Psicología Budista

Las fuentes del sufrimiento se hallan en nuestro interior, y sólo resolveremos el problema del sufrimiento cuando comprendamos que esto es verdad. "Conócete a tí mismo", ha sido el consejo unánime de los sabios, porque nunca podremos resolver nuestros problemas ni los problemas del mundo a menos que empecemos por conocer nuestra propia naturaleza.

El Buda examinó el fenómeno del ser humano examinando su propia naturaleza. Dejando a un lado toda idea preconcebida, exploró la realidad interior y descubrió que cada ser es un compuesto de cinco procesos, cuatro de ellos mentales y uno físico.

La materia:

Comencemos por el aspecto físico, que es la parte más obvia y aparente, la que es percibida por todos los sentidos con mayor facilidad, y aún así; ¡Qué poco sabemos de ella! Podemos controlar someramente el cuerpo, moverlo y actuar conforme al deseo consciente; pero en otro nivel, todos los órganos internos funcionan con independencia y fuera de nuestro control, sin nuestro conocimiento. 

Las partículas surgen y se desvanecen constantemente, entrando y saliendo de la existencia como un flujo de vibraciones. Ésta es la realidad última del cuerpo, de la materia, descubierta por el Buda hace 2.500 años.

Descubrió que todo el universo material estaba compuesto de partículas -llamadas kalapas en Pali- o "unidades indivisibles". Estas unidades exhiben en una variación infinita las cualidades básicas de la materia: masa, cohesión, temperatura y movimiento; que se combinan para formar estructuras que aparentemente tienen alguna permanencia, pero que en realidad están compuestas de minúsculas kapalas que surgen y desaparecen constantemente. Esta es la realidad última de la materia: una corriente constante de ondas o partículas. Eso es el cuerpo al que llamamos "yo".

Mente:

El proceso físico va unido al proceso psíquico, la mente que; aunque no puede ser tocada o vista, parece estar aún más íntimamente conectada con nosotros que el cuerpo; podemos concebir una existencia futura sin el cuerpo, pero no podemos imaginar ninguna clase de existencia sin la mente. No obstante ¡Qué poco sabemos de la mente y cuán incapaces somos de controlarla! ¡Con cuánta frecuencia se niega a hacer lo que queremos y hace lo que no queremos!

Al examinar el cuerpo, el Buda examinó también la mente y encontró que, en términos amplios y globales, constaba de cuatro procesos: consciencia, percepción, sensación y reacción.

El primer proceso, la consciencia, es la parte receptora de la mente, el acto de consciencia indiferenciada o cognición. Se limita a registrar la ocurrencia de cualquier fenómeno, la recepción de cualquier dato físico o mental. Registra una experiencia escueta, pero no asigna etiquetas ni hace evaluaciones positivas o negativas.

El segundo proceso mental es la percepción, el acto de preconocimiento. Esta parte de la mente identifica cualquier cosa que haya sido notada por la consciencia. Distingue, etiqueta y clasifica los datos escuetos que llegan y los evalúa como positivos o negativos.

La parte siguiente es la sensación. En realidad, la sensación, la señal de que algo está pasando, surge tan pronto como se recibe cualquier dato. Sucede hasta que éste es evaluado, la sensación permanece neutra, pero en cuánto se le asigna un valor al dato que acaba de llegar, la sensación se convierte en agradable o desagradable, según la evaluación que haya recibido.

La mente reacciona con agrado o desagrado.

Estas cuatro funciones mentales son todavía más breves que las efímeras partículas que componen la realidad material. Los cuatro procesos mentales se suceden a la velocidad del rayo y se repiten en cada momento; lo hacen a tal velocidad que no tenemos consciencia de lo que sucede, esta consciencia sólo se desarrolla hasta llegar al nivel consciente cuando una reacción determinada se ha repetido durante un largo período de tiempo y ha tomado una forma pronunciada e intensa.

No importa cuál sea la filosofía, teoría o creencia que tengamos por cierta, la verdad es que todos nosotros vivimos con la profunda convicción de que "yo era, yo soy, yo seré".

El Buda cuestionó esta afirmación instintiva de identidad. Vió que, a pesar de las apariencias, cada ser humano no es sino una serie de acontecimientos separados pero interrelacionados. Cada suceso es el resultado del suceso precedente y lo sigue sin ningún intervalo. La progresión ininterrumpida de acontecimientos íntimamente conectados, produce una sensación de continuidad, de identidad, pero únicamente es una realidad aparente, no la verdad última.

No hay ningún "ser" real, sino un flujo en marcha, un proceso continuo de devenir. Si logramos comprenderlo adecuadamente por medio de la experiencia directa, encontraremos la pista que nos llevará a la extinción del sufrimiento.

Fuente: Hart, William. El arte de vivir. La meditación Vipassana tal y como la enseña S.N. Goenka. Editorial Metta, Buenos Aires, 2010.

COMENTA
RELACIONADOS
ÚLTIMAS ENTRADAS