¿El Loco Libre? - por Pablo Muñoz

La locura no es la psicosis. En efecto, es habitual encontrar que locura y psicosis son tratadas como equivalentes. El saber popular califica de “loco” a aquello que se distingue claramente de la razón, de la sensatez. En sentido vulgar, los términos psicosis y locura han sido tomados por el lenguaje común como sinónimos. Aunque la etimología enseña que tienen orígenes, tradiciones y evolución bien distintos y pertenecen a campos semánticos diversos.

Mientras que psicosis (psychoses) es tomado de las elaboraciones de la psiquiatría clásica de fines del siglo XIX (donde era utilizado como sinónimo de “enfermedad mental”, de “afección psiquiátrica”, sustituyendo como concepto técnico al viejo termino de “locura”), y luego transformado en su enseñanza (la de Lacan) a partir de su concepción estructuralista de la forclusion del significante del nombre-del-padre; locura (folie) tiene como referencia La fenomenología del espíritu de G. Hegel y postula como figura el personaje de Alcestes de El Misántropo de Moliere.

Locura – Psicosis

Para comenzar, localicemos la primera referencia en el Seminario 3, dedicado fundamentalmente al estudio de la estructura psicótica. Es en la clase inaugural, donde Lacan explica:

“¿Qué recubre el termino psicosis en el ámbito psiquiátrico? Psicosis no es demencia. Las psicosis son, si quieren lo que corresponde a lo que siempre se llamo las locuras”.

Lacan subraya la amplitud del concepto de Locura:

“Este término no data de ayer, ni siquiera del nacimiento de la psiquiatría. Sin entregarme aquí a un despliegue demasiado fácil de erudición, solamente les recordare que la referencia a la locura forma parte desde siempre del lenguaje de la sabiduría, o del que se pretende tal. Al respecto, el famoso Elogio de la locura conserva todo su valor, por identificarla al comportamiento humano normal, si bien esta última expresión no se usaba en esa época. Lo que entonces se decía en el lenguaje de los filósofos, de filosofo a filosofo, termino con el tiempo por ser tomado en serio, al pie de la letra: vuelco que se produce con Pascal, quien formula, con todo el acento de lo grave y lo meditado, que hay sin duda una locura necesaria y que sería una locura de otro estilo no tener la locura de todos”.

Es decir que esta referencia sitúa, ya en el Seminario 3, una locura que no es la psicosis, una locura esencial al ser humano. La locura de todos es la locura propia del ser hablante, mientras la locura de otro estilo es la psicosis.

En el escrito sobre la causalidad psíquica, Lacan se refiere al “fenómeno de la locura”, lo cual indica que se trata de un observable clínico. Pero un observable muy particular pues aparece relacionado inevitablemente con el ser del hombre y no con una psicopatología:

“No creáis que me extravió, que me aparto de un propósito que debe llevarnos nada menos que al corazón mismo de la dialéctica del ser: en punto tal situase, en efecto, el desconocimiento esencial de la locura, que nuestra enferma [Aimee] manifiesta perfectamente”.

Es decir que lo que define a Aimee como Loca es que desconoce aquello que agrede en su acto, desconoce que lo que agrede no es el mal externo que denuncia sino su propio ser. Lo cual es otro modo de trabajar lo que allí había señalado respecto de la exterioridad intima del mal que la enferma ataca con el concepto psiquiátrico de kakon. “Creerse” remite a la dialéctica del ser, cuyo corazón es “el desconocimiento esencial de la locura”:

“Este desconocimiento se revela en la sublevación merced a la cual el loco quiere imponer la ley de su corazón a lo que se presenta como el desorden del mundo, empresa ‘insensata’ […] por el hecho de que el sujeto no reconoce en el desorden del mundo la manifestación misma de su ser actual, y porque lo que experimenta como ley de su corazón no es más que la imagen invertida, tanto como virtual, de ese mismo ser”.

Así es un desconocimiento doble: la actualidad y la virtualidad del ser.

En su trabajo sobre el yo, revisa la hipótesis de la tesis según la cual sus perseguidores eran idénticos a las imágenes del yo ideal, y propone concebirla en términos similares a lo que Hegel denuncia como la formula general de la locura: el loco busca imponer la ley de su corazón en el desorden del mundo pero a costa del desconocimiento sobre la implicación de su ser en ese desorden. No reconoce que las imágenes que la persiguen son reflejo de su ideal. Formula con la que, según Lacan, Hegel también aclara el problema del revolucionario, el que “no reconoce sus ideales en los resultados de sus actos”.

En conclusión, la locura para Lacan es un fenómeno inherente al ser humano, propio del imaginario humano en tanto consiste en un fenómeno yoico.

En efecto, la relación de la locura con el ideal del yo deviene fundamental para comprender su articulación con la clínica psicoanalítica. La locura, entonces, “incumbe a una de las relaciones más normales de la personalidad humana: sus ideales”. De lo que da un célebre ejemplo: si un hombre que se cree rey está loco, igualmente loco esta el rey que se cree rey.

La locura dependerá de un rasgo de la identificación: la inmediatez de las identificaciones ideales (la infatuación del sujeto). La locura es inherente al hombre porque concierne a la identificación, constitutiva de la subjetividad en psicoanálisis.

Podemos leer en el lugar de la mediación la función del Otro. Ese lugar tercero que media entre sujeto e Ideal, función de “mediación”, será función del Otro. Consecuentemente, habrá locura si entre sujeto hablante e Ideal simbólico no opera el Otro en su función de mediación. Estas articulaciones nos permiten releer el desconocimiento inherente a la locura con esta referencia. Cuando Lacan indica que el loco “lo que experimenta como ley de su corazón no es más que la imagen invertida, tanto como virtual, de ese mismo ser”, vemos en esa imagen invertida que se desconoce, no solo una referencia al espejo sino también al desconocimiento de la función de la palabra en tanto el emisor recibe del Otro su propio mensaje en forma invertida. Ambas vertientes del desconocimiento sostienen la creencia en lo que es. “Que el sujeto acabe por creer en el yo es, como tal, una locura”.

Es decir que en la locura la relación a la identificación ideal es un punto de estasis, de fijación, de detención de la dialéctica del ser, en una identificación sin mediación, identificación plena a partir de la cual el sujeto se cree ser lo que es: “esto es yo”; por fuera de la dialéctica que necesariamente introduce el lugar del Otro. En resumen, se trata de la ausencia de mediación de lo simbólico del Ideal del yo, dejando solo el lugar para la captura en lo imaginario del yo ideal.

Pero esa identificación “cuyo carácter sin mediación e ‘infatuado’ he deseado ahora mismo hacer sentir, se demuestra como la relación del ser con lo mejor que este tiene, ya que el ideal representa en él su libertad”. Es decir que la realización plena de la identificación del sujeto con el ideal sin la mediación del Otro, le da al ser la ilusión de la libertad: ser lo que es sin el Otro. Identificación al Ideal sin referencia al Otro, libre de las ataduras del Otro que, dialécticamente, hacen del sujeto un sujeto dividido.

  • La locura no se trata de fragilidad, debilidad, sino respuesta a una grieta abierta en la esencia del ser hablante: la división del sujeto. Podemos decir entonces, la locura es un modo del sujeto de no querer saber nada de la falta, de la barradura de su división, por la vía de la identificación.

Pero esto para Lacan es un engaño pues no es un punto de libertad sino de esclavitud. Locura y libertad se articulan entonces de un modo muy preciso:

“lejos de ser ‘un insulto’ para la libertad, es su más fiel compañera; sigue como una sombra su movimiento. Y al ser del hombre no solo no se lo puede comprender sin la locura como límite de su libertad”.

Así Lacan establece una relación indisoluble aunque paradójica entre locura y libertad, dicho de otro modo: solo es posible considerarse libre siendo loco, es decir títere del Ideal. La locura es creerse libre, vale decir: sin relación al Otro, cuando en verdad se está amarrado al Ideal, que es un elemento del Otro: I (A). Es pasión del imaginario humano, patognomónico de la lucha por reconocimiento, inserta en la dialéctica del narcisismo.

La libertad es locura; pero la psicosis es distorsión. La locura atraviesa las estructuras clínicas, más aun, Lacan despliega una concepción de la dirección de la cura en términos del progreso del sujeto correlativo de ceder en su locura, en la medida en que vaya localizando su singularidad en relación con el Otro, y la posición del analista que corresponde es la “neutralidad analítica”, vale decir, no proponiéndose en el lugar del Ideal, que reforzaría el efecto identificatorio que se halla en el origen de la locura. Orientar la cura promoviendo efectos identificatorios, esquivando el pasaje por el Otro es:

“autentificar así todo lo que es del orden de lo imaginario en el sujeto [que] es hablando estrictamente hacer del análisis la antecámara de la locura”.

Locura y Desencadenamiento

La fenomenología de la locura que Lacan construye en sus primeros trabajos, ligada a la hinchazón de lo imaginario, como ya se ha señalado, se asienta en tres figuras hegelianas:

1) la “ley del corazón”, a partir de la que el ser no reconoce su participación en el desorden del mundo que vive, correlativa de la segunda figura;

2) la acusación al Otro del “alma bella”, vale decir el desconocimiento de su participación en su “destino”, y

3) el “delirio de infatuación”, efecto de la identificación del yo con el ideal sin mediación simbólica.

La locura es la liberación de los eslabones que componen la cadena. El desencadenamiento enloquece. La locura es el desencadenamiento de la cadena borromea, en la que se liberan todos los eslabones a partir de retirar uno cualquiera.

El psicótico está libre de la demanda del Otro a la que “el normal, el neurótico, se ve compelido”. Es el principio de la transferencia: como el neurótico ha perdido el objeto, tiende a suponer que lo hallara en el campo del Otro y por ello va a demandárselo. Como en la psicosis se trata de otra relación del sujeto con el a, pues el loco tiene el objeto “en su bolsillo”, el es libre, libre de la demanda, libre del Otro, a quien no tiene nada que pedirle.

La concepción que se despliega en el pasaje del Seminario 20 al Seminario 21 permite apreciar que puede haber locura en la psicosis. Los fenómenos que siguen al desencadenamiento de la psicosis pueden ser leídos como enloquecimientos en estructuras psicóticas que pierden su estabilización (vale decir que no se puede identificar per se la psicosis con el desencadenamiento). Las frases interrumpidas de Schreber (fenómenos de mensaje) son paradigmáticas al respecto. Pero no todo es locura en el. Por ejemplo, el delirio restitutivo lo conduce a la metáfora delirante que estabiliza la estructura, es decir un reencadenamiento de aquello que se había desencadenado.

Lo normal es los tres registros sueltos, sin anudarse, la locura. Nuevamente la locura es inherente al ser, pero ahora se trata de la no-relación, lo normal es la no-relación entre los registros para el ser enfermo por hablar. El encadenamiento que cada sujeto pueda darse, sea neurótico o psicótico, ya es segundo respecto del desencadenamiento primordial. La normalidad consiste en una subjetividad definida como libertad de los tres registros mientras que la patología se define como su encadenamiento por algún elemento cuarto que les provea alguna relación, o en su otra versión, que los tres registros se relacionen por la vía del nudo olímpico o de la continuidad tal como Lacan propone para la paranoia en el Seminario 23.

Ahora bien, Lacan nos reserva otra sorpresa extraída de su saco de malicias. Tres párrafos después, agrega:

“He definido lo anormal en el sentido de que esta hecho de tal manera que cuando uno de los tres redondeles revienta, eso no puede sino volver loco”.

¿Otra locura de Lacan? Obsérvese lo problemático de la referencia: parece decir precisamente lo contrario que en la cita anterior –es decir la locura normal como desencadenamiento. Salvo que leamos que lo anormal es que un registro reviente, lo que vuelve loco, y lo normal es que los tres estén sueltos. Más que nunca en estos momentos lacan logra lo anunciado en 1966: que el lector ha de poner su parte…

Conclusiones Provisionales:

Se introducen dos concepciones que deben ser puestas en tensión. Por una parte, la locura del desencadenamiento como fenómeno: efecto del desencadenamiento, ruptura de la estabilización por el “reventón” de un registro. Pero, por otra parte, la locura “normal”: los registros sueltos, desencadenados, para el hablante la no - relación entre los registros. A partir de lo cual, para cada sujeto se trata de hallar su encadenamiento, singular. Psicosis, neurosis y perversión entonces son estructuras cuyos “tipos de nudos” son encadenamientos de este desencadenamiento inaugural que define como locura.

Estas dos definiciones de locura, que propongo llamar “locura-fenómeno” y “locura-estructura”, tienen también un aspecto temporal que las diferencia. La locura “normal” se define sincrónicamente: los registros “están” desanudados (temporalidad de la estructura); mientras que la locura-fenómeno se define diacrónicamente: los registros “son” desanudados (temporalidad de los efectos de la estructura). Podríamos decir que la locura-fenómeno es un reencuentro con lo más real de la estructura: la locura-normal, la locura-estructura.

Por lo tanto, si hay una locura normal ¿Hay una locura patológica? La locura normal es el desencadenamiento de los tres registros, locura normal inherente al hecho de hablar. Pero quizás sea necesario precisar que esa normalidad es ya patológica en sí misma. El estatuto que adquiere la oposición “normal-patológico” en la enseñanza de Lacan es relativo pues en ella se enfatiza que lo patológico es la estructura del lenguaje.

Fuente: Ancla 2. Encadenamientos y Desencadenamientos I. Revista de la Cátedra II de Psicopatología. Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires. De locuras, encadenamientos y desencadenamientos. Pablo D. Muñoz.

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