera época. Aforismo central que es: el inconsciente está estructurado como un lenguaje.

Lacan dice que la compulsión a la repetición es equivalente a lo que él denomina la insistencia del significante, es decir, un orden simbólico constituyente del sujeto, no un orden constituido por el sujeto, y que tiene la particularidad de ser una especie de máquina automática, que insiste, insiste en el discurso del analizante.

Al sujeto en psicoanálisis se lo considera en relación con un orden simbólico. El psicoanálisis no puede dejar de lado el tema del sujeto en la relación con su Otro, Otro que lo determina y lo constituye.

¿Por qué Freud tuvo que enfrentar dicho viraje en la teoría? Precisamente por el fenómeno de la compulsión a la repetición.

Suponer por ejemplo que el niño se identifica con la madre para volver como experiencia activa aquello que pasivamente sufre, es una explicación del juego reducida y que no responde a las exigencias del artículo. Podemos decir aun mas, siguiendo a Lacan, que el hombre literalmente dedica su tiempo a desplegar esta alternancia estructural –fort-da– donde la presencia y la ausencia toman la una y la otra su llamado.

En este juego debemos recorrer el camino del niño que juega, al sujeto que se constituye.

El concepto de estructura que está en juego en este axioma central no puede dejar de lado una dimensión temporal que le es esencial. Esta dimensión temporal es propia del sujeto en tanto que habla. La consecuencia es la siguiente: que la estructura queda agujereada, que el inconsciente no se reduce solamente a inscripciones, sino que además trabaja. La repetición misma nos lleva a esa idea, y dará cuenta de un sujeto dividido, y de la aparición de un objeto extraño en el doble sentido, es un objeto extraño y muy extraño a la vez a la compresión. De esta manera, la dimensión temporal –que es una función de sujeto- implica que se pierde toda la ilusión, como decía, de una estructura competa, es decir de un universo cerrado de discurso, es decir un universo de discurso donde se pueda decir La Verdad, la verdad sobre lo verdadero. Eso es religión, no es psicoanálisis.

En el Fort-da se muestra la repetición ahí en acto y exige considerar el inconsciente no solamente como el lugar donde se encuentra la inscripción de la cifra del sujeto, de la cifra que determina su destino, sino que hay que considerar el inconsciente como una máquina que trabaja, y su trabajo es escribir constantemente. Esta es una idea central de Freud: que el inconsciente esta exigido a un trabajo por lo que él llama la pura cantidad. Trabajo que la transforma en cualidad, o sea, los representantes de representación –que Lacan llama significantes- y así pueden entrar en los mecanismos del proceso primario, en las ligaduras, por las operatorias de condensación y desplazamiento: metonimia y metáfora, según Lacan. Esta pura cantidad que constantemente exige tal trabajo, según como Freud lo considera, nunca termina de inscribirse. Nunca triunfa la posibilidad de absorber todo lo que Freud llama la cantidad en pura cualidad; no se logra que el campo de la representación logre absorber todo lo que está en juego; que el campo de la representación logre absorber en sí mismo –dicho ahora si concretamente- todo lo real: siempre quedara algo que sigue obligando al aparato a seguir trabajando, Lacan dice que no cesa de no escribirse; es imposible que la repetición logre la ligadura de todo lo que se requiere ligar. La repetición como intento de ligadura es intento de ligadura que fracasa, fracasa en ligar todo, y esta cantidad o este real que no logra ligarse, que no logra entrar totalmente en el campo de la representación, este goce que no logra significarse totalmente, este resto que siempre permanece, es constantemente causa de la repetición. Entonces, por un lado, la repetición no cesara y, por otro lado, la repetición fracasa en el sentido de ligar todo lo real.

El solo hecho de hablar implica una perdida. En tanto que se habla hay una satisfacción que se pierde, pero no queda perdida y punto, sino que constantemente tiene un efecto de retorno. Esto demuestra el psicoanálisis. Lo que no se logra significar por razones de estructura, retorna constantemente y constituye una maldición frente al anhelo de dormir, de descansar, de retozar en la pereza: el sujeto paga con el síntoma o con sus pesadillas su anhelo de bienestar. El logro de la satisfacción –la posible- nunca se alcanza sin pérdida; no hay posibilidad de alcanzar toda la satisfacción, siempre hay un resto que se pierde, no hay logro sin perdida.

Es la repetición lo que muestra una vertiente no pacificadora, incluso monótona, en el psicoanálisis. Es anti homeostática, ya que no permite la homeostasis de la pacificación en lo simbólico. Es la repetición siempre fracasada de un encuentro con el objeto perdido –y el encuentro es siempre con un objeto sustituto-.

Por eso la repetición nos va a llevar a considerar la relación que hay entre lo simbólico y lo real, en la medida en que hay un campo que queda fuera de lo simbólico y que no es imaginario; campo –va a decir Lacan- del das Ding, de la cosa.

Ahora bien, cuando hablamos de repetición, habitualmente, hablamos de repetición como reproducción. Decimos que si alguien está repitiendo algo repite lo mismo, vive repitiendo siempre lo mismo, que se le produce la misma situación una y otra vez. La repetición aparece en nuestra experiencia en primer lugar, intuitivamente, como una repetición de lo mismo. Es en este punto donde es importante diferenciar dos vertientes en donde se puede considerar la diferencia que hay entre la repetición como restitutiva, como restitución del orden homeostático, o la repetición como insistencia anti homeostática. En este sentido –no como restitutiva- aparece el aspecto en donde la repetición es constantemente repetición del fracaso de un cierto intento. La función restitutiva es acorde con el principio del placer, deja de lado el más allá del principio del placer; entender de este modo la repetición, como reproducción de situaciones pasadas, en realidad coincide con una terapéutica guiada siempre por una psicología normalizante. Lacan señala la diferencia que establece Kierkegaard entre la reminiscencia y la repetición, mostrando como la reminiscencia plantónica –y sabemos que Freud dijo que las histéricas sufren de reminiscencias- implica que uno va a conocer algo que de hecho ya esta conocido y en cambio la repetición va a implicar algo nuevo. Este algo nuevo va a coincidir con la segunda fórmula de la cura en Freud, no la de hacer consciente lo inconsciente sino aquella que dice: “Donde el ello estaba, el yo debe advenir” algo nuevo advendrá.

Lo que reproduce la paciente requiere descifrar la causa de esa compulsión. Se trata de la diferencia entre lo no cumplido, lo no realizado y lo que ella muestra como realizado. Constantemente se repite esa diferencia, que muestra además un hecho: es un acto que no se realizo y que se presenta como acto sintomático. En este ejemplo muy recortado por Freud vemos un lugar de la causa en el orden de lo no realizado –como Lacan va a definir al inconsciente- y que siempre se repite, fracasando en ese intento de realizarse totalmente ya que el acto sintomático no consuma el matrimonio.

Un elemento claramente simbólico, que determina el juego del niño –la ausencia de la madre- que abre una hiancia, abre un espacio vacío en donde el niño dedica su juego. 

Un significante es lo que los otros no son; por lo tanto siempre un significante se escribe como una oposición: S/S, este significante es lo que el otro no es, y este es el que el anterior no es. Lacan lo llama la condición sincrónica de la batería significante: toda la batería significante es un juego de oposiciones. Lo que hay que observar es que, en este caso, s1 es equivalente a s2, hay una relación que es de simetría entre s1 y s2, ya que s1 es lo que no es s2 y s2 es lo que no es s1; de esta manera podría entenderse como el niño en el Fort-da repite constantemente una diferencia estructural, sincrónica.

Pero a esto se agrega una segunda cuestión, y es que el niño lo despliega temporalmente en su juego. Por lo tanto, decimos que el Fort llama a un da y que el da llama a un Fort y esta es la dimensión temporal diacrónica de la repetición. No basta con definir al significante como pura diferencia, sino que se requiere el concepto de cadena.

Lacan dice que el Fort-da instituye la presencia sobre el fondo de la ausencia, y por eso se requiere además un cuarto tiempo en donde el da hace de este da un da de un Fort. O sea, que aparece sobre el fondo de la ausencia. El da esta, a su vez, presente en la ausencia; por lo tanto, la ausencia es obre el fondo de la presencia.

Este despliegue temporal es el que decimos que es una función sujeto. Constituye, instituye, tiene un efecto que es el sujeto, y que hace que Lacan termine diciendo que la función del significante en psicoanálisis no es decir que un significante sea lo que los otros no son, sino que un significante representa a un sujeto para otro significante. El significante, como pura diferencia, era una relación circular, simétrica. Cuando digo que un significante representa al sujeto para otro significante ya no son simétricos, ya no son iguales. El significante 2 no representa al sujeto, en cambio si el significante 1.

El s1 es el que representa al sujeto sin lograr representarlo totalmente; no lo puede significar totalmente ya que no hay significante que logre significar en forma acabada a un sujeto, solo puede representarlo para otro.

Por eso hay que considerar que en el Fort-da, además de mostrarse la alternativa estructural, que es propia del orden simbólico, se constituye un sujeto. El sujeto del Fort (ya que el Fort es el significante del sujeto) lo representa sin lograr representarlo totalmente. Pero ya nos presenta una cuestión complicada. El sujeto en psicoanálisis es un sujeto que se constituye en un afuera (recuerden que en el Fort, tiraba el carretel –que es el sujeto en ese momento- fuera de su vista. Freud dice también que el niño jugaba con el espejo, el niño juega al hecho de aparecer y desaparecer).

Se constituye un sujeto en ese espacio que está afuera de su vista, ese espacio negro, desierto, lugar de la ausencia de representación. Se instituye un sujeto con un significante que es el Fort y el tiempo del da, momento de reencuentro, de una cierta ganancia de placer, va a ser sobre el fondo de ese afuera. Se dibuja una topología subjetiva. La topología es una geometría en donde de adentro a afuera se puede pasar sin atravesar ningún borde (el ejemplo es la banda de Möbius).

  • Continuar con la lección 5:

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