La búsqueda espiritual

Éste es el problema básico de la vida humana: su naturaleza insatisfactoria. Suceden cosas que no queremos que sucedan, las cosas que queremos no suceden, y somos ignorantes de cómo y por qué funciona este proceso, igual que ignoramos nuestro principio y nuestro fin.

"Sed cada uno de vosotros vuestra propia isla. Sed vuestro propio refugio; no hay ningún otro refugio. Haced que la verdad sea vuestra isla, haced que la verdad sea vuestro refugio; no hay ningún otro refugio"

Buda

El único refugio verdadero de la vida, el único terreno sólido sobre el que asentarse; la única autoridad que puede guiarnos y protegernos adecuadamente, es la verdad, el Dhamma, la ley de la naturaleza, experimentada y verificada por uno mismo. Por eso el Buda, en su enseñanza, siempre concede máxima importancia a la constatación directa de la verdad. 

La devoción a otra persona, no importa lo santa que sea, no es suficiente para liberar a nadie. No puede haber liberación o salvación sin la experiencia directa de la realidad, por tanto, lo primordial es la verdad, no quién habla de ella. Quienes enseñan la verdad merecen el máximo respeto, pero la forma óptima de mostrar ese respeto es trabajando para comprender la verdad uno mismo

Lo que el Buda enseño fue un camino que cualquier ser humano puede seguir, y lo llamó el Noble Sendero Óctuple, que significa la práctica de ocho partes interrelacionadas. Es un camino para penetrar en la naturaleza de la realidad, un camino de realización de la verdad.

La única forma de resolver nuestros problemas es viendo nuestra situación tal y como es realmente, debemos aprender a reconocer la realidad aparente y superficial, y también a ir más allá de las apariencias, para poder percibir verdades más sutiles; hasta llegar a la verdad última para poder experimentar finalmente la verdad de la extinción del sufrimiento. Carece de importancia el nombre que le demos a esta verdad, ya sea nibbana, "cielo", o cualquier otra cosa, pues lo importante es experimentarla; y la única forma de hacerlo directamente es mirando hacia dentro, observándonos.

Durante toda nuestra vida hemos estado mirando hacia fuera, mostrando gran interés por lo que sucede allí, por lo que otros hacen, pero muy rara vez, si acaso ha habido alguna, hemos tratado de examinar nuestra propia estructura mental y física, nuestros actos, nuestra propia realidad en suma; y por ello somos unos perfectos desconocidos para nosotros mismos. No nos damos cuenta de lo muy peligrosa que es esta ignorancia, de lo muy esclavizados que estamos a esas fuerzas internas de las que somos inconscientes.

Para aprehender la verdad, no tenemos más remedio que disipar esa oscuridad, debemos obtener una visión clara de nuestra propia naturaleza para poder comprender la naturaleza de la existencia. Por esta razón, el camino que señalo el Buda es un camino de introspección, de auto observación

Al observarnos, somos conscientes por primera vez de las reacciones condicionadas, de los prejuicios que nublan nuestra mente, que nos ocultan la realidad y nos producen sufrimiento. Reconocemos las tensiones internas que hemos ido acumulando y que nos hacen sentirnos inquietos, desdichados y vemos que pueden eliminarse. Poco a poco vamos aprendiendo la forma de disolverlas, y la mente se va volviendo pura, calmada y feliz.

El camino es un proceso que exige trabajo constante, pueden producirse avances repentinos, pero son el resultado del esfuerzo sostenido; hay que avanzar paso a paso; no obstante, los beneficios de cada paso son inmediatos, concretos, claros, personales y recibidos aquí y ahora.

El Dhamma, si se practica correctamente, es el arte de vivir.

"El camino tienes que andarlo tú mismo"

Buda

Fuente: Hart, William. El arte de vivir. La meditación Vipassana tal y como la enseña S.N. Goenka, Editorial Metta, Buenos Aires, 2010.

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