"Solo se pierde aquello a lo que estás apegado" ~ Buddha ~ APEGO Y SUFRIMIENTO

El Buda dijo: “La verdad del sufrimiento tiene que ser explorada hasta su final”. La noche en la que obtendría la iluminación, se sentó con la determinación de no levantarse hasta haber comprendido la forma en la que se origina el sufrimiento y el modo de erradicarlo.

Definición del sufrimiento:

Vió con toda claridad que el sufrimiento existe. No se puede negar este hecho por muy desagradable que resulte. El sufrimiento comienza con el inicio de la vida. Aunque no tenemos recuerdos de la existencia en el vientre materno, la experiencia común nos dice que salimos de él llorando. Nacer es un gran trauma.

Una vez que comienza la vida, no podemos evitar tropezarnos con el sufrimiento que suponen la enfermedad y la vejez. Pero por muy enfermos, deteriorados y decrépitos que estemos, nadie quiere morir, porque la muerte es una gran desdicha.

Todas las criaturas vivas deben afrontar todos esos sufrimientos, y a medida que la vida discurre, no podemos evitar  otras adversidades, diversos tipos de dolores físicos y mentales. Nos veremos inmersos en lo desagradable y separados de lo agradable, no logramos conseguir lo que deseamos, y en su lugar obtenemos lo que no queríamos. Todas estas situaciones son sufrimiento.

Estos ejemplos son evidentes de inmediato para cualquiera que reflexione sobre ellos, pero el futuro Buda no se quedó satisfecho con las limitadas explicaciones del intelecto. Siguió practicando hasta constatar la naturaleza real del sufrimiento y vio que “el apego a los cinco agregados es sufrimiento”. En un nivel muy profundo, sufrimiento es el apego desmedido que hemos desarrollado hacia este cuerpo y esta mente con sus cogniciones, percepciones, sensaciones y reacciones.

El apego:

Hay varios tipos de apego. Tenemos en primer lugar el apego al hábito de buscar gratificación sensual. Un adicto se droga porque desea experimentar la sensación agradable que la droga le produce, a sabiendas de que haciéndolo refuerza su adicción. De la misma forma somos adictos a la condición de desear, tan pronto satisfacemos un deseo, generamos otro. El objeto es secundario; el hecho es que tratamos de mantenernos en un estado constante de deseo, porque nos produce una sensación agradable que queremos prolongar. Desear se convierte en un hábito que no podemos romper, en una adicción, y de la misma manera que un toxicómano va desarrollando gradualmente tolerancia hacia la droga elegida, y cada vez necesita una dosis mayor para intoxicarse; nuestros deseos se aprestan a robustecerse cuanto más tratamos de satisfacerlos. Así nunca ponemos fin al deseo, y mientras sigamos deseando, no podremos ser felices.

Otro gran apego es el “yo”, el ego, la imagen que tenemos de nosotros mismos. Para cada uno, ese “yo” es la persona más importante del mundo. Tratamos instintivamente, con la misma falta de reflexión, de ordenar el mundo con arreglo a nuestro gusto, buscando atraer lo agradable y repeler lo desagradable. Pero nadie está solo en el mundo, cada “yo” está abocado a entrar en conflicto con otro “yo”.  El resultado no puede ser otro que infelicidad, sufrimiento.

Además, no limitamos el apego al “yo”, sino que lo ampliamos a lo “mío”, a lo que nos pertenece. Todo el mundo desarrolla un gran apego a sus posesiones, porque las asocia consigo mismo.

Pero el apego todavía va más lejos, se extiende a las opiniones y creencias. Y por último, el apego a los formalismos y ceremonias religiosas.

Todos nuestros sufrimientos, sean cuales sean, van asociados a uno u otro de estos apegos. Apego y sufrimiento van indisolublemente unidos.

El origen dependiente: La cadena de causa y efecto por la que se origina el sufrimiento

¿Cuál es la causa del apego? ¿Cómo surge? El Buda encontró que se desarrolla por culpa de la reacción mental momentánea de agrado y desagrado. El apego no es más que la forma desarrollada de la reacción efímera, ésta es la causa inmediata del sufrimiento.

¿Qué es lo que produce las reacciones de agrado y desagrado? Al profundizar, vio que se producen a causa de la sensación. Sentimos una sensación agradable y empieza a gustarnos, sentimos una sensación desagradable y comienza a disgustarnos.

¿Por qué las sensaciones? ¿Qué es lo que las causa? Profundizando aún más, vio que surgen a causa del contacto: contacto del ojo con una visión, contacto del oído con un sonido, contacto de la nariz con un olor, contacto de la lengua con un sabor, contacto del cuerpo con un objeto táctil, contacto de la mente con un pensamiento, emoción, idea, imaginación o recuerdo. Experimentamos el mundo a través de los cinco sentidos y de la mente; la sensación –agradable o desagradable– se produce en cuanto un objeto o fenómeno se pone en contacto con una de las seis bases o puertas de los sentidos.

¿Por qué ocurre el contacto en primer lugar? El Buda vio que el contacto tiene que producirse forzosamente a causa de la existencia de las seis bases sensoriales –los cinco sentidos y la mente–.

¿Por qué existen las seis bases sensoriales? Porque son aspectos esenciales del flujo de mente y materia. Ahora bien, ¿Por qué este flujo de mente y materia? ¿Por qué se produce? El Buda comprendió que el proceso existe a causa de la consciencia, el acto de cognición que separa el mundo entre el conocedor y lo conocido; el sujeto y el objeto, “yo” y “lo otro”. De esta separación resulta la identidad, el “nacimiento”. La consciencia surge a cada instante, y adopta una forma mental y física específica; al instante siguiente adopta una forma ligeramente diferente. La consciencia fluye y cambia incesantemente a lo largo de nuestra existencia. Finalmente llega la muerte, pero la consciencia no se para aquí, sino que, inmediatamente, sin intervalo, asume una forma nueva. Así sigue el flujo de la consciencia, de una existencia a otra, vida tras vida.

¿Cuál es la causa de este flujo de consciencia? El vio que surge a causa de la reacción. La mente está reaccionando constantemente, y cada reacción da ímpetu al flujo de consciencia para que continúe hasta el momento siguiente. Si a lo largo de la vida se siguen repitiendo e intensificando determinadas reacciones, terminan por desarrollar la fuerza suficiente para sustentar el flujo de consciencia, no sólo de un momento al siguiente, de un día a otro, o de un año a otro; sino de una vida a la siguiente.

¿Qué es lo que causa estas reacciones? Comprendió, observando el nivel más profundo de la realidad, que la reacción se produce a causa de la ignorancia. No tenemos consciencia de que reaccionamos, y no nos damos cuenta de la verdadera naturaleza de lo que nos hace reaccionar.  Ignoramos la naturaleza impersonal e impermanente de nuestra existencia, y tampoco sabemos que el apego a ella sólo nos traerá sufrimiento. Al no conocer nuestra naturaleza real, reaccionamos ciegamente; y al no darnos cuenta de que hemos reaccionado, incidimos en dichas reacciones ciegas y con ello hacemos que se intensifiquen. Así es como nos hacemos prisioneros del hábito de reaccionar: por la ignorancia.

Ignorancia, deseo y aversión son las tres raíces de las que nacen todos los sufrimientos de la vida.

La salida del sufrimiento

¿Cómo puede extinguirse el sufrimiento? No hay nada que suceda sin una causa; si se erradica la causa, no se producirá el efecto. De esta manera se revierte el proceso de la aparición del sufrimiento.

Si ponemos fin a la ignorancia, no habrá más reacciones ciegas que dejen tras de sí toda clase de sufrimientos; y en cuanto el sufrimiento se extinga, disfrutaremos de verdadera paz y verdadera felicidad. La rueda del sufrimiento puede sustituirse por la rueda de la liberación.

Fuente: Hart, William. El arte de vivir. La meditación Vipassana tal y como la enseña S.N. Goenka. Editorial Metta, Buenos Aires, 2010.

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