Nueva investigación: La meditación Mindfulness reduce el dolor mejor que un placebo

El efecto placebo en el tratamiento del dolor continua siendo un área de intensa discusión con grandes intereses involucrados. El dilema básico está relacionado con el dolor como fenómeno humano, pues el dolor físico es una respuesta que existe para alertarnos de heridas o problemas que puedan estar afectando nuestro cuerpo, pero al mismo tiempo tiene un componente cerebral que es el que define cómo será esa respuesta al dolor. El cuerpo envía las señales de dolor pero es el cerebro quien se ocupa de modular la respuesta, decirnos dónde y cuánto duele. La expectativa de que alguna intervención o medicamento puede tener un resultado positivo en la reducción del dolor tiene una enorme incidencia en el procesamiento del estímulo doloroso.

El Dr. Fadel Zeidan, profesor asistente de neurobiología y anatomía en Wake Forest Baptist Medical Center, ha estudiado mindfulness durante 15 años y ha observado mejoras en la salud como resultado. “Pero, ¿y si todo esto fuese sólo un placebo?”, se preguntó:

“¿Qué pasaría si las personas están reportando mejoras en la salud y la reducción en el dolor sólo por la reputación de la meditación como una práctica que promueve la salud?”

Quería averiguarlo, por lo que diseñó un estudio que incluyera justamente un placebo.

Zeidan reclutó 75 personas saludables libres de dolor y examinó sus cerebros mediante una resonancia magnética mientras que experimentaban el calor de una sonda térmica a casi 50 grados centígrados, un nivel de calor que la mayoría de la gente encuentra muy doloroso. Luego, los investigadores separaron azarosamente a las personas en cuatro grupos: crema analgésica placebo (vaselina), meditación mindfulness, meditación placebo (meditación “falsa”) o control. Todos los participantes creían estar recibiendo una intervención contra el dolor y se les dieron cuatro días para llevar adelante el entrenamiento.

Los participantes fueron evaluados en la intensidad del dolor que habían sentido (sensación física) y su respuesta emocional a él. Además, sus cerebros fueron sometidos a una técnica de escaneo cerebral de imágenes por resonancia magnética funcional (RM-f) por perfusión llamada marcado arterial de spin (Arterial Spin Labeling, ASL). Estos escaneos se hicieron antes y después de las intervenciones que duraron cuatro días para cada grupo.

Para poder discernir si mindfulness es realmente un efecto placebo o no, el Dr. Zeidan busco hacer muy difícil la prueba de la eficacia en mindfulness. Justamente al incluir la intervención de manera equiparable con diferentes formas de placebo y compararlas. Si mindfulness fuese un placebo debería ofrecer los mismos o peores resultados que los otros placebos conocidos en los estudios de dolor.

El primer grupo recibió una crema y se les dijo reduce el dolor con el tiempo aunque realmente solo era vaselina. Durante cuatro días, las personas de este grupo se frotaron la crema en la parte posterior de su pierna.

Al segundo grupo se le enseñó una especie de meditación “falsa”: se les pidió que respiren profundamente durante 20 minutos todos los días, pero no se dieron instrucciones sobre cómo hacerlo conscientemente, haciéndola de esta manera claramente diferente a mindfulness.

El tercer grupo recibió la intervención real de mindfulness. Los participantes de este grupo se sentaron diariamente durante 20 minutos con una postura recta, cerraron los ojos y escucharon las instrucciones específicas sobre dónde centrar la atención en uno y la forma de dejar que los pensamientos y las emociones pasen sin enjuiciarlos.

El grupo control se sometió a 20 minutos de un audio de un libro muy aburrido: “La Historia Natural y Antigüedades de Selborne”, una intervención que no tiene ninguna incidencia en el dolor.

Después de cuatro días, todos los participantes volvieron a entrar en la máquina de resonancia magnética y soportaron el mismo dolor de la sonda de 50 grados. A todos los participantes (salvo a los del grupo control), se les pidió que usaran su entrenamiento (meditación placebo, meditación mindfulness o crema). Utilizaron una palanca para indicar la intensidad física y la incomodidad emocional del dolor.

Los investigadores encontraron que las personas en todos los grupos tenían una mayor reducción del dolor que el grupo control. La crema placebo reduce la sensación de dolor en un promedio de 11% y el disconfort emocional del dolor en un 13%. Para el grupo de respiración sin conciencia, aquellos números fueron 9% y 24% respectivamente. Pero la meditación mindfulness superó a todos. En ese grupo, la intensidad del dolor se redujo en un 27% y el disconfort emocional reduce en un 44%.

Las investigaciones anteriores han indicado que la morfina opioide reduce el dolor físico en un 22%, y la meditación mindfulness había superado incluso aquel valor. Pero más interesante todavia fueron los resultados de la resonancia magnética, que mostró cómo el dolor estaba registrando en sus cerebros. Las personas que practicaron meditación mindfulness parecían estar utilizando diferentes regiones del cerebro para reducir el dolor que los otros grupos. Los resultados mostraron que en aquellos que habían practicado mindfulness se veía una reducción en la actividad cerebral en la corteza somatosensorial primaria, un área del cerebro involucrada en crear la sensación de dónde y cuán intenso es el dolor.

 

“Había algo más activo, creemos, pasando con el grupo de meditación de mindfulness genuino”, dice Zeidan. “En este grupo había una mayor activación en las regiones cerebrales de orden superior asociados con el control de la atención y el control cognitivo aumentado, mientras que exhiben una desactivación del tálamo, una estructura que actúa como el portero que deja entrar el dolor en el cerebro” explica. “No hemos visto esto con ninguna otra técnica antes”.

La imagen ilustra la actividad de la corteza somatosensorial primaria. Este área está muy activada cuando hay dolor en periodo de descanso, pero está mucho menos activa cuando hay dolor y se está meditando. 

Zeidan y su equipo concluyen que los resultados generales demuestran que 20 minutos de meditación mindfulness podrían mejorar el tratamiento del dolor en un entorno clínico; aunque señalan que, dado que el estudio se hizo con personas sanas, no saben si esta meditación podría funcionar con personas que padecen verdadero dolor o dolor crónico.

“Se trata de un estudio preliminar importante”, dice Zeidan, “pero exactamente quién se beneficiará con el impacto de la meditación sobre el dolor es aún desconocido. Estamos ahora en la etapa, al menos en mi laboratorio, donde tenemos suficiente evidencia de que la meditación reduce el dolor y lo hace de una forma realmente única, diferente de cualquier otra técnica que hemos visto”, dice.

Fuente: Reporte de prensa de la Wake Forest Baptist Medical Center. Revista Time.

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