Neurobiología del Psicópata (VI parte)

Semiología Psiquiátrica y Psicopatía - NEUROBIOLOGÍA DEL PSICÓPATA - Dr. Eduardo A. Mata

Desde hace tiempo se ha argumentado que la baja respuesta cortical puede ser una causa determinante de comportamiento criminal. Aunque estas teorías no han estado inicialmente dirigidas a explicar la violencia, una variedad de fuentes indican que los ofensores violentos, en particular, pueden ser corticalmente bajo alertables. El alerta reducido se lo supone vinculado con la búsqueda de sensaciones; como consecuencia, a esta teoría se la analiza conjuntamente con la teoría del alerta, de la que nos ocupamos más arriba. Esta última ha sido más frecuentemente verificada midiendo las respuestas fisiológicas, especialmente el EEG y los potenciales evocados pero, como se ha visto ya, el alerta autonómico ha sido visto también en el marco de la teoría del arousal. 

Hay muchos estudios que han evaluado el alerta en delincuentes y criminales, pero una dificultad importante para obtener conclusiones reside en que esos estudios provienen únicamente de tres fuentes: las respuestas fisiológicas electrodérmicas, cardiovasculares y corticales. Además, estos estudios no son prospectivos, y fueron llevados a cabo en poblaciones institucionalizadas.

Un estudio prospectivo reciente demuestra que la baja alertabilidad puede ser crítica en el desarrollo del comportamiento antisocial y criminal. La conductancia eléctrica de la piel en reposo, el rendimiento cardíaco y la actividad EEG fueron determinadas en 101 chicos de 15 años, y vueltas a determinar 9 años después, cuando tenían 24. Los hallazgos se han mostrado en las figs. 5, 6 y 7. Se encontró que los criminales tenían significativamente menor gasto cardíaco, reducida conductancia en la piel y más frecuencia theta en el EEG que los no criminales. Estas tres mediciones clasificaron correctamente al 74% como criminales. Estas relaciones no parecen estar condicionadas por clase social, habilidades académicas, o área de residencia.

Este estudio sugiere que si estas comprobaciones fueran llevadas a cabo en poblaciones no institucionalizadas y no seleccionadas, se pueden encontrar evidencias aún más fuertes sobre las relaciones entre los aspectos biológicos y la criminalidad. La baja alertabilidad fisiológica es un constructo muy utilizado pero extremadamente complejo, dado que las tres mediciones mencionadas no suelen estar correlacionadas en la población general. El hecho de que las tres coincidan para predecir crimen en una misma muestra puede ser visto como concediendo algún grado de replicación de las vinculaciones del alerta con el crimen.

Aunque estos hallazgos tienen un significado potencial, hay dos problemas importantes que necesariamente tienen que resolverse. El primero es si estos hallazgos pueden ser replicados. Si esto es así, eso demostraría que la baja responsividad al alerta puede tener un papel importante en el desarrollo de la personalidad antisocial, y puede ser una vía mediante la cual las influencias genéticas en la aparición del comportamiento antisocial ejerzan su influencia.

El segundo tema tiene que ver con la evolución de las variables evolutivas. Debido a que el crimen sólo puede determinarse si el individuo fue atrapado y condenado, los resultados están limitados a los criminales "fracasados". El análisis funcional discriminante califica a muchos sujetos bajorrespondientes como no criminales, pero puede que éstos lo sean, y no han sido detectados. La disponibilidad de extensos autoinformes sobre comportamiento antisocial, agregados a los grupos de criminales oficialmente reconocidos como tales, aumenta la fuerza de los efectos conjeturales.

Ya hemos mencionado que un gran número de estudios han implicado alteraciones EEG en los criminales. Algunos autores las encontraron en un 50%. Estos hallazgos han sido confirmados por otros sobre asesinos y ofensores violentos. Una de las alteraciones más comunes observadas en el EEG es la excesiva actividad theta, la cual es consistente con la baja respuesta al alerta. Estudios diseñados más rigurosamente, como el mapeo cerebral, puede profundizar en este tema.

Una teoría sostiene que como la actividad theta excesiva caracteriza el EEG de los niños, su presencia en el adulto criminal podría significar una cierta "inmadurez cortical". Numerosos estudios prospectivos han demostrado que una excesiva actividad theta en niños y adolescentes predice actividad antisocial en la adultez, pero no hay estudios prospectivos en relación a la violencia. Se necesitan también estudios para explorar la posibilidad de que las alteraciones EEG, específicamente la baja alertabilidad, puedan subyacer a los déficits cognitivos y fracaso escolar, la cual puede relacionarse ulteriormente con la violencia.

Howrad, al hacer una revisión de las teorías más importantes, también señala la del "retraso madurativo", relacionándolo con una actividad lenta de la región temporal posterior, tal como ocurre normalmente en niños y adolescentes. Insiste que aquí también, estas observaciones responden al ¿Cómo?, pero no al ¿porqué? (que podría vincularse a un ambiente pobre de estimulación en sus etapas tempranas); por ésto la considera insuficiente, ya que tampoco responde al ¿cuándo?

La teoría tradicional de la disfunción del hemisferio izquierdo en las bases de la violencia argumenta a favor de un daño estructural en ese hemisferio, a través de test neuropsicológicos, comparándolo con otros de daño cerebral. Una teoría más reciente, sutil -y potencialmente más plausible- de la violencia, tiene que ver con que estos individuos tienen procesos de discurso menos lateralizados.

Las motivaciones reducidas para llevar a cabo tareas de activación no puede ser fácilmente explicada por la reducción del metabolismo de la glucosa debido a que no hay diferencias de rendimiento en los criminales. Tampoco parece haber ninguna relación entre estos niveles metabólicos bajos de glucosa en los criminales con los subrupos que de estos puedan formarse en base a relaciones con la víctima, actos impulsivos vs. planeados, agresión instrumental opuesta a la afectiva, implicaciones sexuales o no, edad y sexo de la víctima.

No obstante, después de una serie de análisis de la literatura previa Nachsohn que la disfunción del hemisferio izquierdo está vinculada a la conducta criminal. La teorización de Nachshon difiere de la de otros en dos puntos importantes: a) en contraste con las teorías frontales y frontotemporales límbicas, argumenta que hay una disrupción generalizada funcional en lugar de una disrupción estructural específica; y b), basa la evidencia para esta afirmación, no en el EEG o los tests neuropsicológicos tradicionales, sino en estudios de preferencia de lateralidad, asimetrías de la conductancia eléctrica de la piel, estudios de campo visual, dividido, y estudios de escucha dicótica. Nachsohn argumenta que la disfunción del hemisferio izquierdo predispone a la conducta criminal al disrumpir el control normal que el hemisferio izquierdo ejerce sobre los comportamientos impulsivos.

Una cantidad de problemas plantea esta teoría de la violencia. En primer lugar, los mecanismos de la conductancia eléctrica diferenciada en cada mano están confusas debido a que las conexiones cerebrales para estas funciones no están claramente establecidas. Por este motivo, es difícil sacar conclusiones sobre la lateralidad hemisférica en este sentido. En segundo lugar, aunque Nachsohn atribuye el concepto de impulsividad como un mediador entre la disfunción del hemisferio izquierdo y la violencia, ninguno de estos estudios ha verificado esta noción usando mediciones de impulsividad. En tercer lugar, los datos provenientes de la escucha dicótica, es usada para fundamentar un déficit global del hemisferio izquierdo, pero esto no es fácil de interpretar. Por ejemplo, Nachsohn argumenta que el oído izquierdo aventaja sobre tareas de tono dicótico en los agresivos violentos, mientras otros investigadores verían esto como una función normal para el material no verbal. En cuarto lugar, esta teoría debería predecir alteraciones EEG y de los PE lateralizadas, y tales cosas no han sido demostradas.

A pesar de estas críticas, la noción de una disfunción hemisférica global aún queda como una teoría factible de la violencia, pero necesita más investigación. Verificaciones futuras de estas teoría deberían usar indicadores más directos de la función cerebral, tales como PET y SPECT, más que indicadores indirectos como es la conductancia de la piel o la audición dicótica. El estudio por PET de Raine y col. muestra un consumo de glucosa disminuido en el lóbulo prefrontal izquierdo, aunque no pudo demostrar una clara asimetría. No obstante, otros estudios con diagnóstico por imágenes pueden proveer más bases para esta hipótesis.

En relación con el daño frontotemporal-límbico izquierdo, Yeudall sostiene que la violencia está en parte determinada por el daño en las zonas izquierdas frontales, córtex temporal anterior, y las zonas amigdalares hipocámpicas del mismo lado. La evidencia empírica para esta hipótesis está basada en un gran número de estudios neuropsicológicos en sujetos habitualmente violentos y agresivos. Los estudios efectuados muestran un 76% de este tipo de disfunciones en criminales, localizadas en las regiones frontales y temporales del cerebro. De estos, el 79% mostraban anormalidades frontotemporales lateralizados a izquierda. Localizaciones similares de actividad dominante de lóbulo temporal izquierdo se encontró en los adolescentes violentos y agresivos.

Hemos mencionado, varias veces en este trabajo, a Howard. Este autor presenta por último un "modelo psicobiológico" de la psicopatía, en la que pretende integrar las tres diferentes clases de psicópatas: sociópata, secundario y primario. Howard se pregunta si en el nivel descriptivo hay uno o varios rasgos que sean comunes a los tres tipos de psicópatas. Se pueden hacer tres clases de interrogantes: ¿Cuáles son los mecanismos mediadores? ¿Cuáles las influencias predisponentes? ¿Y cuáles los eventos desencadenantes?

Blackburn sostiene que hay un factor (psicopatía = PP) definida por una alta carga de impulsividad y agresión, y en menor medida por Escalas de Hostilidad, desviaciones psicopáticas y extraversión; que comparten los tres tipos de psicópatas. Debería subrayarse que Blackburn define a la psicopatía en términos de impulsividad.

Resultados de investigaciones recientes no confirman plenamente esta afirmación. En primer lugar, se ha vuelto progresivamente claro que la impulsividad no es un rasgo unitario. Barratt discrimina tres tipos de impulsividad: motora, cognitiva y falta de planificación. Eysenck distingue varios subrasgos de la impulsividad (toma de riesgos, improvisación, vivacidad e impulsividad estrecha). Varios autores dividieron también la dimensión de la impulsividad en tres subrasgos: reflexión vs. frivolidad; planificación vs. improvisación, y evitación del alerta vs. búsqueda de alerta. La cuestión es sobre qué substrato se asienta la impulsividad en el sentido que le da Blackburn, aunque se sabe que este modelo correlaciona fuertemente con los rasgos de ansiedad y hostilidad. Podría considerarse que aquí la impulsividad está vinculando una dimensión que refleja una di-menensión de intencionalidad (intencional vs. inintencional) hacia una meta y un afecto (positivo vs. negativo).

En lo que hace a los mecanismos mediadores, Howard subraya que los bajos potenciales evocados hablan de un correlato potencial con la impulsividad, el cual se ha informado tanto en criminales anormales como normales, de tal manera que se observa que los sujetos impulsivos muestran escasa diferenciación en el paradigma "Lo hago/no lo hago" en la evitación. Hasta ahora no se sabe con qué aspectos del rasgo de la impulsividad correlaciona esta escasa diferenciación cortical. Sin embargo, parece reflejar la interacción de las dimensiones "intencionales" y las afectivas. 

Ya se ha indicado que la actividad EEG lenta parece estar vinculada a la psicopatía secundaria, más que a la psicopatía como género. Sin ambargo, otra anomalía electrofisiológica, la actividad temporal posterior lenta, parece caracterizar a los psicópatas de Checkley cuando se usaba la Escala de Hare (RASP_Research Assessment Scale of Psychopathy), ya que estos mostraban una prominente lentificación temporal posterior en sus EEG de reposo.

Dentro de estos mecanismos mediadores hay que considerar la disfunción de los lóbulos frontales, ya mencionada, que conduce a una disminución del tono frontal. Esto se puede traducir en un déficit en tareas de apreciación primaria, tales como el peligro.

Cuando analizamos los eventos iniciadores, vemos que éstos tienen que ver con el stress y la adaptación en los psicópatas.

La siguiente pregunta que se plantea Howard es el ¿cuándo?, o sea cuáles son los stressores ambientales que desencadenan la conducta psicopática. Con relación a los psicópatas secundarios, se ha postulado que son especialmente sensibles a las claves que significan castigo o no gratificación, debido a su aislamiento social. Ésto estaría de acuerdo con las hipótesis de Gray, quien sostiene que las personalidades ansiosas, están vinculadas a la dimensión de la sociabilidad. Llevado ésto a términos cognitivos, significa que muestra una "apreciación errónea", o sea, que tienden a sobredimensionar las amenazas del ambiente.

En lo que hace a los psicópatas primarios, se ha sugerido que ellos pueden estar colocados en una forma extrema y patológica de los que se llamaría "inintencionalidad" quienes experimentan poco alerta sentido como aversivo (y además luchan para no tenerlo). En otras palabras, se considera que los psicópatas primarios son altamente susceptibles al stress por aburrimiento. Creo que aquí conviene tener en cuenta las diferencias en potenciales evocados descritos por Raine.

Tanto los psicópatas primarios como los secundarios comparten la falta de adaptación. Adaptación o no adaptación se dice que reflejan la apreciación primaria y secundaria. Sin embargo, en los psicópatas secundarios se podría decir que la falta de adaptación proviene de una defectuosa apreciación primaria (apreciación exagerada del peligro) mientras que en los psicópatas primarios la falta de adaptación proviene principalmente de una falla en la apreciación secundaria (control percibido como bajo). Estas asociaciones entre impulsividad y adaptación están implicadas en el resultado de estudios recientes de las diferenciaciones electrocorticales de la personalidad. En estos estudios se confirmó la relación entre diferenciación cortical e impulsividad, ya que aquélla correlaciona con los aspectos afectivos de la impulsividad: hostilidad, ansiedad y depresión. También se encontró una alta correlación entre impulsividad y el grado de aumento en el stress subjetivo en situaciones "Lo hago/no lo hago". En otros estudios se ha encontrado que el grado de pérdida de control sobre estímulos aversivos ("desamparo") lleva a una reducción temporaria de la diferenciación cortical, o lo que es lo mismo, mimetiza los efectos de la impulsividad. Por lo tanto, una dimensión descrita como estática (rasgos) vinculada a la Impulsividad de Blackburn puede corresponder, en términos dinámicos (estado) a una dimensión de adaptación-no adaptación, con polos opuestos en la dimensión de no adaptación, con un punto intermedio de buena adaptación.

Las influencias predisponentes tienen que ver con algo ya mencionado antes, esto es, las relaciones entre la antisocialidad adulta y la deprivación afectiva durante la infancia, además de la dura incoherencia normativa. A pesar de esto, y de lo que se ha señalado más arriba acerca de las consecuencias biológicas del maltrato, abuso y descuido, hay factores biológicos en juego que no se pueden descuidar. Hay descenso de ciertas actividades cognitivas, en los psicópatas, que son demostrables desde temprana edad, y que tienen cierto valor pronóstico, en especial para los delincuentes reincidentes. También los chicos hiperactivos, con anormalidades EEG, entran en este grupo (platon).

Psicogenética de la psicopatía:

Cuando se habla de genética comportamental debe entenderse que se está hablando de una teoría de la personalidad. Esta teoría atribuye variaciones de la personalidad, al menos parcialmente, a la variación de la estructura y funcionamiento de sistemas fisiológicos. Los genes contienen la información que codifica para varias proteínas estructurales y regulatorias (incluyendo al ARNm) que conducen a diferentes vías de ese desarrollo. Aunque las diferencias individuales se pueden expresar en cualquier sistema fisiológico, los que se establecen en el cerebro y en otras partes del sistema nervioso son probablemente más importantes para los rasgos comportamentales

A pesar de haberse encontrado que la influencia de los pares era lo más fuerte en lo que hace a la violación de reglas y conducta criminal, en estudios correlacionales tales como el mencionado no se puede distinguir entre los efectos genotipo-ambiente causales directos, y los correlacionales e interaccionales. El comportamiento de los pares puede correlacionar con el comportamiento propio debido a que la gente aprende de sus pares y que estas personas seleccionan pares que coinciden con ellos mismos. Coincidencias significativas en las asociaciones de gemelos idénticos separados sugiere que el genotipo puede influir sobre asociaciones e intereses sobre el fenotipo. Similaridades genéticas en la búsqueda de sensaciones pueden explicar parte de su evolución, pero que la especificidad de la expresión encontrada en el rasgo debe ser debida a alguna clase de correlación activa genotipo-ambiente, a la que los investigadores llaman emergenesis.

En lo que hace a la genética del rasgo ImPUSS, se puede decir que las diferencias individuales en los sistemas bioquímicos y neurológicos que subyacen a los mecanismos básicos tienen sus orígenes en variaciones en este campo. Las diferencias observadas en linajes animales en relación con la exploración, el temor, la agresión, la actividad y la inhibición sugiere un control genético de estos rasgos. Los resultados de crianzas selectivas han confirmado la influencia genética, y estudios de crianza cruzados han provisto controles para los posibles efectos de un ambiente compartido.

Como en otros casos, los estudios biométricos genéticos en humanos utilizan gemelos y adoptados para estimar la heredabilidad. El estudio de Minnesota de gemelos separados provee datos para ambos tipos. El principal test de personalidad usado en este estudio fue el Multidimensional Personality Questionnaire de Tellegen, el cual puntúa tres factores que recuerdan los de Eysenck. El principal de ellos es llamado "restricción". Este factor consiste en tres subescalas: Control, Evitación del Daño, y Tradicionalismo, los que groseramente son el reverso de Impulsividad, Búsqueda de Sensaciones, y tendencias No Socializadas en el modelo de cinco factores alternativo.

Las correlaciones entre gemelos idénticos que fueron criados en forma separada dan una estimación directa de la heredabilidad de estos rasgos. La estimación de la heredabilidad del factor de constricción y el componente de búsqueda de sensaciones están cerca del final superior de la heredabilidad evaluada por este método. Hay pocas diferencias entre las correlaciones para mellizos idénticos que fueron criados aparte y los que fueron criados conjuntamente, lo que indica que el ambiente compartido es de poca importancia para estos rasgos. Esta conclusión va en contra de la creencia común de que el ambiente familiar es el principal responsable de la socialización del niño y que las similitudes mayores observadas en los idénticos se deben a que son tratados de manera más parecida que los fraternos. El ambiente específico parece jugar un papel más importante en estos rasgos. Esta clase de influencia es provista por diferentes pares u otras presiones que afectan a un miembro pero no a otros.

Se ha sugerido que hay una predisposición genética al retraimiento social, y que esto está relacionado con las anormalidades electrofisiológicas vistas en algunos psicópatas. Esto quiere decir que los niños que están predispuestos biológicamente a ser psicópatas están genéticamente predispuestos al aislamiento social, estarían también en riesgo debido a su hipersensibilidad a amenazas de castigo (en los que están sobrevalorando el peligro). Esto no significaría negar que, si la deprivación y maltrato infantil fueran lo suficientemente intensos, estos chicos necesitarían menos predisposición biológica para expresar su estructura psicopática.

Resumiendo, la hipótesis planteada por Howard es que hay una clase de individuos (llamados por los norteamericanos "sociópatas") que muestran un comportamiento antisocial muy temprano, crónico, y cuya condición es fundamentalmente evolutiva, manifestándose en la adultez como un déficit madurativo, tanto comportamental como electrofisiológico. Al crecer, estas características disminuyen. En un nivel de rasgos, algunos de estos individuos (especialmente los que mostrarán un auténtico trastorno de personalidad) se caracterizan por un subrasgo patológico de impulsividad. Como consecuencia de esto hay falta de adaptación, que es la resultante de déficits de la apreciación tanto primaria como secundaria. Esta última puede ser la consecuencia de la exposición a maltratos infantiles, disminuyendo la sensibilidad a claves de recompensa o seguridad, lo que impide relacionarse empáticamente con otras personas. Por otra parte, si los otros no son percibidos como fuentes de gratificación, no hay razones para modificar nuestra propia conducta para satisfacer las expectativas sociales, ni para verse a sí mismo como un objeto social.

Dentro de la categoría arriba señalada (no-adaptativos) habrá algunos (psicópatas secundarios y algunos esquizofrénicos) que muestran déficits neuropsicológicos y de rendimiento, además de algunas anormalidades electrofisiológicas, que se suponen innatas. En este grupo hay subgrupos que perciben amenazas exageradas, lo que es un déficit en la "apreciación primaria".

También dentro de la clase de los no-adaptativos hay otros (psicópatas primarios) que no tienen retraimiento social ni demasiados signos orgánicos como en la psicopatía secundaria, pero debido a que su conducta es inintencional muestran un déficit en la apreciación secundaria. Los psicópatas primarios, a diferencia de los secundarios, son extremadamente sensibles al stress del aburrimiento, y para eludir ésto se implican en conductas patológicas de búsqueda de sensaciones

Por último hay un conjunto de individuos que integran la amplia clase de los "sociópatas" que no son psicópatas ni primarios ni secundarios. Estos individuos no serán especialmente sensibles al stress ni desde la amenaza ni desde el aburrimiento (los de alta ansiedad de Esterly- Neely y los altos buscadores de sensaciones). Sus episodios de comportamientos psicopáticos no se desencadenan fácilmente. Por lo tanto, aunque sean criminales reincidentes, son plenamente imputables, y su lugar más adecuado es la cárcel más que una institución para enfermos mentales.

Sociobiología:

Para completar esta breve reseña de los aspectos neurobiológicos de las psicopatías, quisiera agregar‚ algunas consideraciones provenientes del campo de la sociobiología.

MacMillan y Kofoed hacen notar que una de las características más salientes del psicópata es que sus rasgos principales se dan en la interacción social, lo que hace cuestionarse como se comportaría un antisocial totalmente aislado de sus semejantes (isla desierta). La naturaleza de los criterios diagnósticos hacen pensar que la "patología" es más interactiva y social, que interna. Las explicaciones internas han estado basadas en:

1- Teoría del Aprendizaje: se han basado en la evidente incapacidad del psicópata de aprender de la experiencia.

2- Formulaciones psicodinámicas: pueden reflejar los procesos mentales del paciente, pero no demuestran convincentemente cómo experiencias tempranas tan variadas pueden conducir a un trastorno altamente estereotipado.

3- Teoría de los mecanismos de defensa: Vaillant ha descrito el uso de mecanismos de defensa maladaptativos para controlar la ansiedad y la depresión, enfocando sobre los aspectos evolutivos más que en los genéticos.

4- Las neurobiológicas.

Cualquiera sea la validez de estas explicaciones, para un neurobiólogo que se hace preguntas sobre la filogenia, las cuestiones claves quedan sin respuesta; es decir, si este comportamiento está influido genéticamente y, si es así, cuáles son los procesos que mantienen esta condición en la población general. Un enfoque de este tipo tiene que preguntarse cuáles son las ventajas adaptativas de esta conducta; y esto nos conduciría a un enfoque sociobiológico de la cuestión. En éste, en lugar de ver a este tipo de personalidad como maladaptativo, se lo ve como el final de un continuo de estrategias adaptativas para maximizar el éxito reproductivo. Se supone una influencia genética para la predisposición a ciertas conducta. Se ha analizado las manera como los genes pueden influir los contenidos mentales. Lumsden y Wilson ven las influencias genéticas como coacciones observables en numerosos niveles del funcionamiento neuropsicológico. Los mecanismos sensoriales, con su sensitividad variable a diferentes estímulos (por ejemplo, detección de movimientos versus detección de límites a los mismos) fueron desarrollados a través de un proceso de selección, que apuntaba a la supervivencia dentro de ambientes competitivos. Estudios efectuados sobre la adquisición del lenguaje y la discriminación visual temprana indican que, mientras que el proceso cognitivo tiene un gran monto de plasticidad, opera dentro de límites neurofisiológicos preprogramados. Estos límites parecen ser tendencias a actuar ciertos comportamientos.

Al estudiar las predisposiciones genéticas para las conductas, el sociobiólogo ve al gen, más que a los individuos o a las especies, como la unidad de la selección natural. El individuo mejor adaptado es el que transporta la mayor parte de sus genes exitosos a la próxima generación.

Las estrategias generales de supervivencia giran en torno a dos temas:

a) Aumentando las probabilidades de supervivencia de crías y parientes invirtiendo energía en conseguir alimento, abrigo y protección, y por lo tanto disminuyendo la dedicada al cortejo y copulación y de este modo, limitando el número de crías y por consiguiente, de parientes.

b) Aumentando el número de crías (y de parientes) al dedicar mayor tiempo al cortejo y la copulación con parejas múltiples, y disminuyendo por consiguiente el tiempo y energía destinado a la protección y cuidado de las crías y de los parientes, limitando así su supervivencia.

MacMillan y Kofoed sostienen que el antisocial se inclina -por razones genéticas- a la estrategia (B) y lo fundamentan de esta manera. En primer lugar, citan los trabajos de W.D. Hamilton sobre el comportamiento altruista de las aves, el cual denomina "adaptación inclusiva" para definir su función evolutiva. Esto incluye no sólo el material genético individual, sino también el que cada animal tiene con sus congéneres. Visto de esta manera, un ave puede actuar altruísticamente sin incurrir en un error evolutivo. Dicho de otra manera, un individuo puede tener más chance de transmitir sus genes a la siguiente generación si corre riesgos para salvar la vida de un semejante. Por ejemplo, si dos hermanos comparten el 50% del material genético, salvar al hermano salva ese 50%. La adaptación inclusiva aumenta, a pesar de su costo, la supervivencia y esta conducta, por consiguiente, es seleccionada. Si un ave emite graznidos de advertencia ante un peligro, aumenta ligeramente su riesgo, pero aumenta considerablemente la seguridad de muchos otros con los que tiene genes en común. Las familias pueden ser vistas como entramados de ligaduras de adaptación inclusiva que se vuelven más débiles cuanto más se adelgazan sus lazos.

Dentro de esta trama de ligaduras de adaptación inclusiva, hay diferencias sustanciales entre machos y hembras en la manera como distribuyen sus energías. Las hembras la dedican mayoritariamente a la gestación y crianza, intentando además inducir a los machos a hacerlo, como una extensión de su propia estrategia. La elección de las hembras a través de rituales de seducción ha sido vista como una forma de verificar la probabilidad de que éstas consigan ese último objetivo de sus machos.

Estos, a su vez, tienen poca dedicación a las crías, salvo en el momento de la concepción. Pierden poco abandonando a las hembras y sus crías. Aunque este abandono puede disminuir las posibilidades de supervivencia de las crías, el macho puede equilibrar esto dedicando su energía a reproducirse más aún con otras hembras. Esta falta de adherencia a las crías después de la concepción abre la puerta a múltiples estrategias. Pueden invertir tiempo y energía en la siguiente generación, criando a sus hijos y apoyando otras familias extensas, a través de la adaptación inclusiva si esto es conveniente. Sin embargo, pueden hacer lo opuesto, como se dijo más arriba. Esta última estrategia no está disponible de la misma manera para las hembras, y hacer pareja con machos de este último tipo puede ser desventajoso para ellas.

Dentro de los sistemas donde los machos pueden aparear a muchas hembras, se desarrollan jerarquías de dominancia para controlar el acceso a las mismas. La energía invertida en los conflictos resultantes no está disponible para copular ni criar. En tales situaciones, los machos tienen varias estrategias reproductivas determinadas por tres factores:

a) Capacidad para competir en el establecimiento de las jerarquías.

b) Capacidad para elegir a la hembra.

c) Habilidad para "estafar".

La elección de la hembra es el punto de control en todo el sistema reproductivo. La hembra tiene la posibilidad de evaluar a través de los rituales de cortejo las posibilidades del macho para seguir cuidando a las crías, así como su poder a través de su lugar en la jerarquía. Estas condiciones pueden ser simuladas por el macho, quien adopta aquí la actitud de "estafa".

Goodwin y Guze, al caracterizar a la personalidad antisocial, describen "una manera seductora con falta de culpa y remordimiento", "experiencias sexuales más tempranas", "más probabilidad de ser promiscuo", tanto como "matrimonios precoces... marcados por la infidelidad y el divorcio". Esto parecería ser muy exacta descripción de las acciones y autopresentaciones de los individuos que simulan un status.

Si el trastorno de hecho describe un punto de un continuo de estrategias reproductivas (continuo en el que muchos machos exhiben estrategias combinadas), entonces uno podría esperar encontrar un espectro gradual de estrategias comportamentales que incluye a personas que manifiestan formas menos severas de personalidad antisocial. Algunos no entran en los criterios del DSM-IV, pero tienen no obstante problemas sociales, legales o de abuso de substancias similares.

La teoría sociobiológica predice que el comportamiento "estafador", y por lo tanto los síntomas sociopáticos, deberían ocurrir en el período reproductivo (por lo tanto desvalorizando las crías nuevas y valorando las futuras), y disminuir con la edad avanzada (cuando la capacidad para competir es baja).

Devore demostró que, en una sociedad animal jerárquica, los baboones savanah comienzan a menudo su carrera reproductiva mediante cópulas tramposas, montados sobre el lomo de los machos dominantes. Robins encontró que el 82% de los chicos diagnosticados como antisociales desarrollaron sus síntomas antes de cumplir los 14 años, y Yochelson y Samedow describieron criminales en sus poblaciones como "profundamente involucrados en actividades sexuales a una edad muy temprana". Inversamente, a medida que aumenta la edad el interés por las crías actuales debería incrementarse, convirtiéndose de "estafador" en "criador". La disminución de la severidad de los síntomas psicopáticos con la edad ha sido demostrada en el 39% de ellos (Robins). Aun en los casos en que no remite, la frecuencia y variedad de las transgresiones legales cambian con la edad, con una disminución de los asaltos, homicidios y prostitución. La mayor parte de los psicópatas mayores son arrestados por ebriedad. La edad media de esta mejoría está en los 35 años, pero muchos mejoran después de los 46. Esta disminución de la gravedad con la edad ha sido mal comprendida clínicamente, explicándola como "maduración" o "temor". Los datos empíricos son pues consistentes con la predicción de aparición temprana y disminución con la edad.

Estas asumciones teóricas sugieren que la personalidad antisocial debería ser un trastorno predominantemente masculino, debido a las limitaciones biológicas que caen sobre la mujer por el embarazo. Estrategias sutilmente estafadoras son posibles entre mujeres, pero los datos actuales dan diversas mayorías a los hombres.

Una conclusión adicional sería que las mujeres deberían tener una predisposición genetica mayor que los hombres, para que se pueda expresar en síntomas, debido a que sus ventajas a través de la conducta "estafadora" son menores, por el involucramiento innato mayor con las crías. Cloninger y col. demostraron que las mujeres antisociales tienen más parientes con el mismo trastorno que su homólogos masculinos. Un estudio reciente sobre la criminalidad, que MacMillan y Kofoed suponen un epifenómeno del comportamiento "estafador", antes descrito, en la lucha por la dominancia de jerarquías en las sociedades altamente estructuradas separan los factores ambientales y genéticos para tal conducta. Este estudio encontró que la "predisposición (genética) de una mujer debe ser mayor que la de un hombre para manifestar... personalidad antisocial o criminalidad en la adultez". Y además, los "antecedentes congénitos de criminalidad leve son cualitativamente los mismos independientemente del sexo", pero "la mujer criminal tiene más padres biológicos con criminalidad menor que sus contrapartidas masculinas". Parece que verdaderamente las mujeres requieren mayor carga genética para poder manifestar los síntomas de este trastorno.

Si la personalidad antisocial es la manifestación de una estrategia reproductiva "estafadora", los individuos con este trastorno deberían tener menos relaciones heterosexuales permanentes y una mayor tendencia a la promiscuidad que los controles y otros pacientes psiquiátricos. Los estudios muestran que las personas con personalidad antisocial tienen un 56% de promiscuidad contra el 27% que no la tienen, y el 12% de los controles. Más probablemente se divorcian (78,5 contra el 49% y 20% de los controles), han sido poco confiables y financieramente irresponsables, y han vivido con una pareja por períodos más breves que otros pacientes o los controles, lo que apoya estas predicciones.

Se esperaría que los individuos con personalidad antisocial tuviesen un nivel de adaptación reproductiva comparable a los controles si la predisposición a este trastorno estuviese en equilibrio genético en la población. Debido a que este trastorno representa el extremo de un continuo de estrategias reproductivas y debido a que el control genético de la conducta es impreciso, uno podría predecir que dentro de las muestras de antisociales se podría encontrar un espectro entre un "estafador extremo" con pocos ejemplares, y muchos individuos con formas leves o sutiles de "estafa". Las mediciones de éxito reproductivo son complicadas. Deberían incluir no sólo la cantidad de crías sino también mediciones de la capacidad de adaptación de la cría. De éstas, las que no producen nuevos descendientes, contribuyen poco a la adaptación inclusiva. La falta del cuidado parental puede tanto disminuir el número de crías sobrevivientes o disminuir su adaptación debido a la falta de cuidados en su desarrollo.

Los datos empíricos sobre el éxito reproductivo de los antisociales son escasos. Sin embargo, los datos disponibles apoyan este modelo. Robins encontró que el 34% de los varones seriamente antisociales eran personas que no criaban hijos, cuando se los comparaba con el 21 por ciento de los controles. Inversamente, un 21% tenían más de cuatro hijos cuando se los comparaba con el 12% de los controles. Muchos hijos de antisociales pueden estar no informados debido a que su acentuada promiscuidad puede conducirlos a tener hijos no conocidos por el padre. Estos datos apoyan la predicción de que puede haber una gran cantidad de hijos producidos por padres antisociales.

Estas hipótesis sugieren también algunas predicciones en relación con el status socioeconómico de los antisociales. Un componente básico de las estrategias "estafadoras" es no competir en la jerarquía de dominancia social; por esto parece haber más antisociales en las clases bajas.

M. Stone aporta a este tema controversial sus comentarios sobre el modelo de Dawkins de la "batalla de los sexos", fundada en el interjuego entre estrategias cooperativas y competitivas que se dan, ya desde Freud, en dos campos fundamentales: el trabajo y el amor. Dawkins, quien parte desde un punto de vista etológico neo-darwiniano, tiene muchos puntos de contacto con los sociobiólogos mencionados más arriba. El principal de ellos es la lucha de los genes para poder replicarse. La lucha está planteada entre el altruismo y el egoísmo, y el ser humano lucharía para encontrar un equilibrio entre ambas fuerzas. En un extremo egoísta del continuo, se encontraría los narcisistas y los antisociales.

Habría estrategias diferenciadas entre hombres y mujeres para asegurarse la continuidad de sus genes ("programas comportamentales inconscientes"). En los humanos, como en muchos animales, las hembras no sólo deben gastar más tiempo y energía en la crianza de sus hijos, sino que además, sólo tienen unas 350 oportunidades de embarazarse a lo largo de su vida fértil. El hombre, en cambio, puede disponer de más tiempo y energía y embarazar a muchos miles de mujeres.

Debido a estas circunstancias, se ha apuntado -basándose en la teoría de los juegos- que la mujer se inclina hacia una estrategia "tímida y reservada" (coy), que implica un largo cortejo antes de permitir el sexo. El hombre que se implica en este juego tiene mejores posibilidades de permanecer al lado de la hembra y cuidar las crías: ha adoptado una estrategia de "constancia y fidelidad" (faithful). En la vida real, la curva de Gauss muestra que hay un cierto número de hombres que pierden la paciencia ante la estrategia "coy" y abandonan el cortejo.

Si sólo hubiese mujeres "coy", los hombres "galanteadores" (philanderers) tendrían que, o aprender a tener paciencia, o quedarse sin mujer y por consiguiente, sin posibilidades de reproducción. Algunas mujeres, sin embargo, tienen una estrategia "ligera" (fast), y no ofrecen tanta resistencia. Esto les permite a los hombres, cualquiera sea su estrategia, facilitar que los genes "fast" pasen a la siguiente generación. Dada la facilidad de las "fast" para acomodarse a los "philanderers" hay que suponer que sus genes se encontrarían más ampliamente distribuidos que los provenientes de las otras dos estrategias (coy y faithful).

Pero bajo estas circunstancias, un gran número de mujeres "fast" se verían abandonadas por sus parejas "philanderers", cargadas de hijos a criar. En tal panorama, un compañero "faithful" sería muy deseable, a fin de compartir las cargas de la crianza, y sus genes vendrán a reemplazar a los "philanderers"; la estrategia coy parecería más aceptable que la fast y el equilibrio se restablece.

Si el problema fuera sólo éste, podríamos esperar ver oscilaciones salvajes dentro de una sociedad dada, por ejemplo, desde el predominio en una generación de estrategias coy/faithfulness, con el de fast/philanderes en la siguiente. Lo que se encuentra en realidad es un equilibrio, un "estado evolutivo estable", en el que todas las estrategias están presentes, pero en un eqilibrio númerico que hace que las cosas no cambien demasiado entre generaciones. Dawkins afirma que desde el punto de vista económico, la estrategias coy cubrirían 5/6 de las mujeres y las faithful 5/8 de los hombres.

Las proporciones específicas en una sociedad dada dependen de muchos factores, inclusive climáticos. En sociedades cálidas, donde la comida abunda haciendo menos necesario el cuidado de las crías, hay una proporción menor de estrategias "faithful". En climas más fríos, con comida escasa, los cuidados parentales pueden ser más necesarios, por lo que la supervivencia necesitaría de un mayor número de hombres con esta estrategia. Habría una especie de "feedback" evolutivamente condicionado.

Desde el punto de vista de Dawkins hay implicaciones para la personalidad, así como en los de MacMillan y Kofoe. Desde la óptica cultural, las estrategias coy/faithful son mejor vistas que las fast/philanderes. Dawkins coincide con los autores mencionados anteriormente, en el sentido de que debe haber mayor proporción de antisociales en la estrategias "philanderers" (estafadores). Puede haber una correlación, tal vez débil, entre las personalidades borderlines y las estrategias "fast", aunque sea porque muchas borderlines han recibido estimulación sexual temprana vía abuso e incesto, conduciéndolas a un estilo "fast" en su vida adulta.

La búsqueda de sensaciones -como se advierte en los integrantes del Cluster "B" y en las personas hipomaníacas- se podría asociar con las estrategias fast/philanderers; mientras que los integrantes del cluster "C" podrían vincularse con los estilos coy/faithful.

Resulta claro que el concepto de "estafadores" es asimilable al de fast/philanderers, en las dos conceptualizaciones analizadas.

  • Continuar con la quinta parte:

http://www.saludypsicologia.com/posts/view/234/name:Neurobiologia-del-Psicopata-V-parte

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