La Enseñanza del Buda

La enseñanza del Buda es un sistema para desarrollar el autoconocimiento como un medio para conseguir la propia transformación. Podemos eliminar los conceptos erróneos que nos llevan a actuar de forma equivocada, haciéndonos infelices, logrando un conocimiento vivencial de la realidad de nuestra naturaleza.

Cualquier intento de observación de la verdad sobre uno mismo, revela de inmediato, que aquello que llamamos “uno mismo” tiene dos aspectos: uno físico y otro psíquico, cuerpo y mente. Debemos aprender a observar ambos. Pero ¿Cómo podemos experimentar verdaderamente la realidad de cuerpo y mente? No basta con aceptar la explicación de otros, ni depende del simple conocimiento intelectual; ambas cosas pueden servirnos de orientación en nuestro trabajo de autoexploración, pero cada uno debe explorar y experimentar directamente la realidad dentro de sí mismo.

La realidad del cuerpo, se experimenta sintiéndolo gracias a las sensaciones físicas que se producen en él. Incluso con los ojos cerrados, sabemos que tenemos manos y las demás partes del cuerpo, porque podemos sentirlas. Experimentamos el cuerpo sintiendo las sensaciones. Sin consciencia de las sensaciones no puede haber un conocimiento directo de la estructura física, las dos cosas son inseparables.

Igual que no se pueden experimentar por separado el cuerpo y la sensación, tampoco podemos observar la mente sin sus contenidos. Pero también la mente y la materia están rigurosamente interrelacionadas: cualquier cosa que suceda en la una se refleja en la otra. Este fue el descubrimiento clave del Buda, el punto crucial de su enseñanza. Él lo expreso así: “Cualquier cosa que suceda en la mente va acompañada por una sensación”. De ello se desprende que la observación de la sensación ofrece un medio para examinar la totalidad del ser, tanto el aspecto físico como el mental.

Estas cuatro dimensiones de la realidad, los aspectos físicos del cuerpo y la sensación, los aspectos psíquicos de la mente y su contenido; son comunes a todos los seres humanos. Ellas componen las cuatro vías para el establecimiento de la atención, los cuatro puntos estratégicos para la observación del fenómeno humano.

Si no prestamos atención a lo que sucede en el cuerpo, permanecemos inconscientes de la sensación en el nivel físico. Sumidos en la oscuridad de la ignorancia, se inicia una reacción a la sensación, un agrado o desagrado momentáneo que se desarrolla hasta convertirse en deseo o aversión. Esta reacción se repite y se intensifica innumerables veces, antes de afectar a la mente consciente. Si los meditadores sólo dan importancia a lo que sucede en la mente consciente, no se darán cuenta del proceso, hasta que se haya producido la reacción, y haya adquirido una fuerza peligrosa, la suficiente para desbordarnos.

El aspecto físico es especialmente importante porque ofrece una constatación vivida y tangible de la realidad de la impermanencia en nosotros mismos. Los cambios se producen a cada instante, manifestándose en el juego de las sensaciones. La impermanencia debe ser experimentada en este nivel. La observación del cambio constante de las sensaciones, permite la compresión de la naturaleza efímera de uno mismo, esta comprensión evidencia la futilidad del apego a algo que es tan fugaz.

No reaccionamos a la realidad exterior, sino a la sensación que tenemos. Cuando aprendemos a observar la sensación sin reaccionar con deseo o aversión, no surge la causa del sufrimiento y el sufrimiento cesa.

Los meditadores empiezan observando las sensaciones que surgen en el interior del cuerpo o en el exterior –en la superficie del cuerpo-, o en ambas al mismo tiempo. A medida que se continúa la práctica, se alcanza un punto en el que la solidez se disuelve espontáneamente, y se experimenta el cuerpo y la mente en su verdadera naturaleza: una masa de vibraciones que surgen y desaparecen a cada instante. Con esta experiencia se comprende por fin lo que el cuerpo, las sensaciones, la mente y los contenidos mentales son en realidad: el flujo de un fenómeno impersonal en cambio constante.

Fuente: Hart, William. El arte de vivir. La meditación Vipassana tal y como la enseña S.N. Goenka. Editorial Metta, Buenos Aires, 2010.

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