Adolescente y Antisocial

Párrafos seleccionados de Winnicot, D: “Deprivación y delincuencia” Segunda Parte, Cap. 17; Luchando por superar la fase de desaliento malhumorado. Paidós, Bs.As, 2005.

Cap. 17. Luchando por superar la fase de desaliento malhumorado

(Trabajo basado en una conferencia dictada ante el personal superior del Departamento de Menores del concejo del Condado de Londres, en febrero de 1961. Revisado y publicado en 1963)

Resumen:

Solo hay una cura real para la adolescencia: la maduración. Combinada con el paso del tiempo produce, a la larga, el surgimiento de la persona adulta.

Si examinamos los procesos de maduración, veremos que en esta fase de la vida el niño o niña debe hacer frente a cambios importantes, relacionados con la pubertad; adquiere capacidad sexual y aparecen las manifestaciones sexuales secundarias.

El modo en que el adolescente afronta estos cambios y las angustias que ellos generan se basa, en grado considerable, en una pauta organizada en su temprana infancia, cuando atravesó por una fase similar de rápido crecimiento físico y emocional. En esta fase más temprana, los niños sanos y bien cuidados adquirieron el llamado "complejo de Edipo".

El niño sano llega a la adolescencia equipado con un método personal para habérselas con nuevos sentimientos, tolerar la desazón y rechazar o apartar de si las situaciones que le provoquen una angustia insoportable. Ciertas características y tendencias individuales, heredadas o adquiridas, derivan igualmente de las experiencias vividas por cada adolescente en su temprana infancia y su niñez; son pautas residuales de enfermedad asociadas al fracaso (mas que al éxito) en el manejo de los sentimientos propios de los dos primeros años de vida.

En esta etapa de la vida el ambiente y el medio familiar desempeñan un papel importantísimo.

El adolescente es esencialmente un ser aislado. Las relaciones individuales, actuando de a una por vez, son las que con el tiempo lo conducen hacia la socialización. El adolescente repite una fase esencial de la infancia: el bebe también es un ser aislado. El infante adquiere la capacidad de reconocer y acoger con beneplácito la existencia de objetos que no forman parte de él, pero esto es un logro. El adolescente repite esta lucha.

De ahí que a veces los grupos de adolescentes de menor edad nos parezcan aglomeraciones de individuos aislados que intentan -todos a la vez- formar un conjunto mediante la adopción de ideas, ideales, modos de vestir y estilos de vida mutuos, como si pudieran agruparse a causa de sus preocupaciones e intereses recíprocos. Por supuesto, pueden llegar a constituir un grupo si son atacados como tal, pero es una agrupación reactiva que cesa al terminar la persecución. No es satisfactoria, porque carece de dinámica interna.

En esta etapa, la masturbación compulsiva puede ser un esfuerzo reiterado por liberarse del sexo, más que una forma de experiencia sexual.

A mi entender, hay tres progresos sociales principales que, actuando en forma conjunta, han alterado todo el clima en que se desenvuelven los adolescentes: 

  • Las enfermedades venéreas ya no son un factor disuasivo
  • Los anticonceptivos
  • Se terminaron las guerras 

Su feroz moralidad solo acepta lo que se siente como algo real. Esta moralidad, que caracteriza igualmente a la infancia, llega mucho más hondo que la perversidad y tiene por lema "se fiel a ti mismo". El adolescente está empeñado en tratar de encontrar ese self o "si-mismo" al que debe ser fiel.

Buscan una forma de identificación que no los traicione en su lucha por conquistar una identidad, por sentirse reales, por no amoldarse a un rol asignado por los adultos y, en cambio, pasar por todos los procesos y experiencias necesarios, sean cuales fueren. Se sienten irreales, salvo en tanto rechacen las soluciones falsas.

Quienes se ocupan de ellos se preguntan, perplejos, como pueden mostrarse desafiantes hasta cierto punto y, al mismo tiempo, manifestar una dependencia pueril y aun infantil. Además, los padres se dan cuenta de que están desembolsando su dinero para posibilitar la actitud desafiante de sus hijos aunque, por supuesto, son ellos quienes sufren las consecuencia de esos desafíos.

Por consiguiente, podemos hacer una lista parcial de las necesidades que atribuiríamos a los adolescentes:

  1. La necesidad de evitar la solución falsa, de sentirse reales o de tolerar el no sentir absolutamente nada.
  2. La necesidad de desafiar, en un medio en que se atiende a su dependencia y ellos pueden confiar en que recibirán tal atención.
  3. La necesidad de aguijonear una y otra vez a la sociedad, para poner en videncia su antagonismo y poder responderle de la misma manera.

Las manifestaciones del adolescente normal guardan relación con las de varios tipos de enfermos. Por ejemplo, la idea de repudiar las soluciones falsas se corresponde con la incapacidad de transigir del paciente esquizofrénico; con esto contrasta la ambivalencia psiconeurótica, así como la impostura y el autoengaño que hallamos en personas sanas. Hay una correspondencia entre la necesidad de sentirse real, por un lado, y los sentimientos de irrealidad asociados a la depresión psicótica y la despersonalización, por el otro. También la hay entre la necesidad de desafiar y un aspecto de la tendencia antisocial, tal como se manifiesta en la delincuencia.

En la base de la tendencia antisocial siempre hay una deprivación. Quizás haya consistido simplemente en que, en un momento crítico, la madre se hallaba deprimida o en un estado de retraimiento, o bien se desintegro la familia. Hasta una deprivación leve puede someter las defensas disponibles a una tensión y esfuerzo excesivos y acarrear consecuencias duraderas, si ocurre en un momento difícil de la vida de un niño. Detrás de la tendencia antisocial siempre está la historia de una vida hasta cierto punto sana, en la que se produjo un corte tras el cual la situación nunca volvió a ser como antes. El niño antisocial busca de una manera u otra, con dulzura o violencia, el modo de lograr que el mundo reconozca la deuda que tiene hacia él; para ello, trata de inducirlo a reformar la estructura o marco roto.

Si en el grupo hay una chica o muchacho antisocial que esté dispuesto a cometer un acto de tal índole que provoque una reacción social, todos los demás se sentirán inducidos a unírsele, se sentirán reales, y esto le proporcionara al grupo estructura temporaria.

Cada uno de estos adolescentes utiliza a los miembros extremos del grupo para ayudarse a sí mismo a sentirse real, en su lucha por soportar este periodo de desaliento malhumorado.

Respondemos al desafío, en vez de dedicarnos a curar algo intrínsecamente saludable.

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